Alejandro Salas: Cambia las ‘llamas’ por el periodismo

Y así empezó todo…
El reloj marcaba las 7:00 PM, las paredes blancas del lugar y los pequeños cubículos de madera alentaban la privacidad y atención que requería para la entrevista. El periodista muy amablemente invita a tomar asiento, posteriormente se acomoda en una silla.
Columnista, editorialista, reportero y enviado especial, son algunas de las actividades que Alejandro Salas ha ejercido durante su carrera periodística.
Egresado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UANL, Salas comparte su amor por el periodismo en busca de hacer llegar sus experiencias sobre esta apasionante carrera a las futuras generaciones.
Nacido el 1 julio de 1963 en Monterrey, Nuevo León es el primer y único hijo varón de la familia Salas González.
Entre risas relata: “Yo fui el primero, nací hace 49 años y soy el único hombre entre siete hermanas”.
“Feliz, familiar y de aventura”, con mirada nostálgica, es como Salas describe su niñez. Recuerda con cariño su infancia en la colonia Cuauhtémoc y las aventuras que pasaba junto a sus amigos en lo que ahora corresponde a la colonia Las Puentes en San Nicolás de los Garza. En aquel entonces no era más que un monte con un pequeño arroyo donde solía jugar.
“En una ocasión fui con mis amigos, recuerdo que me sentía como en una película, andábamos explorando entre la maleza y de repente vimos una víbora en un árbol… nos dio mucho miedo, pues no éramos más que puros chavillos.
“Yo llegué a pensar que la víbora nos iba a saltar y nos mordería, afortunadamente un amigo mío llevaba una hulera, yo no llevaba porque no me gustaba matar pájaros, ya empezaba a ser ecologista –soltó una risa-, entonces el de la hulera le disparó al animal y la derribó… la historia tuvo un final feliz porque vencimos al ‘mini monstro’; fue de aventura y particularmente emocionante porque nos fuimos sin el permiso de nuestros padres”, expresó.
Salas explica que, de niño, nunca imaginó que se convertiría en periodista pero, desde ese entonces, su vocación comenzaba a notarse.
“Me gustaba redactar e inventar historias. Unas las redactaba y otras las dejaba en la imaginación, pero yo no era muy apegado a la lectura. Recuerdo que me la pasaba jugando mucho… incluso con las exigencias de mi padre, tenía mucha libertad, sí nos divertíamos mucho, la verdad”, comenta con un especial brillo en los ojos y sin despegar la mirada de sus manos.
“Tuve una infancia estricta, mi padre era muy regañón… con él había que tener las tareas temprano y limpias, no le gustaba que saliera a la calle, cerraba la puerta. Yo te digo que fui feliz porque sí lo fui, pero a lo mejor hubiera sido mucho más si mi papá no hubiera sido así, pero entendí que eran reglas de la casa y era él quien las ponía, era el jefe de la familia y lo entendí bien, si no, me hubiera revelado y me hubiera ido… pero agarré la onda”, destaca el comunicador.
Siendo todavía muy joven se dio cuenta de que el cliché: “de grande quiero ser bombero” no era para él y que, a pesar de parecerle atractiva la vestimenta, la indumentaria y el estereotipo de hombre fuerte, esta actividad no era lo que en verdad deseaba.
“Fue como a los 11 años, en la adolescencia, cuando empecé a madurar y me di cuenta que quería ser locutor de radio”, dice, “grababa mi voz en casetes y armaba cosas, ese sí fue un sueño más anhelado, ya comenzaba a interesarme por el periodismo, aunque en ese entonces no sabía qué era exactamente el periodismo…”, destaca el periodista.
Salas recuerda esta etapa con efusividad, especialmente rememora sus días de adolescente y recuerda con mucho afecto las frases de dos maestros de secundaria que influenciaron su formación y su pensamiento: “El maestro Santa Cruz, de Español, nos dijo que ‘la lectura, además de hacernos conocedores, nos daba saber, libertad y superación´.
“También recuerdo que el maestro de Sociales una vez nos dijo que ‘vivíamos en un México injusto y con muchas desigualdades sociales. En un México con mucha corrupción’. La verdad me es muy grato recordarlos porque influyeron en mí y son parte de mi formación…”, señala el entrevistado.
Recuerda sus experiencias durante su paso por la Preparatoria No. 7 de la UANL, sin que la sonrisa en su rostro desapareciera por un instante, señal de los buenos momentos que guarda con aprecio en su memoria.
“Mis recuerdos de la prepa son muy alegres, muy rebeldes, porque como yo había estado en colegios de puros varones, primero en La Salle y después en el Colegio Francisco Garza Sada -ambos en San Nicolás-, pues no estaba acostumbrado a tener compañeritas mujeres y el salto a la prepa es un salto de libertad; también es cuando te dejas crecer más el pelo, la barbilla, el bigotillo, cambiar la vestimenta, algunos empezamos a fumar (…) fue un cambio muy drástico porque al llegar a la prepa me ‘deschongué’, me sentí liberado. Me echaba mis cheves en el billar de la vuelta… no creo que haya sido nocivo, pero la verdad sí fue una época de libertad.
“Al principio sí me fue mal en la prepa. El primer semestre sólo pasé literatura y redacción, lo que más o menos era mi perfil”, comenta con una sonrisa. “Hubo altas y bajas, opté por descuidar el primer año y pagué las consecuencias”.
Afortunadamente fue mejorando con el tiempo.
“Viví la juventud con errores, pero al final salí bien, enmendé el camino a tiempo…”.

