Ser cuidador; un calvario para las mujeres

Por Pedro Ortiz
Martha hoy tiene 64 años y siempre soñó con ser enfermera, pero dadas las condiciones culturales de antaño, ella estaba destinada a ser ama de casa y cuidar a una familia, por eso no tenía ‘derecho’ a estudiar y desarrollarse, pus tenía que ser cuidadora.
Martha no tuvo oportunidad de concentrarse en el estudio desde siempre, pues desde adolescente tuvo que trabajar para salir adelante.
Después sacrificó parte de su juventud para cuidar a sus tres hijos, una actividad que le correspondía por ser mujer.
Ella estaba obligada a cuidar a los peques, hacer limpieza, comida, lavar, planchar y todavía hasta ayudar a su esposo vendiendo naranjas con chile en polvo desde su hogar.
Pero nunca tuvo tiempo para divertirse, para salir a buscar un trabajo formal, para distraerse un rato con sus amigas, su más cercana distracción, era acudir a la iglesia con sus chiquillos para participar en alguna actividad pastoral.
Hoy en día la situación no es muy diferente, así como Martha en todo el mundo las personas dedican colectivamente 16 mil millones de horas al día, al trabajo de cuidados no remunerados, desde las tareas domésticas hasta el cuidado de los seres queridos.
Lo lamentable de la situación no es encargarse de cuidar a una persona o de realizar labores del hogar, sino que las mujeres son las principales cuidadoras perdiendo tiempo para ellas.
Y es que según datos de Moni Pizani, representante de la Oficina de ONU Mujeres en México, hay una ‘verdad universal’, pues cuando se trata de cuidados no remunerados las mujeres pasan al menos 10 años de su expectativa de vida como cuidadoras, mientras que los hombres sólo cerca de cuatro años.
En México las cosas no son muy diferentes al resto del mundo, pues a nivel nacional las mujeres dedican en promedio 38.9 horas a la semana a la labor de cuidados, siendo el 75.1 por ciento de todas las personas que cuidan.
Lo anterior quiere decir que las mujeres cuidadoras mexicanas pasan tres meses al año en dichas labores, mientras que los hombres sólo un mes dedican el tiempo para cuidar o apoyar en el hogar.
“imaginemos lo que podríamos hacer si esos tres meses lo dedicaremos al desarrollo personal y de nuestra comunidad.
“Si sumamos el trabajo remunerado, no remunerado y las tareas simultáneas, las mujeres trabajamos más horas que los hombres, esto no sólo es injusto e inequitativo, sino que impide acceso de las mujeres a otros derechos, les impide desarrollarse plenamente y refuerza las desigualdades de género”, comentó Pizani.
Esa desigualdad es un escenario de las crisis que se viven actualmente en México y el mundo y no solo en los cuidados, sino en la salud, la energía y la alimentación.
“Esto sin considerar los desafíos planteados por el cambio climático mundial, lo cual amenaza los avances logrados en la igualdad de género, la garantía de derechos de las mujeres, las adolescentes y las niñas en toda su diversidad y el ejercicio de su autonomía”, agregó.
Dijo que las múltiples crisis que estamos viviendo como humanidad han evidenciado y exacerbado las brechas estructurales profundizando las desigualdades preexistentes y expuesto las vulnerabilidades de los sistemas políticos, económicos y de protección social.
“Frente a estos retos, el mundo ha comprendido la necesidad de incorporar el cuidado como otro pilar fundamental de la protección social y como un derecho universal.
“Además contar con sistemas de cuidado, es cada vez más relevante para avanzar en la igualdad y empoderamiento económico de las mujeres.
“La transformación de la economía de los cuidados y la construcción de una sociedad de los cuidados, favorece una mayor igualdad de género, el desarrollo comunitario y con ello ciudades más pacíficas e incluyentes”, puntualizó.

