A poco más de un año de la elección de gobernador de Nuevo León, a diferencia de otros aspirantes o partidos políticos, sólo se ve plenamente perfilado a uno de quienes buscan contender en los comicios de 2027 para ocupar la silla del Palacio de Gobierno: Adrián de la Garza Santos, alcalde de Monterrey.
En paralelo, con discursos distintos y dispersos, los partidos Acción Nacional (PRI) y Revolucionario Institucional (PRI), a través de sus dirigentes nacionales, Jorge Romero Herrera y Alejandro Moreno Cárdenas, respectivamente, dan su respaldo a De la Garza Santos, quien tácitamente se apunta, para ir nuevamente en pos de la gubernatura de Nuevo León, como en 2021.
Por un lado, Romero Herrera, en sus pronunciamientos apuesta por un albiazul abierto a las candidaturas ciudadanas, omitiendo vincularlo a alianzas electorales para 2027.
En la otra esquina, “Alito”, como se le conoce al presidente nacional del PRI, sin titubeos afirma que las coaliciones son una estrategia indiscutible a repetir en las elecciones del próximo año, particularmente en Nuevo León, donde les ha ido bien con el PAN, llevando al propio De la Garza Santos a la alcaldía de Monterrey en 2024.
En tanto, el otrora priísta, y hoy “ciudadano sin partido”, se deja querer por tricolores y albiazules, teniendo ante sí un sólo camino y objetivo, contender por la gubernatura el próximo año.
El actual alcalde de Monterrey no solo se perfila como el aspirante natural, sino como el eje convergente entre el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido Revolucionario Institucional (PRI).
Mientras las dirigencias nacionales de ambos institutos políticos lanzan mensajes que, en la superficie, parecen caminar por senderos opuestos, en el fondo rotan en torno a una misma figura.
De la Garza Santos se encuentra hoy en una posición privilegiada, siendo el “alcalde de casa” para panistas y el “defensor de México” para priístas, como lo proclamó la dirigencia nacional, navegando las aguas de una posible candidatura que podría ser, simultáneamente, ciudadana y de coalición.
Así, PRI y PAN, aunque con posturas distintas sobre el futuro de las alianzas, coinciden en algo fundamental: reconocer el peso político, la capacidad electoral y el posicionamiento del edil regiomontano.
DILEMA DEL PAN: IDENTIDAD SOBRE ALIANZA
La postura más discordante en este tablero ha sido la de Jorge Romero Herrera, dirigente nacional del PAN, quien en sus recientes recorridos por tierras regiomontanas, “pintó raya” respecto a las coaliciones electorales tradicionales.
Bajo la premisa de “apostarle todo al PAN”, el líder albiazul ha señalado que el partido ha llegado a la conclusión de que no pueden prever su futuro basándose en siglas ajenas.
En aras de “oxigenar” la marca partidista, este repliegue hacia la identidad propia no es, sin embargo, un cierre de puertas a la competitividad.
En voz de Romero Herrera, el PAN propone una “apertura total” de sus candidaturas a la ciudadanía, eliminando las cuotas y permitiendo que cualquier liderazgo con respaldo social pueda encabezar sus siglas.
En este cruce de caminos hacia un mismo rumbo, Adrián de la Garza, a pesar de su origen priísta, reconoce que fueron los votos panistas en Monterrey los que consolidaron su triunfo en la alcaldía.
Romero Herrera subrayó que para el PAN, Adrián es un “alcalde de casa”, al acompañarlo por colonias regiomontanas, validando incluso la gestión de De la Garza como un gobierno de resultados que el panismo asume como propio.
La estrategia del PAN parece obvia, porque si bien rechazan las siglas del PRI en una alianza formal en este momento, no rechazan al hombre que quiere mudarse del Palacio de Cristal al de Cantera.
La puerta queda abierta para que, bajo un esquema de candidatura ciudadana arropada por el azul, De la Garza Santos pueda ser el contendiente que una a la oposición sin necesidad de una coalición formal que desdibuje la identidad panista.
COALICIÓN, APUESTA DE UN PRI PRAGMÁTICO
En la acera de enfrente, Alejandro “Alito” Moreno Cárdenas, presidente nacional del PRI, mantiene una narrativa de continuidad y pragmatismo, al señalar que las coaliciones “llegaron para quedarse”.