Los inicios
Con sus antecedentes del gusto por la redacción y el sueño de ser locutor, el comunicador decidió que la Facultad de Ciencias de la Comunicación tenía lo que buscaba. Aun así, opta por elegir la acentuación de Relaciones Públicas, la cual estudió por cuatro semestres, pero justo a mitad de la carrera, su inquietud por el periodismo lo llevó a tomar clases como oyente.
“Ahí fue cuando me enganché; además mis amigos me dijeron que tenían muy buenos maestros de Periodismo: José Luis Esquivel y Silvino Jaramillo, y esto fue lo que terminó por convencerme… tenía mis temores de no hacerla porque yo no escribía rápido, eso yo lo veía como una desventaja, tenía miedo de no encontrar noticias. Al principio sí titubeé un poco, pero me di cuenta de que yo iba para periodista”.
Con tono serio, nostálgico y fijando la mirada en el elevado techo del lugar, Salas comenta que su primer trabajo fue en el “Difundidor”, un periódico “medio sindicalista” que se encargaba de publicar las noticias de la empresa Fundidora.
“Yo me encargaba de distribuir periódicos y de hacer mandados, pero un día que estaba platicando con mis amigos, el jefe me dijo: ‘¡Oye tú, el que quiere ser reportero!, ¿qué sabes hacer?’, le respondí que me gustaba hacer entrevistas y me invitó a hacer un sondeo. La verdad me interesó porque era parte de lo que un día iba a hacer”.
La idea, añade, fue de su compañero Manuel Altamira Peláez.
“Él fue un gran reportero que trabajó para ´La Jornada´ antes de fallecer en el terremoto de México. Unos días después de hacer el sondeo, yo platiqué con él y le comenté que había entrevistado a una secretaria sin que se diera cuenta. Me preguntó qué me había dicho la secretaria y yo le respondí ‘que las mujeres son un amor’.
“Era como una notita cursi, pero para mí era interesante, y me dijo que se la redactara como semblanza. Se la llevé y mi nota apareció como un relleno, ese fue mi primer trabajo periodístico que seguramente recorté y guardé abajo del colchón. Fue un trabajo muy modesto en una revista dentro de un medio interno, pero yo estaba seguro que después iba a hacer un periodismo más público”.
Pasó un año de eso, era 1984 y Salas todavía no trabajaba en lo que quería.
“Empecé como ayudante en el periódico ´Extra!´, yo no reporteaba, pero le pasaba los datos a otra persona para que los redactara, después entré al periódico ´La Razón´, mi primera nota fue sobre un incendio en un almacén avícola de Allende, ahí fue cuando empecé a reportear más en forma, fue cuando por fin me pagaron”, comenta entre risas el hombre de tez morena y ojos caídos.

