Boicot al Mundial

La presiones políticas y comerciales no tienen nada qué hacer con el futbol. Eso sería lo mejor, pero el demonio del poder es entrometido.
El balón, este año, está a punto de mancharse por las manos sucias de la guerra. El juego, como competencia global que contribuye a la armonía de los países, es un símbolo de paz. Pero los hombres poderosos que manejan el planeta otra vez están colocando la pelota sobre el tapete de sus estrategias de ataque y defensa, y están metiendo sus ensangrentadas manos en la cancha sagrada.
Hay una amenaza de boicot de varias naciones europeas por motivos de geopolítica, en un teatro de naciones que se convulsiona cada vez que los premieres amenazan con abrir el maletín del botón nuclear.
Ya hubo exclusiones y retiros voluntarios, hace décadas, con resultados oprobiosos.
Sudáfrica fue excluido de los JO de Tokio 64 y México 68 por sus políticas discriminatorias. A Rodesia (ahora Zimbabwe) se le prohibió llegar a Munich 72. En 1980 la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas estaba enfrascada en una guerra fría sin misiles, con Estados Unidos. Los espías eran descubiertos, asesinados y exhibidos a nivel mundial para intercambiar mensajes entre países.
Ese año, Estados Unidos decidió no ir a los Juegos Olímpicos de Moscú, por la invasión de la URSS a Afganistán. En 1984, cuando los Juegos se programaron en Los Ángeles, fue la Unión Soviética la que se retiró antes de que fuera encendido el pebetero el día de la inauguración. Los presidentes brindaron con brebajes de cianuro para condenar el deporte.
La lista de exclusiones olímpicas es larga y ha involucrado a decenas de naciones.
En el futbol ha ocurrido algo similar.
Terminada la Segunda Guerra Mundial, los derrotados Alemania y Japón fueron excluidos del Mundial de Brasil 1950. Por acusaciones de terrorismo, Libia no participó en las eliminatorias de Estados Unidos 1994.
Recientemente, Rusia invade Ucrania y la FIFA decide expulsar al equipo agresor de las competencias internacionales. Y así se perdió la participación en el Mundial de Futbol Qatar 2022.
Al inicio de este 2026, año mundialista, EU invade Venezuela y secuestra a su presidente Nicolás Maduro. Fue una extracción, alegaron los perpetradores. La FIFA esta vez guardó silencio. Avanzó el mes, y el presidente Donald Trump anuncia su deseo de anexar la isla helada de Groenlandia, bajo jurisdicción de Dinamarca. Expresaron su indignación y enojo varios países que integran la Organización del Tratado Atlántico del Norte (OTAN), que forman una coalición de naciones pequeñas europeas para ayudarse, unidas, en caso de una agresión a cualquiera de sus miembros.
La apropiación de ese territorio rompería con el orden mundial, alegaron. Si Estados Unidos decide apropiarse con un golpe de espada del territorio que desee, el gigante China también puede tomar de un zarpazo Taiwán. O el oso de Rusia puede terminar por devorar toda Ucrania.
Con el mapamundi en llamas, Trump fue esta semana al Foro Económico Mundial de Davos, Suiza. Ante políticos y potentados, reiteró sus comentarios sobre el poder militar de su país. La ocasión sirvió para que se pronunciara en voz alta lo que se había dicho en comentarios aislados: Alemania podría retirarse del mundial que organizan entre junio y julio México Estados Unidos y Canadá, si Trump no da garantías de dejar en paz a Groenlandia. En el parlamento alemán, el legislador Jürgen Hardt propuso que el país guardara su representativo si se mantenía la amenaza expansionista de la Unión Americana. Sería un último recurso, como medida de presión hacia el mandatario estadounidense. Pero la opción ya fue puesta sobre la mesa.
Otras voces han comentado, como rumores parecidos al cabildeo político, que Inglaterra, Francia, Suecia y Noruega, entre otras naciones, se unirían al boicot.
Es inimaginable, ahora, un Mundial sin Alemania, Francia e Inglaterra. Viéndolo más allá, sería una tragedia total para el deporte, la tradición, el honor y la armonía precaria del planeta, si estos equipos deciden colgar sus botines por cuestiones de política.
Ojalá los soldados regresen a los cuarteles, las fragatas enfilen mar adentro y los submarinos nucleares enfríen sus reactores, para que la Tierra pueda pasar con serenidad este año angustioso y se celebre la Copa del Mundo con gritos de gol y no de llanto por el impacto de misiles.v

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