Apasionado del futbol y especialmente de los Tigres, el equipo de sus amores; Andrés Mijes se sentó con Hora Cero para conversar de sus recuerdos mundialistas, su gusto por el balompié y lo que está haciendo su municipio para prepararse para una de las fiestas deportivas más grandes del mundo.
El edil consideró que esta Copa del Mundo tiene que dejar en Nuevo León un legado más profundo que un Fan Fest, pues representa una oportunidad para que la región brille a nivel internacional.
A la vez, reveló quién es el futbolista que no ha tenido la oportunidad de conocer y desea hacerlo para platicar con él.
— Me da mucho gusto estar aquí en la Presidencia Municipal de Escobedo con un buen amigo, el alcalde Andrés Mijes. Creo que eres el más fanático del futbol de todos los alcaldes en la zona metropolitana, si no me equivoco.
Pues está mal que yo lo diga, pero tal vez sí lo vivo con más pasión que muchos.
Lo vivo con más pasión. Desde muy pequeño jugaba futbol primero en la calle. Yo recuerdo mis jugadas de pared con la banqueta.
Jugaba con una pelota de plástico y armábamos la reta con los amigos de la cuadra, pero también recuerdo que mi mamá a las 7 de la noche me decía: “A dormir”, con tres chanclazos y a dormir. No me dejaban estar hasta muy noche en la calle.
Siempre he estado marcado por el futbol. De hecho, yo de adolescente quise ser futbolista y llegué a jugar en las fuerzas básicas del Tampico Madero. Allá había un entrenador de apellido Casaubón que me permitió ir a jugar a las fuerzas básicas y bueno, pues no se dio; no había el talento para ser futbolista. Hay que reconocer cuando a uno no se le da una cosa. Hay que replegarse y decir: “Bueno, no es lo mío”, y aquí estoy, de alcalde.
— Eres de los pocos alcaldes —bueno, con excepción de Guadalupe y Monterrey— que has entrado al tema del Mundial. En este festival que tú has denominado “Goles de Cabeza”, que ha tenido bastante éxito, has traído personajes no solamente del mundo deportivo, también del periodismo, de la cultura, etcétera.
Sí, el festival “Goles de Cabeza” nace, primero que nada, porque formo parte del comité organizador del Mundial por ser presidente de la Mesa de Coordinación Metropolitana, y quiero recordarle a todos los que nos ven en la entrevista que el Mundial no empieza cuando empieza a rodar el balón; el Mundial empieza mucho tiempo antes, con la construcción de infraestructura, con la organización logística, con la organización de seguridad; en fin, con una serie de situaciones que están alrededor.
Y obviamente con la preparación de la misma sociedad: de los empresarios, de los restauranteros, de los hoteleros, el famoso Fan Fest. Hay muchas cosas que se preparan con anterioridad.
Nosotros ideamos este festival “Goles de Cabeza” porque consideramos que alrededor del futbol hay muchas cosas que los que somos aficionados a veces no percibimos; no nos percatamos de cómo es la vida de los jugadores, cómo es el futbol atrás de la cancha, cómo se comportan los directivos, qué hay en lo legal, cuál es la historia del futbol. Hay tantas cosas que hay que conocer y eso nos dio la idea de hacer este festival “Goles de Cabeza” para calentar el ambiente del Mundial y que Escobedo tenga una participación.
— Incluso ayer le diste reconocimiento a los fotoperiodistas también. Hubo una inauguración. Estuve anoche en el teatro, donde fotógrafos que han estado en mundiales de futbol exponen sus fotografías.
Ahí está. Ustedes vieron en el teatro esa exposición fotográfica. Es maravillosa. Yo creo que hay que hacer un reconocimiento a tanta gente que está detrás del futbol. Por ejemplo, a los comentaristas. Estuvo también Roberto Gómez Junco; estuvo Juan Villoro, que ha escrito libros.