MONTERREY QUIERE CUIDAR

Ante este escenario y la iniciativa de sumar a una mejor calidad de vida para los habitantes de Monterrey, la actual Administración Municipal realizó una Alianza con ONU Mujeres México, y así poder crear un sistema de cuidados integral.
Para ello era necesario realizar un estudio y entrevistas, y así conocer las oportunidades y necesidades de los regiomontanos.
Alejandra Villa, de ONU Mujeres México, destacó algunos de los datos más reveladores de dicha encuesta, en donde se dieron a conocer, además de cifras, situaciones reales que sienten y piensan los cuidadores.
“Los cuidaos regeneran el bienestar físico y emocional de las personas y permiten el funcionamiento de nuestra sociedad y de la economía.
“Sin embargo ademas de que no son reconocidos y no son valorados por lo que son, este trabajo recae desproporcionadamente en las mujeres y de manera no remunerada.
“Lo que afecta el ejercicio de los derechos humanos, incrementa su exposición a situaciones de violencia y reproduce desigualdades de género”, reveló Alejandra Villa.
Cabe resaltar que los datos que a continuación se presentan de Monterrey, son exclusivos del Municipio y el sondeo se hizo sobre las percepciones de las necesidades.
“El objetivo fue conocer cuales eran las condiciones y características que prevalecen en los hogares respecto al cuidado que se da a la población infantil, de 0 a 5 años, niñas y niños de 6 a 11 años,, personas con discapacidad, personas mayores de 60 años, así como las condiciones y características que cuidan a estas personas”, resaltó.

EN TODAS LAS CASAS HAY CUIDADORES

Como Martha que según las estadísticas pasó más de 10 años cuidando a su familia, de los hogares en Monterrey, en el 96 por ciento hay al menos una persona que requiere cuidados, entre menores, personas de la tercera edad o personas con discapacidad.
“El 47 por ciento de la población en Monterrey, potencialmente requiere cuidado, esto es una de cada dos personas que habitan en el municipio.
“De los hogares en Monterrey, en el 96 por ciento hay al menos una persona que requiere cuidados, es decir en casi todos los hogares.
“Aquí vemos también que el 46 por ciento de los hogares, o uno de cada dos, tiene niñas y niños en edad escolar y en un tercio hay personas mayores de 60 años”, precisó Alejandra Villa.
No obstante, quienes desempeñan la función de cuidador no siempre desearían hacerlo, pues la encuesta mostró que el 94.7 por ciento de las personas que se declaran como cuidadoras principales, consideraría que no dedicaría más tiempo de cuidado si tuvieran opción.
Además, considerando a los cuidadores de la niñez en Monterrey, se descubrió que cerca del 94 por ciento son ejercidos por la madre y 2.4 por la abuela.

¿CÓMO SE SOLVENTA EL CUIDADO?

Como se evidenció, en casi todos los hogares de Monterrey hay al menos una persona que requiere cuidado, por ende también debe haber al menos un cuidador.
Sin embargo en menos del uno por ciento de esos hogares se contrata a una persona trabajadora del hogar o especialista para que realice las labores de cuidado.
Sólo el 3.1 por ciento utiliza los servicios que ofrecen los Gobiernos; hay distintos de ellos, los más usados son los que tienen que ver con salud, actividades culturales y recreativas, bibliotecas.
El resto, en el 92 por ciento de los hogares, está cubierto por personas no remuneradas que principalmente son las mujeres, esposas, hijas o nietas.
Pero no todo está totalmente cubierto, como Martha que alguna vez dejó a su hija con la vecina, o dejó a sus hijos solos en casa para ir a comprar mandado o cosas para su ‘changarro’, hay un buen sector de la población que también carece de cuidados.
“Específicamente en el caso de niñas y niños de 0 a 11 años, 11 por ciento no recibe cuidados, 11 por ciento, también, dijo estar solos en su hogar entre una y tres horas al día” comentó Alejandra Villa.
Los adultos mayores regularmente también son cuidados por sus familias, cuando existe responsabilidad, porque en muchos casos son abandonados a su suerte.
“Para mayores de 60 años, el 66 por ciento declara recibir cuidados de una persona de su hogar, que suele ser principalmente de su cónyuge, seguido de las nietas y después de los nietos.
“También vemos que conforme aumenta la edad de las personas se necesitan más cuidados, es decir de 60 a 64 años, 47 por ciento requiere cuidados, pero si nos vamos a 70 años sube al 50 por ciento y así sucesivamente” detalló la especialista.
Dijo que el 12 por ciento de estas personas mayores de 60 años son cuidadas por alguien más que no habita en su hogar, pero dicho cuidado también es de manera no remunerada.

¿Y LOS ESPECIALISTAS?

Respecto a las personas con discapacidad, el 60 por ciento recibe cuidados por parte de su pareja y un 23 por las madres, mientras que el resto, el 17 por ciento, recibe cuidados por parte de alguna otra persona de la familia.
Sin embargo, como sucede con los abuelos, en la gran mayoría de los casos no reciben paga por dedicar tiempo a sus familiares.
Y aunque muchos de las personas que cuidan a algún familiar enfermo o con discapacidad lo hacen con amor o resignación, no siempre tienen los conocimientos básicos necesarios para hacerlo.
“De las personas ajenas al hogar que cuidan, solamente el 10 por ciento tiene capacitación para estos cuidados especializados y 7 por ciento de esas personas nada más acude a un centro de educación especial o de capacitación.
“En los casos, 18 por ciento, donde se considera que se necesitan más cuidados para esas personas, el 73 por ciento respondió que llevaría a la persona a una residencia permanente, en segundo lugar respondió que usaría escuelas de educación especial y el tercer lugar que se requiere de personas del mismo hogar, vecinos o familiares”, comentó.

