LA CAPTURA. Héroes hechos en México

Lo que aquí se cuenta fue difundido por los medios en forma de noticia: en los primeros días del 2016 dos agentes de la desaparecida Policía Federal siguieron un coche robado en Sinaloa.
Lo interceptaron y, para su sorpresa, encontraron que en él se transportaba Joaquín Guzmán Loera El Chapo, el criminal más buscado del planeta. A su lado estaba su temible jefe de seguridad, Jorge Ivan Gastélum, El Cholo.
Los uniformados los arrestaron y los pusieron a disposición de la justicia mexicana, que luego entregó a Guzmán a Estados Unidos. Los nombres reales de los agentes implicados se mantienen en el anonimato pues, por su propia seguridad, según ha trascendido, tuvieron que dejar el país.
Lo que no se sabía es lo que se relata en la película La Captura, de estreno en Netflix, que muestra los detalles de lo que pudo haber ocurrido durante las crispantes horas que siguieron a la acción de los agentes, hasta que estuvieron a salvo y entregaron a su presa.
La cinta es un soberbio relato de corte policiaco muy a la mexicana, sobre dos policías acorralados que no saben qué hacer con un hombre que es buscado por todo el mundo, principalmente por sus soldados del narco, que estarán dispuestos a todo para recuperarlo.
Aunque la temática es grande, la producción no lo es tanto, pues gracias a un gran guión, la acción se concentra en estos dos hombres y su valioso detenido.
Para hacer el largometraje, el director Chava Cartas se basa textos que escribió en medios el periodista Héctor de Mauleón, sobre uno de los eventos de seguridad pública más trascendentes en los últimos años, pues el narcotraficante, meses antes se había evadido de una cárcel de máxima seguridad, a través de un túnel. Las autoridades mexicanas habían quedado en ridículo.
En el contraste, en esta película, los policías federales son retratados como héroes incorruptibles. Y todo el evento es narrado desde su perspectiva. Carmona (Alfonso Herrera) y Rosales (Noé Hernández) son dos uniformados que comienzan a conocerse, tienen recelo mutuo, pero en el momento decisivo deben entregarse la confianza, pues solo se tienen uno al otro.
La historia se toma libertades creativas y ficcionaliza algunos pasajes y caracterizaciones. Como una convención del género, hace que Carmona tenga un evento irresuelto de su pasado, como una deuda personal, que debe saldar con un desempeño laboral inmaculado por el resto de su vida.
Afortunadamente, la anécdota no se detiene, pues cada minuto hace que crezca la desesperación de todos. Los hombres de la ley saben que es cuestión de instantes para que den con ellos y los acorralen, mientras el Chapo (Héctor Kotsifakis) también tiene muy claro que si es detenido, su trayectoria delictiva habrá terminado y pasará el resto de su vida en la sombra.
Estos agentes son hombres decididos. El capo y su matón negocian con sus dos cartas fueres: plata y plomo. Como diablos de la conciencia, les susurran que si los liberan recibirán millonadas en dólares. Su futuro quedará asegurado. En cambio, si se niegan, sufrirán los peores males. Serán torturados y eliminados junto con sus familias. Su futuro quedará destruído.
Astutamente, el guion hace que, en solitario, El Chapo enfrente al agente Carmona, quien representa la conciencia del pueblo de México, lastimado por las hamponadas del capo y su descomunal red de distribuidores y pistoleros, que envenenan a la población y matan a culpables e inocentes en el nombre del negocio. Cada uno defiende su posición, pues el delincuente no se siente más dañino para el país que las corporaciones corruptas. Mientras el agente mira con desprecio al bandido, que se muestra inmisericorde ante el daño y la destrucción que provoca en el pueblo con su industria de estupefacientes.
Los actores Alfonso Herrera y Noe Hernández hacen una gran caracterización de los policías malencarados, pero honestos y de muchos pantalones, que no se doblegan ante las amenazas que, como se vio al final, fueron solo amagos que no llegaron a completarse. Kotsifakis hace un buen Chapo, apocado ante la posibilidad de ser encarcelado
Como antecedente de esta película se recuerda aquella de El Patrullero (1991), de Alex Cox, enmarcada en aquello que llamaban el nuevo cine mexicano. Pero su aportación mayor era por la denuncia, al exhibir un sistema desvencijado por la deshonestidad, en la que estaba el federal de caminos ingenuo y desprevenido.
En una oferta cinematográfica nacional plagada de malas comedias románticas que se reproducen descontroladas, La Captura es una afortunada anomalía que, más allá del sesgo panfletero que pudiera tener, por enaltecer el sistema de seguridad federal, se convierte en una producción muy bien hecha, emocionante y escrita con inteligencia.
@LucianoCampos G

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