En una inusual entrevista a su llegada a México, el futbolista César “El Chino” Huerta no se guardó nada, y fiel a su estilo desparpajado, reveló que las condiciones en el equipo al que emigró eran completamente insostenibles, al grado de que las puertas se le cerraron, fue separado del club y se le dijo abiertamente que ya no contaban con él.
Huerta, que para muchos obtuvo la posibilidad de irse a Europa sin merecerlo tanto como otros de una supuesta mayor calidad futbolística, apenas estuvo dos torneos en el Anderlecht de Bélgica, de poca relevancia en el mapa futbolístico europeo.
Su primer torneo tuvo cierta consistencia, anotó seis goles y asistió en cuatro anotaciones más.
Lamentablemente, las lesiones lo llevaron a pasar más tiempo en recuperación que en las canchas, lo cual en un fútbol consumista, demandante e insensible como el que hoy se vive, especialmente en una mercado tan competitivo como el europeo, hicieron que los directivos del club simplemente descartaran al sonriente futbolista.
Huerta se fue después de haber tenido brillantes torneos en clubes como el Mazatlán, Morelia, Chivas y después Pumas, en donde logró una comunión estrecha con la afición, a grado tal que se le recuerda por aquella playera que mostraba después de anotar un gol en la cual decía rehecho en Pumas.
¿Tenía huerta la habilidad y la capacidad deportiva y atlética para jugar en Europa?
Quizás sí, quizás no, pero se le aplaude que a pesar de que el club al que emigró era un club pequeño, por no decir insignificante en lo deportivo, el chino aprovechó la oportunidad y se fue.
Hizo lo que pudo, hasta donde pudo y desafortunadamente, como él lo dijo, esperó buscando conseguir un espacio en otro club hasta donde el límite del cierre del mercado se lo permitiera, pero a cinco días surgió la oferta de repatriarse a Pumas y la aceptó.
Lamentablemente para Huerta la poca actividad que tuvo en el segundo semestre por lesiones es para algunos clubes una bandera roja que lo limitó de mostrarse en el campo y así poder buscar mayor exposición europea.
Con todo y eso, Huerta fue parte del equipo mundialista. Tuvo algunos minutos y también desafortunadamente es parte de una selección espectacular, emotiva pero poco eficaz que simplemente hizo el peor papel de México en la historia de los tres mundiales jugados en casa.
Como siempre, hay voces que critican la repatriación de jugadores acusándolos de cobardes, conformistas o mediocres. Es muy difícil saber la realidad cuando no se está en los zapatos de quien la vive.
Decir que en estos tiempos tan globalizados, la ausencia de tortillas o la falta de picante en la comida puede ser como lo fue hace muchos años, el famoso síndrome del Jamaicón, motivo para que un jugador mexicano decida regresar al futbol azteca ya no es válido.
Hoy el fútbol en ligas de menor calidad, como a la que Huerta emigró, es también demandante por la urgencia de alcanzar un lugar en competiciones internacionales como la Europa League o la Champions, entendiendo que la participación en esos torneos será prácticamente simbólica, es tanto como decir que equipos como Santos o el San Luis busquen consagrarse en un torneo de Concacaf o de los que se disputan con la MLS.
César Huerta está de regreso, a la distancia se le ve como un hombre centrado, un hombre comprometido y sobre todo un hombre sincero.
En su regreso no se guardó nada y dijo lo que pasó.
Ha habido otros casos en los que el sospechosismo, los secretos y la tenebra rodean los regresos o las salidas de jugadores. (ahí te hablan Tigres) que no le abonan a la seriedad del espectáculo.
Habrá que ver si Huerta está completamente recuperado y puede volver a destacar en la Liga y por qué no, ganarse un lugar en equipos y ganarse un regreso al viejo continente reconociendo que, sin ser un prodigio, sin ser espectacular o sin ser un superdotado del fútbol, puede encontrar cabida en un equipo o en un club en el que su historia de vida sea mejor.



