Conocí a don Heriberto Deándar Martínez en enero de 1970 cuando me abrió las puertas de El Mañana de Reynosa para dar continuidad a mi naciente carrera periodística.
El jefe Arturo Cantualla Soto y Juan Ramos Rodríguez me presentaron con él y de inmediato me dijo: aquí tienes la oportunidad para abrirte paso por este difícil camino del periodismo, pero te pido que siempre informes con la verdad.
Recordé con ello el slogan de El Noreste, periódico en donde a los 17 años hice mis pininos como periodista, y que decía “La verdad os hará libres”.
Don Beto y su hermano Orlando le dieron seguimiento a El Mañana fundado por su padre, don Heriberto Deándar Amador, y ambos lo convirtieron en El Grande de Tamaulipas, en el periódico más importante de la entidad.
Recuerdo las convivencias de don Heriberto, principalmente los 21 de marzo de cada año, primero en San Ignacio, el rancho de la familias allá por Nuevo Laredo; luego, en El Ojito de Agua y después en Las Minitas, así como las partidas de ajedrez en la redacción en las que participaban, además de don Heriberto, el jefe Cantualla, y Adán Reyes Guerrero.
Pero también recuerdo las batallas que encabezadas por don Beto enfrentamos contra quienes querían ver rendida a nuestra casa editora, o cuando El Mañana salía en defensa de los trabajadores del volante, movimiento del que surgió el gremio de peseros.
En El Mañana vendemos espacio, no criterio, les decía a quienes se molestaban por las críticas que hacíamos en las páginas y columnas de este gran diario.
Este viernes, nuestro muy estimado y guía en el periodismo entregó cuentas a Dios nuestro Señor, por lo que envío mis condolencias a familiares y a todo el personal de esta casa editora, así como de sus múltiples amigos y compadres.
En mi oración., siempre ruego a nuestro Dios: que se haga tu voluntad.






