La experiencia acumulada tras 11 años de sobrellevar una incómoda relación con el gobierno y la indiferencia de una buena parte de la sociedad hace que Ceci Flores tenga más dudas que esperanza con la estridente recomendación del Comité de las Naciones Unidas Contra la Desaparición Forzada para que la ONU examine la brutal realidad en México.
“La ONU se lleva haciendo comunicados, pero cuando le tocamos la puerta, tampoco la abrió. Son igual de inhumanos, igual de insensibles, igual de apáticos. Yo no sé en que consiste el apoyo de la ONU. En mi caso nos recibieron un documento, pero nunca nos dieron seguimiento. A mí lo que me ayudó a recuperar a mi hijo fue mi persistencia y la búsqueda, que nunca la solté.”, dijo la fundadora de la Asociación Civil Madres Buscadoras de Sonora.
A ras de tierra, poco interesan la confrontación entre el gobierno mexicano y la Comisión de las Naciones Unidas sobre el contenido y el tono de la recomendación internacional, así como los debates en medios sobre la veracidad en las cifras de personas desaparecidas en el país. Las madres buscadoras prefieren enfocarse en seguir excavando y seguir sobreviviendo.
“¿En qué nos ayuda la ONU? ¿En darle visibilidad al problema y estarse peleando con la presidenta? que nunca le van a ganar, ella va a hacer lo que ella quiera; ha hecho lo que ha querido, sigue haciendo lo que quiere y por más que bailemos, saltemos y nos manifestemos, les tumbemos las puertas de palacio nacional, ella va a seguir haciendo lo que ella quiera, porque ella es la que manda, lamentablemente”, insiste la activista.
A Ceci Flores, madre soltera de seis hijos, la violencia la castigó al doble: el 30 de octubre del 2015, su hijo Alejandro Guadalupe, de 21 años, desapareció mientras viajaba a Los Mochis, Sinaloa. Tres años después, el 4 de mayo del 2019, sus hijos Marco Antonio, de 32 años y Jesús Adrián, de 15, fueron privados de la libertad en Bahía de Kino, Sonora. Después de un intercambio de mensajes con los captores, solo el menor fue liberado. En ese mes, Flores fundó el colectivo Madres Buscadoras de Sonora, y en el 2022 consolidó el grupo de Madres Buscadoras de Jalisco.
Desde entonces, Flores ha enfrentado la ineficiencia de las autoridades, la indiferencia de la sociedad y hasta las violentas represalias por su labor.
Desde que empezó mi lucha en el 2015, explica, hemos batallado que los gobiernos quieran minimizar en realidad la verdad de lo que estamos viviendo; no pueden tratar de minimizar lo que se está visibilizando constantemente, porque ahora no solamente están desapareciendo a las personas que porque vendían droga, que porque son drogadictos, que porque roban, son sicarios, sino que a las madres que no tenemos culpa de nada, que no les hacemos daño a nadie, que lo que estamos haciendo es buscar a nuestros hijos porque los amamos, porque los necesitamos, porque aunque sean los peores delincuentes para autoridades y la sociedad, son nuestros hijos, una parte de nuestra vida.
La tragedia de las desapariciones forzadas en México ha evolucionado en complejidad. Además del número escandaloso, y todavía desconocido, de personas ausentes, se suma la estigmatización de las víctimas, los asesinatos de familiares, así como los choques diplomáticos entre los gobiernos y organizaciones internacionales y de la sociedad civil.
“En cuanto vas a poner denuncia, lo primero que hace la Fiscalía es decirte a qué se dedicaba tu hijo. Por eso se lo llevaron, ni siquiera, no te dan chance de opinar, ni siquiera todavía les contestas cuando por eso se lo llevaron. Señora, no lo busque, no se meten en problemas, tiene más hijos, le pueden quitar la vida a usted, le puede pasar algo. O sea, es como si te estuvieran amedrentando para que ya no busques. Y si tú no buscas, mejor para ello, porque no les das trabajo, pues.”
Además, enfatiza la madre buscadora, la falta de denuncias y reportes de desaparición contribuyen a la impunidad y aumentan la victimización de las familias que sufren las ausencias.
“Si no denuncias, no hay una estadística y no puedes forzar a las autoridades a hacer su trabajo. Yo duré siete años y estuve constantemente con la fiscalía. Hicimos la investigación, la localización de cada uno de los perpetuadores en la desaparición de Marco Antonio igual de Alejandro. Hemos hecho una investigación completa y se las hemos entregado a las autoridades. Entonces, en esta ocasión con la fiscalía de Sonora, pues ellos ya hicieron su trabajo.”, mencionó.
