“Cantan” compositores ​a diputados su lucha histórica por regalías

La música forma parte de la cultura popular y de la identidad mexicana; desde las canciones rancheras para curar el desamor hasta el pop que define generaciones, las piezas musicales son el telón de fondo de nuestra vida cotidiana. Sin embargo, detrás de cada melodía que suena en un restaurante, en el vestíbulo de un hotel o en un concierto masivo, existe un creador cuya subsistencia depende de un derecho a menudo ignorado: la regalía.
En este contexto, el Congreso de Nuevo León se convirtió en el escenario de una demanda histórica. Liderados por Martín Urieta, presidente de la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM), un grupo de los letristas más influyentes del país se reunió con legisladores locales para exigir que el derecho de autor deje de ser una sugerencia ética y se convierta en una obligación legal ineludible.
Bajo el lema de “convencer y no vencer”, como subrayó el autor de “Mujeres divinas”, la bohemia se transformó en activismo, y la música en un argumento jurídico.

LA BOHEMIA COMO RECLAMO DE JUSTICIA

La reunión en la Comisión de Legislación no fue un encuentro político ordinario, entre los muros del Congreso de Nuevo León, resonaron las voces de quienes han dado forma al cancionero popular.
Figuras como Fato, Guillermo Méndez Guiú, Gil Rivera, Bruno Danza, José Luis Roma, Mary Morín y Marcela de la Garza, entre otros, no solo llevaron documentos, sino que llevaron su arte.
​El momento fue simbólico y poderoso, escuchar a José Luis Roma entonar un fragmento de “Todo cambió” o a la regiomontana Marcela de la Garza interpretar “No querías lastimarme” (éxito top en la voz de Gloria Trevi), sirvió para recordar a los diputados que las canciones surgen de un trabajo intelectual y emocional que merece una remuneración justa.
La escena fue singular: en medio de una mesa de trabajo con integrantes de la Comisión de Legislación, se escucharon fragmentos de canciones que forman parte de la memoria colectiva; no era un concierto formal, sino una pequeña bohemia que sirvió para recordar que detrás de cada éxito hay un autor que vive, o intenta vivir, de su creatividad.
​Enrique Guzmán Yáñez, “Fato”, autor de “Por mujeres como tú”, lo resumió con una crudeza necesaria: “Es difícil vivir y comer del alma”, expresión que encapsula la realidad de miles de compositores que, a diferencia de los intérpretes que llenan estadios y generan millones en ganancias, a menudo quedan relegados al olvido económico una vez que su obra es entregada al público.

VACÍO LEGAL, NECESIDAD DE REPONER LEY


Uno de los puntos centrales de la discusión fue la necesidad de restaurar leyes que protegían al gremio y que fueron eliminadas durante la administración estatal de Jaime Rodríguez Calderón, “El Bronco”.
Según Martín Urieta, la infraestructura legal ya existía, pero fue desmantelada, dejando a los autores desprotegidos frente a los grandes usuarios de la música.
Subrayó que la intención no es confrontar a empresarios, hoteleros o restauranteros, sino crear conciencia sobre la obligación legal y moral de pagar por el uso de la música, cuando ésta genera ganancias.
La iniciativa obligaría a los organizadores de eventos a acreditar, como requisito previo para obtener permisos municipales de espectáculos, las autorizaciones correspondientes en materia de derechos de autor.
Así, la iniciativa actual, apoyada por la diputada Lorena de la Garza Venecia, busca fortalecer los derechos de autor a nivel estatal y municipal; el objetivo es simple pero ambicioso: que el pago de regalías sea un requisito previo para obtener permisos de espectáculos y eventos.
“No se trata de una carga burocrática adicional”, aclaró la legisladora local, “es un trámite sencillo que ya existe y que únicamente se incorporaría de manera obligatoria al proceso de autorización municipal”.
​Al convertir el cumplimiento del derecho de autor en un requisito administrativo, se garantiza que los organizadores de eventos, restauranteros y hoteleros reconozcan la “materia prima” de su negocio: la música.

ES LA MÚSICA PATRIMONIO Y SALARIO

​Para el ciudadano común, la música es entretenimiento; para el empresario, es una herramienta de lucro que ambienta locales y atrae clientes, pero para el compositor, la música es su salario.

Omar Lugo, director de Licencias y Recaudaciones de la SACM, fue enfático al señalar que quien utiliza la música con fines comerciales debe pagar por ella, de ahí la petición de ayuda a los legisladores.
“No queremos ser un obstáculo para nadie en la realización de sus actividades económicas, lo único que buscamos es el reconocimiento de nuestros derechos y la herramienta para poder tocar y esa remuneración es el salario de ellos -los compositores-”, recalcó.
Lugo comparó la situación de México con países como Francia, Inglaterra o Argentina, donde existe una cultura del respeto al autor tan arraigada que incluso en fiestas privadas se acostumbra declarar el repertorio y pagar lo correspondiente. En México, la lucha ha durado 80 años.
“Necesitamos que ustedes, en las leyes, nos den herramientas… que la gente sepa que si está en la ley, es porque tenemos derecho a él”, expresó Lugo ante los legisladores.
​Esta necesidad de “herramientas legales” responde a una realidad dispar: mientras que un intérprete puede cobrar sumas astronómicas por una presentación, el autor de la canción que hace posible ese éxito a menudo recibe sólo una fracción mínima, o nada, si el establecimiento no cumple con sus obligaciones ante la SACM.