¿QUIÉNES CUIDAN?

Como ya se ha mencionado anteriormente los principales cuidadores son las mujeres, pueden ser esposas, hijas, nietas y en último lugar hasta los nietos varones, pero en un porcentaje menor.
Sin embargo a continuación se detallará las edades de las principales cuidadoras en Monterrey.
Principalmente se trata de mujeres entre 25 y 45 años de edad, quienes realizan la labor de cuidados en los hogares regiomontanos.
Se hace una breve pausa de 10 años y a partir de los 55, se incrementa el tiempo que los cuidadores le dedican a sus familiares, ya sean nietos o personas discapacitadas, así como de la tercera edad.
Cabe resaltar que después de los 55 años el tiempo está muy asociado con las abuelas, quienes ayudan a sus hijas a cuidar a los nietos.
“De las cuidadoras económicamente no activas, el 17 por ciento manifestó que si tienen interés en trabajar, pero 45 por ciento de ellas no lo hace porque tiene que cuidar.
“Respecto a las actividades principales de los cuidadores, el 74 por ciento dice que es su actividad principal, es decir, no es que tengan un trabajo remunerado y además cuidan, sino que principalmente son cuidados no remunerados. El 94 por ciento considera que necesitan una capacitación para dicho trabajo”, reveló la especialista de la ONU.
Todas estas personas que ‘regalan’ su tiempo, también tienen repercusiones a la salud, como reducción del sueño. se sienten cansadas y en algunos casos irritadas.
Si se omiten las afectaciones, habrá quien romantice los cuidados diciendo que lo hacen por amor, y tal vez sea de esa manera, pero las repercusiones a la larga pueden resultar en algunos malestares.

NECESIDADES DE CUIDADO

Aunque es verdad que existen necesidades de cuidados para niños, personas con discapacidad o abuelitos, que deberían ser cubiertas por instituciones, especialistas o el Gobierno, el estudio reveló que no todos tienen la misma percepción o confianza.
“Los resultados de este sondeo nos dicen que ante la pregunta de si las niñas y niños pequeños deben llevarse a una institución, pública o privada, para recibir educación inicial, a una guardería o instancia infantil, 51 por ciento respondió que no.
“Y el por qué no deberían llevarles, la percepción tiene que ver primero con un posible mal trato a niñas y niños con el 27 por ciento, seguido de la opinión de que los servicios son caros.
“Respecto a incluir a otros actores como responsables de proveer cuidados a las personas mayores, 44 por ciento respondió que la familia es responsable, 39 por ciento consideró que deberían contratar a una persona cuidadora, y 15 por ciento respondió que es una responsabilidad del gobierno.
“Finalmente se hizo una pregunta a la persona entrevistada de si cuándo sea mayor estaría a que le llevaran a un centro de cuidados y una gran mayoría respondió que no quería ser llevada a una residencia, el 36 por ciento dijo estar de acuerdo en asistir pero solo por unas horas”, detalló.
En conclusión, las mujeres son quienes realizan las labores de cuidados principalmente de manera no remunerada.
Y las estrategias cuando esa mujer, por algún motivo, necesita apoyo de alguien más, se respalda principalmente en las abuelas, vecinas o en otros familiares, pero sin ningún pago.
Pero sin duda lo más significativo es que el mayor reto es la transformación de las normas sociales, de que el cuidado debe ser de todas y todos y no solamente de las mujeres.
Las demandas de algunas personas entrevistadas es ampliar servicios, incrementar el acceso a oportunidades laborales para las mujeres y transformar las normas sociales.
Para muchos no basta con pensiones como la que la presidenta electa, Claudia Sheinbaum, anunció en campaña de dar dinero a las mujeres de 60 a 64 años por la ‘friega’ que se metieron cuidando, primero a sus hijos y después a sus nietos.
Y aunque el dinero siempre es bienvenido, sobre todo en los hogares más humildes, la estrategia debe ir más allá con el cambio de normas y sobre todo de cultura, en donde se profesionalicen los cuidados y se involucren a los hombres en dicha actividad.

 

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