Esa combinación de valentía de los familiares para seguir adelante más la presión a las autoridades le permitió a Flores, el 24 de marzo de este año, recuperar fragmentos óseos de quien los exámenes de ADN confirmaron corresponden a su hijo Marco Antonio.
Nosotros, reitera, les dimos una carpeta de investigación y aquí está una herramienta fundamental para que me entregues a mi hijo en menos de un mes. Y en menos de un mes yo tuve a mi hijo. Pero porque los estuve forzando, cerré carreteras, me manifesté en la fiscalía, hablé con el gobernador Alfonso Durazo, me manifesté en México, en la Comisión de Derechos Humanos, me paré en Palacio Nacional, muchísimas cosas para forzar a las autoridades a hacer su trabajo.
Designada en el 2022 como una de las 100 mujeres más influyentes del mundo por la televisora británica BBC, Flores aprendió no solo a levantar la voz ante la inacción del gobierno; también ha aprendido a escuchar los murmullos que llegan desde las organizaciones criminales.
“Cuando nosotros hemos hecho comunicados pidiéndole paz a los cárteles, pidiéndoles que no nos maten, que no nos desaparezcan, que nos dejen seguir buscando a nuestros desaparecidos, hemos tenido anónimos, donde nos dicen dónde podemos ir y hemos encontrado personas. También tenemos buzones de paz en diferentes partes del país, en las iglesias, en las catedrales. Pusimos unos buzones de paz donde ahí nos hacen llegar los anónimos a dónde podemos dirigirnos y dónde podemos encontrar personas.”
Y así como la información sobre fosas clandestinas les ha llegado de algunos criminales, el colectivo de madres buscadoras encontró apoyo con seguridad, acceso a las fiscalías y recursos materiales para seguir las búsquedas, en dos controversiales políticos morenistas: Alfonso Durazo, Gobernador de Sonora, y Rubén Rocha Moya, de Sinaloa.
Yo, comenta, tengo por lo menos las herramientas para seguir buscando a mis hijos y sin necesidad de estarme arriesgando a pelearme con la presidenta y Dios guarde pues a alguien le moleste y me quieran eliminar de la faz de la tierra.
Desde su posición como figura pública en situación de riesgo, Flores cuenta con escoltas las 24 horas, un beneficio que al que no todas las madres buscadoras acceden, y que no necesariamente garantiza el bienestar de las activistas. Madres y padres han muerto por la tristeza de no encontrar a sus hijos ausentes, generando una nueva tragedia que atender como colectivo: el apoyo a los huérfanos.
“Hoy divido mi vida en a buscar a los desaparecidos, en ayudar a los indigentes para que vuelvan con su familia, retomen su vida familiar, lleguen a su núcleo nuevamente y vuelvan a empezar una nueva vida. Y así también apoyar a los niños en orfandad, para que los niños sean unos jóvenes del futuro, que tengan un oficio, que no sean los delincuentes del futuro, que no dejen la escuela por tener que trabajar.”
Al momento de la entrevista, Ceci Flores se encontraba preparando su mudanza de Sonora. Recuperado ya por lo menos una parte del cuerpo de uno de sus dos hijos desaparecidos, la activista revela que deja la que fue su casa para continuar con la segunda parte de su odisea y encontrar a Alejandro.
“Ya lo encontré (a Marco Antonio), ya lo tengo, mi hijo ya tiene paz, ya está en un lugar digno, yo ya tengo la paz de saber que mi hijo está en un lugar digno, ya no tengo la angustia de no saber dónde está, si está vivo, si está muerto, si vive, anda vagando, sufre frío, calor, hambre, ya no. Yo ya sé, con mucho dolor, porque de verdad que ha sido muy terrible estos días de negación porque, porque yo creo que no era justo, ni para mi hijo que era un delincuente quizá, pero un humano con mucho corazón y mucha sensibilidad.”, dice con voz entrecortada.
Ya con el descanso que le dio el encontrar a su hijo y sepultarlo, además de que sus captores ya se encuentran identificados por las autoridades, Ceci Flores reflexiona sobre el castigo que ella espera para los asesinos de Marco Antonio.
“De mi parte el mayor castigo para ellos es mi perdón. Yo los perdono, que sea Dios el que los juzgue, yo no soy nadie para juzgar. Mi hijo no va a revivir con mi venganza. Si yo dijera me voy a vengar, los voy a matar, los voy a desaparecer, los voy a meter en la cárcel, mi hijo no va a revivir con eso. Así que yo de corazón, yo se lo dije a la Fiscalía y se lo he dicho muchas madres, yo de corazón los perdono y yo que sea Dios el que los juzgue. Pero de mi parte lo único que yo buscaba era mi hijo vivo o muerto.”











