Nunca es tarde para ver con humor el conflicto de la Guerra Fría entre Estados Unidos y Rusia, una rivalidad sin cañonazos, pero que se convirtió en un mortal juego de espionajes en un nivel muy elevado de la geopolpitica.
Mayday es la nueva apuesta de Apple TV en streaming con una cinta de altísimo presupuesto, impresionantes efectos digitales y una combinación de comedia, acción y carga política que crea un paquete muy atractivo e irresistible.
El contexto en las modas usos y costumbres de los 80s hace todo nostálgico y risible.
Es 1987. Troy (Reynolds) es un arrogante teniente de la Marina de la Unión Americana, piloto experto que es asignado con otro agente igual de altivo, a emprender una misión secreta en territorio ruso. La orden es entrar y salir con un avión súper desarrollado que vuela a una altura indetectable.
Como se puede percibir a kilómetros de distancia, el operativo sale mal y Troy se queda solo, herido y desorientado tras líneas enemigas y en la nieve. Para su fortuna es rescatado por Nicolai (Branagh), un afable ermitaño del bosque que resulta ser un ex agente de la KGB, con insospechadas habilidades para el combate y manejo de armas.
Lo que al principio parece un inevitable choque de personalidades entre dos soldados de alta preparación, se convierte, luego en una historia de camaradas, porque simpatizan y tienen muy buen corazón.
Toda la película se la lleva, completa, el británico Branagh en un insólito papel de comediante, con un acento ruso exagerado, parecido a un delirio. Se le conoce más por sus modos shakespireanos, en una prolífica y brillante carrera con interpretaciones dramáticas, y aquí hace la asombrosa representación de un avejentado tipo presto a patear traseros y lanzar disparos de precisión en su huida.
Reynols se cicla una vez más en el papel del agente que puede involucrarse en situaciones de alto octanaje, pero sin dejar de recitar sus líneas divertidas. Se le da muy bien su faceta de galán mezclada con héroe de acción, por su innegable carisma, aunque aquí parece más un accesorio, superado por toda la trama y los papeles secundarios mucho más atractivos.
Las imágenes CGI generadas en el estudio aportan un altísimo valor añadido de producción, pero los directores con gran acierto optaron por concentrar la atención en la pareja dispareja, que tienen como punto en común la fascinación del ruso en la cinta Top Gun, de inevitable referencia de la época, y todo lo que es la cultura americana.
El comentario político es sobre la desconfianza que hay en las dos naciones polarizadas y su interés por aniquilarse mutuamente. Esos impulsos de destrucción, descubren, proceden de la formación cultural de cada uno, pues les han dicho, desde pequeños, que la otra patria es diabólica y que quiere devorarlos, por lo que es menester adelantarse y golpearla para provocarle debilitamiento.
Ya en su interacción, Troy y Nikolai abren su juego y descubren que pueden haber gente buena en el otro lado del mundo. Que, a nivel de ciudadanos, ni los soviéticos, ni los estadounidenses tienen realmente animosidad hacia otras personas, que todos pueden ser decentes y ayudarse mutuamente, como lo comprueba el piloto derribado, que es agraciado con la hospitalidad de granjeros y campesinos que le tienen la mano independientemente de su origen.
Mayday es la señal universal de auxilio en radicomunicaciones, y es la palabra que repite con desesperación el norteamericano cuando su avión va en picada. Para su sorpresa, su propio país le niega la ayuda, con tontos argumentos de política, por lo que el apoyo lo recibe en territorio extraño, donde se supone que los esperaban crueles torturas y la muerte.
Es interesante, divertida y aleccionadora.
@LucianoCampos G



