En el medio futbolístico se le identifica como “El Inge”. Porque es ingeniero químico, graduado en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Y se le tiene como el más ganador de los directivos del Club Tigres de futbol soccer, pues corresponden a su gestión directiva 4 de los 5 campeonatos de Liga MX, uno de Copa México, 3 de Tigres Femenil, 3 de Campeón de Campeones y 1 de Concachampions, además del subcampeonato de la Copa Libertadores, cuya corona le arrebató en Buenos Aires el River Plate en el 2015. Cabalmente fue en el torneo en que debutó el francés (ya naturalizado mexicano) André-pierre Gignac, cuya contratación es un timbre de orgullo en la carrera de Don Alejandro Rodríguez Miechelsen, después de haber firmado en 2014 a Nahuel Guzmán; ellos vinieron a reforzar el liderazgo de los llamados “Cuatro Fantásticos”, que fueron la base que empezó a encumbrar a los felinos y a corresponder al gran amor de su afición.
Por eso al “Inge” se le tiene como una persona de una expresiva mentalidad exitosa, que le permite aterrizar sus sueños con la seguridad de que se pueden lograr. “De ahí parte todo en el trabajo y en la vida en general” -sentencia Don Alejandro J. Rodríguez Miechelsen, quien dejó bien grabado su mensaje cuando fue homenajeado hace cuatro años en el 85 aniversario de la Universidad Autónoma de Nuevo León, y en el libro que publicó en marzo del 2021 con un largo título: “Todo se decide en 90 minutos, más lo que agregue el árbitro”, para dar testimonio de la clave de sus logros: 1.- Creer que se puede. 2.- Vivir con valores. 3.- Mantener la energía y la salud para superar los obstáculos. 4.- Pasión por las metas.
Nacido el 19 de abril de 1939, unos meses antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial, él cree que tal suceso orientó mucho su estrategia de lucha existencial, porque de niño jugaba con soldaditos e imaginaba la fórmula que seguían los líderes en el campo de batalla, y que ya de adulto comprendió mejor en su afán de vencer a la adversidad y los problemas del día a día. “Claro que mi formación se remite al ejemplo de mis padres y al ambiente de cultura en que crecí”, reflejando en su rostro la gratitud hacia Don Servando Rodríguez Garza, quien era amante de la opereta, pues venía del tronco de los Hermanos Rodríguez, dueños de cines y de la cantina “El Progreso”, ubicada en la entonces esquina de Zaragoza y Padre Mier, en el centro de Monterrey. Por su parte su madre, Doña Enriqueta Delfina Miechielsen era una activa mujer nacida en Bélgica. Ellos lo impulsaron a estudiar la carrera profesional en la Universidad (todavía no gozaba de la autonomía) de Nuevo León, donde se enfundó en el uniforme de los Auténticos Tigres en el futbol americano.
“No llegué a profesional. Solamente a la Liga Intermedia”, enfatiza con toda claridad, pero sin quitar un ápice a su gusto por este gran deporte universitario, y otros que desde niño practicaba en las instalaciones de la Sociedad Cuauhtémoc y Famosa. “Me llevaba mi abuelo con mucha frecuencia a ese emblemático centro recreativo donde aún se sigue respirando el buen ambiente de que ha gozado siempre, y no olvido que a la entrada veía muy entretenidos a los adultos que practicaban los retos de la carambola en las mesas de billar, así como las raqueteadas en el pin-pon”.
Vecino desde su niñez de calles del centro de la ciudad, como la de Villagómez, a unos pasos de la Alameda, iba y venía a la Universidad, pero también a una empresa donde buscó trabajo para juntar dinero y concretar sus planes de matrimonio con María del Carmen Bonetti, con quien contrajo nupcias en 1961 y de cuya unión nacieron cuatro hijos que han sido el motor de su vida. “Para entonces ya era empleado del Grupo Industrial, al que ingresé en 1959, a los 20 años de edad, y permanecí ahí hasta 1981”, puntualiza con suma precisión en las fechas, recreándose en el aprendizaje que obtuvo de sus jefes y el ascenso en su carrera, pues a los 30 años llegó a ser Director de Planeación en 1969, la misma fecha en que lo designaron Presidente de los Rayados de Monterrey.