Presentamos una obra de teatro de Juan Villoro que se llama “No fue penal”, que narra la vida de dos amigos: uno entrenador y otro que es parte del VAR, pero que se reclaman amores, se reclaman quereres, se reclaman que si uno tuvo oportunidad y otro no, y que si uno metía goles y el otro no. Es bonito, porque al final de cuentas aprendes de esas vivencias, ¿no?
— Aparte, el futbol da para mucho, ¿no? Tiene muchas aristas.
Creo que la enseñanza que deja “Goles de Cabeza”es que al final de cuentas todos somos seres humanos.
Me gustó mucho, por ejemplo, un conversatorio de porteros, con Félix Fernández y Andoni Zubizarreta, donde Zubizarreta narra que perdieron la Concachampions con el Inter de Milán 4-0 y que él pensaba que era uno de los días más malos de su vida. Estaba muy triste en el vestidor, lloraron los jugadores, pero al final salieron con la convicción de que habría revancha en otros partidos y que había que seguir jugando.
Y dice Andoni que sale y en el camión rumbo al aeropuerto el presidente del club le dice: “Estás fuera del equipo”. Entonces, una de sus peores noches se volvió la peor noche de su vida, ¿verdad? Sin embargo, vemos a un Andoni Zubizarreta que se sobrepuso con esa gran capacidad de resiliencia que tenemos todos los seres humanos. Siguió jugando futbol.
Dios le dio la oportunidad de tener una hija en otra ciudad, y dice que eso lo llenó de alegría, de motivación, de energía para ser hoy quien es: un directivo de futbol, una persona que se sigue dedicando y que sigue viviendo el futbol.
— Andrés, vamos a entrar al túnel del tiempo en esta sección que se llama “Cuéntame tu Mundial”. Naciste en el 63, en tiempos mundialistas, México 70 estaba muy cerca.
Pues estaba muy chavito, pero vagamente recuerdo —o seguramente luego lo vi repetido— “el partido del siglo”, claro, ¿verdad? Italia-Alemania, si no me equivoco, un partidazo. Ver a Beckenbauer, ese pundonor, esa energía que proyectaban en ese tiempo los jugadores de futbol. Hay que recordar que en ese tiempo no había tanto negocio ni tan buenos sueldos para los jugadores; jugaban más por amor a la camiseta.
Obviamente, ¿quién no recuerda a Pelé, a Rivelino? Eran los que nos motivaban. Ese Mundial del 70 fue el que me motivaba a querer ser futbolista. Lo veíamos en blanco y negro, seguramente en muchas casas, con una televisión de 12 pulgadas.
— Después del México 70 viene el 74 en Alemania. México no califica, somos eliminados.
Pues fíjate que fue una mala decepción. Si no está la selección, es menos la motivación de ver al equipo, pero a los que nos gusta el futbol, ya te puedes imaginar, ¿no?
Yo llego a la casa —a la de ustedes— ahorita, y mi manera de relajarme es ver los juegos de Tigres y Rayados, ver los clásicos de Tigres y Rayados, buscar un buen juego de futbol y verlo. Los que somos futboleros siempre vamos a estar buscando cómo ver futbol.
— Andrés, y en el 74, ¿recuerdas a la Naranja Mecánica?
Johan Cruyff —aquí hay una camiseta de él, hay una camiseta de la Naranja Mecánica—. Ese equipo lo veías jugar y haz de cuenta que estaban jugando robots: los pases precisos, milimétricos, a ras de pasto, una cosa impresionante y cada quien en su posición, sin abandonarla, jugando por zonas. Una cosa impresionante.
La verdad, ese equipo no sé por qué no fue campeón en esa ocasión, pero era para que quedaran campeones.
— Andrés, luego viene el 78, Argentina. Ahí sí nos vendieron las televisoras que México iba a hacer un gran papel, ¿te acuerdas? “Vamos a ganarle a Túnez, vamos a empatar con Polonia y vamos a perder con Alemania… la esperanza verde, que al final terminamos como los ratones verdes.
Los ratoncitos verdes nos decían, efectivamente. Pero en ese tiempo, ¿cómo olvidar esa Argentina de Kempes?