La guerrilla
El trabajo que más le enorgullece a Salas es su cobertura del movimiento armado en Chiapas en 1994, en el cual le tocó ser enviado especial por parte del “Diario de Monterrey” –hoy “Milenio Diario”-.
Esa fue una etapa de su vida que recuerda con orgullo, pero que también le trajo muchos sentimientos encontrados, pues su esposa, la también periodista Mónica Hernández-Roa, esperaba gemelos.
Sin embargo, Hernández-Roa apoyó a su marido en todo momento, y así, con el espíritu aventurero que lo caracterizaba desde pequeño, Salas decidió embarcarse en esa violenta experiencia, con la emoción, los miedos y temores que ésta acarrea.
“Todos los reporteros tenemos esa máxima de cubrir una guerra, casi todos y el que me diga que no, luego le preguntaré sus motivos. En el 94 tenía 31 años, muy poca gente de Monterrey había cubierto un movimiento armado, yo lo cubrí a la distancia con todos su ´asegunes´; cubrí para el ´Diario de Monterrey´, también pasaba (información) para radio y en ese tiempo también pasaba para Televisa porque había un convenio entre los canales, fue un buen momento. Me gustó y aprendí mucho”, comenta el ganador del Premio Estatal de Periodismo 2009.
“Actué de la forma más prudente posible, con pies de plomo y con serenidad…me encomendé a Dios y con ese blindaje salí a cubrir. Hubo momentos de riesgo.
“En una ocasión estuvimos en un enfrentamiento pero pues pecho tierra y a rezar, a concentrarte para salir adelante en una buena cobertura”.
Dice que lo pensaría para hacerlo de nuevo.
“Obviamente me gustaría conocer a mis nietos y hay riesgos, pero hoy en día todavía me toca cubrir ejecutados, aunque ahora soy reportero especial de repente ando cubriendo aspectos de violencia. Aquí estamos en una guerra, literalmente, así que una más como quiera… los conflictos bélicos, en sí, son muy riesgosos pero muy interesantes”.

Su otra vida
¿Qué sería ahora si no se hubiera dedicado al periodismo? Sonríe y eleva la mirada al techo. Después de unos segundo responde con cierta duda: “No me imagino en ninguna otra profesión aunque… me hubiera gustado ser actor, fíjate… me gusta mucho el teatro, no voy mucho pero sí me gusta. No es mi sueño frustrado, pero lo veo como un plan B o C… tal vez si no se hubieran dado las circunstancias seguramente me habría metido en la actuación, pero eso no me frustra porque en realidad no es mi sueño… a lo mejor resulta que también es una ficción como cuando quería ser bombero”.

La esposa periodista
Con una extensa sonrisa, la imagen de su esposa se atraviesa por su mente. Mónica Hernández-Roa, columnista de Hora Cero Web, reportera de Vida Universitaria UANL, editorialista, colaboradora de Grupo Multimedios, –entre otras cosas más- madre y esposa. Salas analiza sus más viejos recuerdos en busca de un sentimiento en particular: la competencia.
“Nunca nos hemos tratado como competencia, cada quien juega su papel en la casa, yo también la admiro mucho a ella, pero tenemos potenciales, fortalezas y debilidades. Es una mujer muy culta, habla francés, inglés, italiano, náhuatl y yo no. Es más, ni siquiera hablo inglés, más que competencia la veo como un complemento”.
Salas tiene 27 años de carrera y Hernández-Roa alrededor de 20.
“Pero hemos estado en medios diferentes, no he sentido la competencia, además no hemos coincidido en ninguna cobertura, nos apoyamos mutuamente (…), en cultura general ella me gana, en idiomas me ha sacado de apuros, pero yo he sido protagonista de muchos cambios políticos… aunque si hablamos de historia en general ella me va a ganar, pero nos complementamos”.

Detrás de la pluma y el papel
Como todo periodista el trabajo lo sigue a casa.
“Es un trabajo muy demandante que, en algunas ocasiones, consume nuestro tiempo libre”.
Sin embargo, Salas intenta darse tiempo para disfrutar con su familia, leer, ir al cine y, lo que más gusta, dormir.
Un hombre que disfruta del teatro, películas viejas y la música.
“Soy muy tradicionalista… me gusta mucho la música de acordeón, la música romántica y la cubana, tengo un oído muy amplio. También me gusta el rock muy suave, rock retro”.

Pero después de todo lo que ha vivido, ¿a quién podría admirar?
Pues nada más y nada menos que a personajes que han dejado huella en la historia, precisamente, por sus ideales de libertad y justicia.
“Admiro mucho a Gandhi y a Zapata, son héroes que de alguna manera me han servido como ejemplo por sus ideales. Creo que dentro de mis facetas como periodista he hecho algo de periodismo social, he tratado de apoyar mucho a la gente desvalida, a la gente que no tiene quien la escuche… eso para mí siempre ha sido una constante y seguramente lo va a seguir siendo siempre, por eso seguiría luchando siempre”.

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