INICIOS EN EL FUTBOL LOCAL
Su llegada al plano directivo en el futbol fue circunstancial -asienta con toda modestia-, porque entonces no pensaba más que en su tarea de Gerente de Planeación en el entonces Grupo VISA, cuando las empresas de los herederos de Don José Calderón y los Garza Sada formaban un todo antes de la separación de Alfa, al ocurrir la muerte de don Eugenio en 1973. “Pero un día, en una de las reuniones, se empezó a tratar el asunto de los Rayados de Monterrey y yo di mi opinión como cualquier otra persona. Y quién iba a pensar que de ahí surgiría la orden de que me hiciera cargo del equipo, y mis jefes me nombraron Presidente”. Y fue así como, después de que el Club Rayados se salvara de caer a la Segunda División, se propuso llevarlo a los primeros planos, y aunque perdió la Copa contra Cruz Azul en México, y otra vez corrió peligro de descender, sus bonos como directivo le dieron una imagen positiva. Hasta que en 1971 le entregó el cargo a Alberto Santos de Hoyos.
Nuestro entrevistado serena la emoción por el recuerdo de sus inicios como directivo futbolero. Clava la mirada en el infinito como tratando de rebobinar las imágenes que evoca al hablar después de lo que el destino le tenía deparado dentro de este deporte de masas. Se frota las manos en la mesa donde se ha sentido cómodo para disfrutar la charla en una mañana otoñal muy fresca. De pronto retoma el hilo de las evocaciones y nombra respetuosamente a Don Ramón Cárdenas Coronado y a Don Rogelio Cantú. “Ellos nos invitaron en 1974 a un grupo de 20 universitarios distinguidos a apoyar al Club Tigres que acababa de ascender a la máxima categoría, ganando tal derecho a Leones Negros de la UdeG”.
El Inge parece entrar con suma emoción al túnel del tiempo. Empieza a rebobinar imágenes de aquella época en que familia siempre ocupó el primer sitio de su atención, pero el trabajo en el Grupo Industrial y otra vez el futbol soccer le exigieron entrega y pasión. No batalla para evocar el cambio que debió darse en la dirección técnica del equipo al dejar su lugar el ‘Che’ Gómez a Claudio Lostaunau, quien había sido la contratación estrella de los Rayados de Monterrey en 1960 y dejó huella de su arte e inteligencia para moverse en la media cancha. “Roberto Méndez Cáceres había dejado la presidencia del club, en el que estaban también como directivo Jesús Manuel Peña Leal y Adolfo Riverón cuando se logró la contratación de Gerónimo Barbadillo y unos meses después de Tomás Boy”, puntualiza como algo promisorio de lo que representaría la conquista del primer torneo de Copa en octubre de 1975, que hizo más fuerte la presencia del Rector de la UANL, Luis Eugenio Todd Pérez y Cayetano Garza en el manejo del club.
Concentrado en su “chamba”, el Inge fue un aficionado más al que le provocó preocupación que los Tigres estuvieran a punto de descender en la campaña 1976-77 y no deja de reconocer cómo la llegada de Carlos Miloc y de varios jugadores claves revirtieron la situación un torneo después y lograron el primer campeonato de Liga en 1978 y el otro en 1982. “Son historias muy halagadoras que en aquellos días valoramos como algo especial, porque el equipo tenía pocos años en Primera División”, dice, a la vez que muestra su pesar al traer a la memoria la tristeza que vivieron los seguidores de los felinos cuando cayeron a la Segunda División en 1996.
“Pero no podemos negar, igualmente, que ese fracaso dio lugar a que la Universidad (el Rector Reyes Tamez Guerra) se auxiliara de Sinergia Deportiva que hizo todo para que el equipo regresara a la Primera División y ahí fue cuando el futbol me volvió a llamar, al recibir el nombramiento de Consejero Delegado de Femsa y Tigres en 1999”, subraya con gran emoción en sus palabras.
Un año después el Ingeniero Rodríguez Miechielsen fue nombrado, en sustitución de Enrique Borja, Presidente del Club Tigres, que estuvo a punto de ganar su tercer campeonato de Liga en diciembre del 2001, pero por “cosas raras” que sembraron la sospecha de favoritismo al Pachuca, que cumplía cien años de su fundación, el gozo se fue al pozo. Y en 2004 dejó el cargo directivo, pero por un corto periodo, pues en el 2010 el Ing. Lorenzo Zambrano lo convocó a colaborar de nuevo en tan alto puesto, y el Inge se comprometió a dar todo de sí solamente durante un año, “siempre y cuando me dejen trabajar a mi modo y no haya interferencias de nadie en las decisiones”. El máximo jerarca de Cemex aceptó las condiciones y, con la colaboración de Miguel Ángel Garza, le empezó a dar otra fisonomía con la contratación de Ricardo “Tuca” Ferretti y la conformación de una defensa mítica a la que la gente le empezó a llamar “de los cuatro fantásticos” (Hugo Ayala, Jorge Torres Nilo, Israel Jiménez y Juninho).