Tú lo veías jugar en la tele y era como ver un toro: corpulento, fuerte. Cuando metía los goles entraba bayoneta calada sobre la defensa, la verdad es que impresionante.
— Luego viene el 82, España. España 82, tampoco califica México, estamos eliminados.
No recuerdo si fue en Haití donde nos tumbaron.
— Pero en México disfrutamos el Mundial del 82, aquella gran final Italia–Alemania. La escuadra azzurra, un país muy futbolero, pero sin México en España 82.
Definitivamente muy triste para el futbol mexicano,
— ¿Cómo viviste el 86? ¿Dónde estabas?
Lo disfruté mucho. Un Mundial también muy bonito en el que, sin duda alguna, la enseñanza que yo vi —porque lo bonito es que luego conocí a una persona que me dijo: “Yo vine al Mundial y me quedé a vivir aquí; me enamoré de México, de su cultura, de su gente, de su forma de ser”—, y obviamente de la mujer de la que se enamoró, ¿verdad?
La enseñanza es esa: que el Mundial une, el Mundial es un escaparate hacia el mundo, y creo que ese gran escaparate que es el Mundial debe servir para proyectar lo mejor de Nuevo León.
— Salgámonos del túnel del tiempo y entremos a la actualidad. Como alcalde de Escobedo, ¿cómo has apoyado al deporte en estos 4 años y medio?
Ustedes pueden revisar mis redes sociales. Cuando algún deportista viene aquí al municipio a pedir un apoyo para ir a alguna competencia, sea local, nacional o internacional, siempre hay un apoyo para los deportistas.
Siempre hay un cheque, un aliciente. A veces vienen equipos completos de futbol, de beisbol, como pueden venir boxeadores, personas que practican el atletismo; en fin, siempre apoyamos a todos, porque para nosotros es muy importante el deporte. Promover el deporte es una de las formas en las que atacamos las causas de la inseguridad.
Cuando un niño se dedica a hacer deporte, ese niño no está pensando en hacer maldades, no está pensando en juntarse con gente mala; canaliza sus energías de manera positiva y eso es muy gratificante para un gobernante.
— Volvamos a la historia reciente. Italia 90, ¿dónde estabas cuando el Mundial de Italia 90? Italia 90 no fue México tampoco.
Aquí en Monterrey.
— No fue México por los “cachirules”.
Qué tristeza, ¿verdad? Pensaban que México era intocable porque los directivos eran muy amigos de Joao Havelange.
Qué tristeza hacer trampa cambiando las actas de los jugadores y lo peor es hacer trampa sin saber hacer trampa, como dice un amigo, porque los cacharon. Sacaron un álbum con la edad de los jugadores, que tenían 23, 22 años y habían ido a un Mundial Sub-17, una cosa de esas. “Espérate, güey”. Pues cómo… los cacharon y los sancionaron. Horrible.
Pero ni modo, muy triste. Como quiera, disfrutamos los juegos. Al final de cuentas, lo bonito del futbol es que es universal: juegue quien juegue o contra quien juegue, el que es aficionado al futbol ahí está viendo el juego.
— Y en el 94, Estados Unidos. Vuelve México otra vez. Hugo Sánchez, su último Mundial. Para ti, ¿quién es el mejor jugador mexicano?
Sin duda, Hugo Sánchez. Fíjate que yo vi un libro que escribió un regiomontano, si no me equivoco de apellido Villarreal, “El Mejor Gol del Mundo”, decía él. Narra la historia del gol que metió Hugo Sánchez de chilena contra el Logroñés, y que mete esa chilena impresionante, un brinco espectacular.
Te da mucho orgullo leer en ese libro cuando narra que a Hugo Sánchez le gritaban “indio”; no lo querían al principio en el Real Madrid, y que a raíz de ese gol los aficionados sacan pañuelos blancos, como en los toros, pidiendo el indulto.