LUCHA HISTÓRICA: DE PARÍS A LA SACM

Martín Urieta, autor de himnos como “Mujeres divinas”, “Acá entre nos” y “Bohemio de afición”, aprovechó el foro para recordar los orígenes del derecho de autor, vinculando la lucha actual con una tradición global.
Durante el encuentro en el Congreso del Estado, relató cómo el concepto nació en 1776, pero cobró forma moderna en el café La Paix en Francia, donde los músicos se rebelaron al ser obligados a pagar su consumo mientras el establecimiento lucraba con sus composiciones.
​En México, esta protección tardó en institucionalizarse. Fue hasta 1945 cuando figuras como Tata Nacho (Ignacio González Esperón), Alfonso Esparza Oteo, y Mario Talavera fundaron la SACM, inspirados precisamente por el modelo francés.
Desde entonces, el gremio ha crecido hasta agrupar a cerca de 40 mil compositores, un colectivo que hoy pide sensibilidad a los diputados de Nuevo León.
Hoy en día, dijo Urieta, “los intérpretes ganan millones y millones de pesos con canciones de los compositores. Ellos son dueños de la materia prima, pero no tienen la remuneración que merecen”.
Dicha expresión resume el fondo del reclamo: sin canciones no hay conciertos, no hay espectáculos, no hay industria. Sin embargo, quienes escriben esas canciones suelen quedar en segundo plano en la distribución de ingresos.

​EJES DE LA PROPUESTA LEGISLATIVA

​Homologación de reglamentos municipales: Asegurar que todos los municipios del estado exijan la acreditación de derechos de autor de manera uniforme.
​Autorización previa: Que el pago de regalías no sea un trámite “posterior” u “opcional”, sino una condición para recibir el permiso de espectáculos.
​Certeza jurídica: Brindar un marco legal claro que evite conflictos entre usuarios y creadores, fomentando una cultura de pago voluntario.
​Héctor del Real, delegado de la SACM en Nuevo León, subrayó que esta medida no solo beneficia a los autores, sino que profesionaliza la industria del entretenimiento en el estado, brindando certeza a todas las partes involucradas.

HAY RESPALDO DE DIPUTADOS

​La respuesta de los diputados presentes fue, en general, positiva. Los legisladores Fernando Aguirre, Armida Serrato y Lorena de la Garza calificaron la iniciativa como “noble” y “justa”.
​Lorena de la Garza, quien ha encabezado las mesas de trabajo, destacó que los compositores son uno de los gremios más golpeados y menos protegidos desde el ámbito local y al ser dueños de la “materia prima” de la cultura, su bienestar económico debería ser una prioridad en las políticas públicas de fomento a las artes.
Durante la jornada, no solo se habló de artículos y fracciones de ley; se habló de dignidad humana. Memo Méndez Guiú, el genio detrás de éxitos como “Princesa Tibetana”, “Ámame hasta con los dientes” (Timbiriche) y “Te quiero tanto, tanto” (OV7), hizo un llamado que trascendió lo económico: “Pedimos que se respete el derecho humano a que podamos vivir de lo que amamos”.
​Este sentimiento fue compartido por Gil Rivera, autor de “Amigo Bronco”, quien recordó que la lucha de la SACM no es nueva, sino un esfuerzo generacional que busca que el empresario reconozca el valor del trabajo intelectual, toda vez que la música no es un recurso natural gratuito; es una propiedad privada que se comparte bajo licencia.
​La presencia de autoras como Mary Morín (“Pelo suelto”) y Marcela de la Garza también puso de manifiesto el papel fundamental de las mujeres en la creación musical contemporánea, un sector que a menudo enfrenta dobles retos de reconocimiento y remuneración.

HACIA UN FUTURO DE RESPETO AUTORAL

La reunión en el Congreso de Nuevo León marca un punto de inflexión; el hecho de que grandes maestros de la música hayan tenido que “cantar” sus demandas frente a los diputados es un recordatorio de que, a pesar de los avances tecnológicos y la ubicuidad de la música en la era digital, las leyes locales siguen siendo el escudo principal del creador.
​El compromiso de los legisladores locales de respaldar esta iniciativa abre una esperanza para que Nuevo León se una a entidades como Hidalgo, que ya han legislado en favor del gremio.
Si la reforma se aprueba, Nuevo León enviará un mensaje claro al resto del país: en esta tierra, el talento se respeta y la creatividad se paga.
Como bien dijo Martín Urieta al cierre de su intervención, la intención de los compositores nunca es la confrontación. Ellos buscan la armonía, no solo en sus partituras, sino en su relación con la sociedad.
Al final del día, lo que piden es simple: que cuando el público cante sus temas en un bar, en un hotel o en un teatro, el autor también pueda sonreír, sabiendo que su trabajo le permite llevar el pan a la mesa.
La iniciativa queda ahora en manos de los diputados; el “palomazo” legislativo ha terminado, pero el eco de la demanda sigue vibrando en los pasillos del Congreso. Es hora de que la ley, al igual que las canciones de Urieta, Fato, Méndez Guiú y tantos otros talentos, se convierta en parte de la memoria y la justicia popular.

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