Valentina Alazraki, periodista con medio siglo de experiencia en el Vaticano, se presentó en el Teatro Fidel Velázquez para compartir con el público sus vivencias acompañando a seis pontífices, entre ellos Juan Pablo II, Benedicto XVI, Francisco y León XIV.
Durante el evento, ofreció una mirada única sobre la historia reciente de la Iglesia Católica, relatando no solo los acontecimientos históricos que presenció, sino también las experiencias humanas que marcaron su carrera.
Desde sus primeros años como una joven corresponsal , tuvo que abrirse paso en un mundo dominado por hombres y enfrentar la incredulidad de colegas europeas, que la apodaban “la petite mexicaine”. Sin embargo, con esfuerzo, ética y responsabilidad, logró ganarse su lugar y consolidar una carrera que combina profesionalismo, humanidad y dedicación.
A lo largo de su trayectoria, la periodista equilibró su labor en el Vaticano con la maternidad y la familia. Contó que creó su oficina en casa para poder atender a sus hijas mientras seguía cubriendo los viajes de los papas y las noticias más importantes.
Relató momentos divertidos y emotivos, como cuando su hija pequeña, Camila, comenzó a llamarla Mariana para confundir a los enviados del Vaticano, demostrando cómo la vida familiar y profesional podían coexistir con creatividad y amor.
Durante su charla, recordó a Juan Pablo II como un líder incansable, cuya fe y compromiso eran palpables incluso frente a la enfermedad. Contó cómo, a pesar de los temblores, el Parkinson y la debilidad física de sus últimos años, el Papa continuaba viajando por todo el mundo, sosteniendo su labor pastoral con una fuerza sobrehumana.
“Decidió que no se iba a bajar de la cruz. Él decía: ‘Cristo no se ha bajado de la cruz, yo tampoco’”, compartió Alazraki, recordando los viajes y las audiencias con el pontífice, en los que incluso enfermos más jóvenes o con menos dificultades físicas encontraban en Juan Pablo II un ejemplo de fortaleza y fe.
Además, contó anécdotas entrañables de cercanía con él, como llevarle galletas o regalarle sombreros, gestos que hicieron más humana la relación y la acercaron al pontífice de manera especial.
La comunicadora, relató también la renuncia histórica de Benedicto XVI, un acto que transformó la percepción del pontífice y evidenció su humildad y valentía al priorizar el bien de la Iglesia sobre la imagen pública.
Explicó que esta decisión, tomada después de valorar su estado físico y espiritual tras años de servicio intenso, lo convirtió en un papa moderno, capaz de reconocer sus límites y ceder paso a un nuevo liderazgo por el bien de la institución.
Asimismo, destacó el papel del papa Francisco, cuya cercanía y apertura hicieron que la Iglesia se acercara de manera inédita a todos los fieles, sin distinción de clase, condición o nacionalidad.
“La Iglesia tenía que ser como un hospital de campaña, un lugar donde no te van a decir de qué te vas a morir, sino te van a ayudar a curar las heridas”, señaló, recordando la filosofía inclusiva y humana del pontífice. La periodista explicó cómo Francisco combina una visión social muy cercana con la tradición de la Iglesia, recuperando gestos y símbolos históricos mientras mantiene una relación espontánea y directa con la gente.
“Mis mejores premios han sido todo lo que les he contado y, sobre todo, el cariño de todos ustedes”, expresó, resaltando que, más allá de la fama o los reconocimientos, lo más valioso de su trayectoria ha sido la cercanía y el afecto del público y de quienes la acompañaron a lo largo de tantos años de historia viva.
Al acto asistió el alcalde de Escobedo, Andrés Mijes Llovera, quien reconoció la labor periodística de Valentina Alazraki y la manera en que, a través de sus reportajes, ha acercado al público mexicano al Vaticano y a los papas de una forma cercana y humana.
El evento permitió a los asistentes acercarse de manera única al Vaticano y conocer la historia reciente de la Iglesia desde los ojos de quien la vivió de cerca, ofreciendo un relato enriquecido por la fe, el compromiso y la humanidad de los papas y, sobre todo, por la experiencia profesional y personal de Valentina Alazraki, testigo de medio siglo de historia papal.
