Te da una gran emoción que un mexicano logre cambiar esa visión que tenían del “indio” al gran jugador que después fue. A partir de ese momento, el Penta Pichichi, una cosa impresionante: Botín de Oro.
Y después conocer esa historia de que —porque en el libro narra— las chilenas no le salían de chiripa. Él se quedaba hasta tres horas practicando. Ahí nos damos cuenta que, cuando quieres triunfar en la vida, hay que poner un esfuerzo de más. Siempre.
— ¿A quién te gustaría tener la oportunidad de saludar, hablar con él, platicar así como estamos hoy?
Pues sin duda alguna, por ejemplo, conozco a Gignac de vista o en corto, pero me gustaría sentarme a tomarme una cerveza con Gignac, y te voy a decir por qué Gignac. Porque soy tigre desde que llegué a estudiar aquí
a Nuevo León y viví toda esa sequía de triunfos de Tigres, 29 años sufriendo sin ganar un campeonato, y llega Gignac y le da la vuelta.
Yo quisiera algún día estar sentado con Gignac, tomarme una cheve, platicar con él y cotorrear. Su vida futbolística en Nuevo León ya la conozco, tengo todos los videos, veo todos los partidos.
— ¿Qué esperas para este Mundial de la Selección Mexicana? Tú, como aficionado apasionado del futbol.
Pues la gran oportunidad de pasar al quinto partido. Yo creo que si pasan al quinto partido nos harían muy felices.
Espero que estos chavos se pongan las pilas y puedan darnos esa satisfacción. Es difícil. Espero que se puedan sobreponer a todos estos atavismos que tenemos como mexicanos.
Hay que estudiar a los rivales, ver cuál es su punto débil y ganar la batalla incluso desde antes, porque ya sabes cómo pararte ante el adversario.
— Hace días platicamos en tu oficina y me decías algo que a mí me hizo reflexionar: que este Mundial no solo se limita a jugar cuatro partidos aquí en Monterrey o una fiesta en el Fan Fest, sino que se debe dejar un legado.
Obviamente, el legado más visible es el legado de infraestructura, el legado en que podemos encontrar nuevas logísticas para la gestión de la ciudad, del área metropolitana, del estado. El Mundial nos va a dejar, sin duda, estrategias de seguridad que van a ser exitosas: tenemos que tener un Mundial muy seguro.
Todo eso es un legado que deja en el sentido mecánico, yo diría, de administración pública y de infraestructura.
Pero el legado que nos debe dejar permanente es para los jóvenes: que los jóvenes lo vean como un escaparate de creatividad, como un escaparate de experiencia; que analicen a las personas, a los visitantes, a la gente que viene con todo lo extrafutbol.
Inclusive tenemos la oportunidad de explorar, porque eso es lo bonito también del Mundial, que en la televisión no solamente presentan al equipo: por ejemplo, aquí va a estar Japón y Corea; nos van a presentar en la televisión cómo son en Japón, cómo son en Corea, cómo están organizados, cuál es su idiosincrasia, su cultura, cuál es su forma de vida.
Y que podamos adoptar y sacar lo mejor de eso para crecer nosotros como estado y como país. Yo creo que ese debe ser el legado: un legado muchísimo más allá de solamente cuatro partidos de futbol y, a lo mejor, de un Fan Fest muy divertido y con cheve gratis, que es algo muy banal. Lo importante es que te deje una vivencia, una experiencia de vida que te sirva para ser mejor después.
— Y que el visitante también, me decías, conozca la ciudad, conozca Escobedo, conozca Guadalupe, Monterrey, y que se enamore también de la ciudad.
El país visitante viene no solamente al juego de futbol: viene a conocer tu gastronomía, tu cultura, tu forma de organización, tu forma de movilidad, la gente: si es amable, si no es amable. Ya tenemos esa buena fama de anfitriones; hay que conservarla. Pero vuelvo a insistir: el legado es para los jóvenes.
— Andrés, qué amable. Gracias por tu tiempo.
Gracias Hugo.














