Revelaciones de una ludópata

“Rosa María” es un ama de casa jubilada. Era maestra y ahora prácticamente está sola en casa, sus hijos hicieron su vida lejos de ella.
Cada quincena es esperada por “Rosa María” con ilusión, porque es el día en que trae dinero, es el día en que se interna en un casino donde apuesta todo su sueldo.
No tiene más de 55 años, gesto adusto; muy franca para decir las cosas por su nombre, no le tiene miedo a las palabras.
“Yo ya me chingotié (sic) mucho… ya atendí a mis hijos, trabajé demasiado, creo que es mi momento de relax”, dice. “Voy mucho a un casino que está por aquí cerca, me llevo mi dinerito, ahí puedo estar hasta un día completo… entro de día y salgo hasta el siguiente, de noche. Se me va el tiempo volando, no tengo en casa quien me espere”.
> ¿Cuánto se lleva al casino a jugar?
“Toda mi quincena”.
 
> ¿Gana?
“A veces sí, muchas, pero muchas veces no”.
 
> ¿Y qué hace cuando no gana?
“Me espero con resignación a que vuelva a ser quincena para regresar”.
 
> ¿Esto ya es un vicio para usted?
“Puede ser, pero es más vicio acostumbrarse a la soledad, a estar sin hacer nada, sin que nadie la visite a una. En el juego encuentro un momento de relax, ahí desayuno, almuerzo, como y ceno, y todo muy barato. Además, veo otro tipo de gente, hago amigos”.
 
> ¿Nunca ha ido al casino con la necesidad imperiosa de ganar?
“No. Voy en busca de entretenerme… pero a veces sí, me falta para pagar una deuda, y ahí voy y la completo, o de plano, la descompleto”.
 
> ¿Qué pasa cuando pierde todo?
“Simplemente no salgo de casa para nada hasta que me vuelva a llegar la quincena”.

> ¿No ha buscado otro tipo de entretenimiento, el cine, el teatro, paseos por la ciudad?
“El atractivo para mí del casino es que ahí está muy fresco, hay comida muy barata y la soledad es compartida. Veo a gente de mi edad y nos damos tiempo para charlar y eso hace amena la tarde o noche que esté ahí”.
 
> ¿Cómo es que no se da cuenta del paso del tiempo?
“Cuando yo entro al casino es porque afuera dejé todo arreglado y sé que nadie me está esperando así que, ¿para qué regreso? Cuando menos sé que ahí una máquina está esperando mi presencia”.

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