Para el tricolor, las coaliciones no son una opción, sino una estrategia indiscutible y exitosa que debe repetirse en 2027; Moreno destaca que la experiencia en Nuevo León ha demostrado que la suma de fuerzas es lo que da certeza y certidumbre al electorado, como en 2024.
El arribo de Adrián de la Garza a la alcaldía de Monterrey fue resultado de una suma de fuerzas políticas, y su gestión es evidencia de que la colaboración entre partidos puede traducirse en resultados concretos para la ciudadanía, sostiene.
Bajo la reciente designación de los “Defensores de México”, el PRI ha colocado a Adrián de la Garza como su pieza maestra en el estado, para recuperar la gubernatura que no ganan desde 2009.
Desde la óptica del líder priísta, De la Garza Santos es el ejemplo del “alcalde de coalición” que sabe gobernar para todos, trascendiendo los colores partidistas una vez en el poder.
La postura del PRI es de apertura total para sumar a panistas y ciudadanos en un proyecto común encabezado por el regiomontano.
José Luis Garza Ochoa, líder del PRI en Nuevo León, refuerza esta visión al señalar que el estado requiere un gobernador con la capacidad y experiencia que De la Garza ha demostrado en Monterrey.
Para el priísmo, la ruta hacia 2027 es una línea recta que pasa por la unidad de la oposición, viendo en la figura del munícipe regiomontano la única garantía de arrebatar el poder estatal y ofrecer un contrapeso real al oficialismo de Movimiento Ciudadano.
GOBIERNO MUNICIPAL EFICIENTE, BANDERA DE ADRIÁN
Mientras las cúpulas nacionales debaten el “cómo”, Adrián de la Garza se concentra en el “qué”, con un discurso alineado a la eficiencia administrativa y a la resolución de las demandas ciudadanas más apremiantes: seguridad, servicios públicos y calidad de vida.
El propio alcalde ha reforzado esta premisa, destacando que su gobierno es resultado de la cohesión entre distintas fuerzas políticas y del compromiso de cumplir con las promesas hechas a la ciudadanía.
Al definirse como un “ciudadano sin partido” o, en palabras de sus aliados, un gobernante cuya “militancia es México”, De la Garza logra una flexibilidad política que pocos actores poseen.
De la Garza Santos ha sabido capitalizar el respaldo de ambas fuerzas; por un lado, acepta el “espaldarazo” del PAN, consciente de que la estructura albiazul es vital en zonas urbanas clave del estado.
Por otro, mantiene la cohesión con el PRI, partido que le brinda la base territorial y la experiencia operativa necesaria para una contienda de gran escala.
Su estrategia parece ser la de la “omnipresencia política”, al dejarse querer por ambos partidos, De la Garza evita el desgaste de las disputas internas y se posiciona como un factor de unidad por encima de las burocracias.
El camino del político regiomontano hacia 2027 parece ser uno solo, pero el vehículo que lo transportará, ya sea una coalición formal, una candidatura ciudadana de unidad o una alianza de facto, dependerá de la capacidad de los dirigentes nacionales para ceder en las formas a favor del fondo.
Hoy en día, el edil de Monterrey apuesta a una gestión orientada a resultados y unidad de fuerzas electorales, para posicionarse como un eje convergente entre militancia y sociedad civil.
CONSOLIDAR UNA RUTA CONVERGENTE, EL RETO
Hoy en día, Adrián de la Garza ha logrado algo inusual en la política mexicana contemporánea: ser el punto de unión de dos partidos que, a nivel nacional, atraviesan crisis de identidad profundas.
Por una parte, el PAN busca reencontrarse con sus orígenes ciudadanos, mientras el PRI intenta demostrar su vigencia a través de la eficacia, ambos han encontrado en el alcalde regiomontano un salvoconducto hacia la competitividad.
La búsqueda de la gubernatura en unión de dichas siglas partidistas representa el único camino de De la Garza hacia la gubernatura, bajo el entendido de que en Nuevo León, la división es la ruta más corta hacia la derrota.
Sea a través de una coalición formal o de una plataforma ciudadana transversal, el destino de la oposición en el estado para 2027 parece estar indisolublemente ligado a la figura de un hombre que ha aprendido a hablar los lenguajes de dos partidos para construir un solo proyecto de poder.