“Todo salió a pedir de boca, pues en 2011 le dimos a la afición el campeonato que tanto había anhelado y que muchos seguidores del club no alcanzaron a saborear porque fue largo el tiempo de aquel de 1982 al que logramos con mucha entrega de todos y que nos dio impulso para los otros que hicieron disfrutarlos a nuestra gente”, apunta con la seguridad de su vivencia el exdirectivo.
Enseguida se solaza con la llegada de Nahuel Guzmán, elegido por Nery Pumido para el torneo de Apertura 2014, y desde luego con la contratación del francés André-pierre Gignac, quien debutó en julio del 2015 y metió su primer gol contra el Internacional de Porto Alegre en la Copa Libertadores, “que a punto estuvimos de traer a las vitrinas del club, pero nos ganó el River Plate en Buenos Aires”, remarca como sello de los otros triunfos en su último paso al frente de la directiva universitaria.
PASIÓN POR LAS METAS
Su catálogo de éxitos no hace más que confirmar su pasión por las metas. Porque para el Inge, todo parte de la mentalidad ganadora, de vivir con valores y de mantener la energía y la salud para superar los obstáculos. Pero advierte con firme contundencia: “Mantener el éxito es difícil y controlar los egos desbordados, más. Por eso en el Club Tigres el propósito inicial lo asociamos a algo elemental de este deporte: la identificación profunda con la afición”. Y así lo escribió en su libro “Todo se decide en 90 minutos, más lo que agregue el árbitro”. Además, esa filosofía será la base de su autobiografía que está preparando “para que mis nietos sepan de dónde vienen y qué pensamiento formal es guía en el hogar”.
“En ese libro yo soy el reportero que hace preguntas, pero también el que contesta. Espero se concrete como lo he concebido y muy pronto pueda compartirlo con el que quiera leerlo” -afirma, y explica que podría ser también un recuerdo y homenaje a su madre Enriqueta Delfina, quien llegó de Bélgica con su familia inicialmente a Saltillo y en 1925, ya viviendo en Monterrey, conoció a mi padre Servando cuando era alumno de la escuela de Agronomía Antonio Narro, y se decidieron a formalizar su amor.
“Son historias personales, de episodios que deben conocer mis familiares, pero tienen acentos un poco históricos de la ciudad por los sitios donde he vivido y las empresas en que he colaborado”. Lo cual es cierto, y más si se confrontan con las ideas que han sido el hilo conductor de su larga vida, todavía hoy llena de salud y con un espíritu optimista de seguir adelante con sus proyectos, ya que no deja de viajar como consultor y se pasa algunas jornadas en Dallas, Texas, donde reside su hija.
Y da cuenta de algo que en su currículum no ha aparecido, pero sí lo pondrá en sus memorias: “Estando en cuarto año de la universidad, inicié mi vida laboral, la cual estuve a punto de dejar a los cuatro meses porque se empalmaban los turnos con las clases, y como Don David Villarreal no me quiso perder, acomodó mi horario de tal manera que debí seguir sintiendo que mi mismo trabajo era el que me protegía”, reconoce con satisfacción.
También sostiene con mucha convicción el aprendizaje en la universidad de la vida, pues como instrumentalista en Fierro Esponja “aprendí más de los cuatro obreros a los que trataba diariamente en su lugar de trabajo, que del jefe en la oficina”.
Finalmente cierra la entrevista con la insistencia de que todos podemos usar la experiencia del futbol para transmitir conceptos que nos sirvan para darle rumbo y profundidad a nuestra vida. “Las decisiones que hoy tomamos” -como lo escribió el Inge en su libro-, “crearán el futuro en el cual existiremos. Mientras menos obstáculos reales o figurados tengamos delante de nosotros, mejor la visión que tendremos para hacer realidad nuestros sueños y objetivos”.







