Dos tipos rudos y una experta financiera de moralidad ambigua deben salir vivos de una isla infestada de pistoleros, al servicio de un mafioso que no permitirá que le sustraigan una parte de su sucio botín.
Lo que parece una misión suicida se vuelve una aventura emocionante en la que nada les puede salir mal. Vamos, es la mano de Guy Rtichie, que escribe y dirige En la zona gris, una cinta llena de disparos y explosiones donde los buenos y los malos son consumados comediantes que intercambian ráfagas de comentarios irónicos en medio del peligro.
El gran problema del realizador es que excede sus alcances estilísticos y desborda su entusiasmo de excelente guionista, hasta convertir esta historia en una larga charada, donde la acción y los escasos giros dramáticos se subordinan a sus afilados comentarios.
Rachel (González) es una abogada de grandes corporativos que se encarga de ajustarle las cuentas a quienes los defraudan. Su clientela es súper exclusiva: interviene cuando las cantidades comprometidas son de más de ocho ceros. Pero para recuperar los activos se auxilia de un par de soldados de élite, Sid (Cavill) y Bronco (Gyllenhaal), expertos en sabotaje, corrupción, extracciones y asesinato con métodos refinados y tecnología altamente sofisticada. Su perfil es bajo, prácticamente inexistente. Son como sombras imperceptibles, de las que no queda rastro de su paso.
Este equipo genial, que se auxilia de otros personajes menores, aunque igual de letales, debe atacar a Salazar (Carlos Bardem), un criminal despiadado que se ha apropiado indebidamente de una cantidad estratosférica de billetes verdes que no quiere regresar. Entonces hay que forzarlo a que vomite el botín.
Cavill y Gyllenhaal, previos colaboradores del realizador inglés, anticipan una historia excitante, anunciada en escenarios exóticos y son una misión imposible como objetivo. Además, el casting es soberbio.
Pero el resultado es irregular.
Toda la película transcurre en la planeación del ataque a la isla, pero el director se engolosina con las explicaciones y consigue hacer un laberinto logístico innecesariamente complicado para mostrar la manera que se realizará la acción. De igual manera se cicla en explicaciones sobre el fraude en el que incurrió el pillo y las consecuencias que tendrá en los afectados. Excedido en la jerga financiera, habla como si expusiera entre corredores de bolsa los pasos que seguirá el dinero para volver a la cuenta de su legítimo dueño.
En esta profusión de datos, lo mejor es solo dejarse llevar por el relato para alcanzar un desenlace cargado de emociones, a lo largo de un tercer acto con una lluvia de balas y numerosas explosiones, para saturar la anécdota de ruido auditivo.
Ritchie ha demostrado que sabe hacer entretenimiento de calidad, aunque se extrañan los formatos deslumbrantes de Juegos trampas y dos pistolas humeantes y Cerdos y Diamentes, que lo establecieron como uno de los cineastas de mayor proyección a finales del milenio pasado. Pero algo se ha quedado en el camino, pues sus historias parecen ser siempre la misma, con los mismos personajes.
Tal vez necesite tomarse un baño de ideas nuevas para que refresque sus temáticas y su estilo, evidentemente oxidado.
En la zona gris es una buena pero rutinaria película de entretenimiento de un director del que se espera siempre más.
@LucianoCampos G







