“Todas las mujeres tenemos algo de brujas para defendernos”, dice la madre de Zoé, una de las protagonistas de “Brujas”, la última novela de Brenda Lozano en la que nos introduce al poder femenino a través del lenguaje, la intuición y las tradiciones.
La palabra “bruja” ha sido estigmatizada en el pasado, pero en la actualidad ha recuperado el valor que tiene, ya que en la cultura celta la bruja era una mujer muy respetada por la comunidad. De hecho, la palabra “witch” se deriva de “wise woman”, que se traduce como “mujer sabia”.
Brenda Lozano se acerca más a este concepto al crear el personaje de Feliciana, una curandera que habita en un pequeño poblado en México que gracias a sus dones como sanadora, atiende a todo tipo de personajes desde políticos, cineastas, escritores y hasta estrellas de rock.
Paralelamente está la historia de Zoé, una periodista con sus propios conflictos quien por azares de su profesión tiene que ir con Feliciana para saber más acerca del asesinato de Paloma, un muxe que la ayudó en convertirse en chamana porque eran parientes.
“Paloma era así porque nació de una familia de hombres curanderos, Paloma nació hombre, Paloma nació Gaspar y una vez acarreando agua cuando era niño, mi hermana Francisca le dijo: ‘tu eres como nosotras’, ya luego de muxe me dijo: ‘Feliciana, mi vida, ¿por qué sé que soy muxe desde niño?’ Como si me preguntaras por qué mis ojos son así de negros y bellos, con eso se nace y se nace con lo bruja”, relata Feliciana en un capítulo del libro.
“La idea de la bruja que se sale de la sociedad, de la ciudad que viste con sus túnicas negras y el sombrero negro, por ejemplo; es muy interesante en un sistema de moda, donde la ropa generalmente resalta las formas de las mujeres para el gusto de los hombres. Entonces, hay algo en esa vestimenta que ya es resistencia, que ya es rebelde en tanto al cuerpo de la mujer como deseo”, argumentó Lozano.
Feliciana es una mujer de campo, que no sabe leer ni escribir pero heredó el conocimiento de sus ancestros.
“Creo que hay muchos, pero muchos aspectos en la idea de las brujas, como el hecho de que son doctoras, pero no participan en este estudio de la medicina; ellas curan, pero no necesariamente con estudios de medicina, sino valiéndose de la intuición de las hierbas, de los hongos, de los conjuros, entre otras cosas.
“Entonces, hay algo en la figura de la bruja que tiene tantos aspectos que me podría pasar horas contándolos, y por otra parte, el ver como se resignifica actualmente, me parece muy importante, porque he visto a chavitas adolescentes en las calles marchando con una frase que dice ‘somos las nietas de las brujas que no pudieron quemar’, entonces, es interesante cómo se vuelve esa bandera de orgullo”, expresó la también autora de “Cuaderno ideal”.
Por otro lado, el asesinato del muxe Paloma es el hilo conductor de la historia en la que Brenda se planteaba desde la ficción ¿cómo sufre la violencia de género una mujer en el campo o como lo enfrenta una mujer de ciudad?
“Cuando estaba haciendo esta novela me hacía muchas preguntas desde la violencia de género, en este país ser mujer implica que nos van a cruzar un montón de violencias a distintos niveles por el único hecho de haber nacido mujer.
“En muchas de estas violencias hay niveles, y en el último y más violento de todos está el feminicidio, pero como sabemos, empieza desde los llamados piropos que son acoso y hay tantos niveles de violencia de género, que yo quería hacerme estas preguntas desde la realidad y respondérmelas desde la ficción, porque ahí puedes explorar un personaje o una historia”, señaló.
EL DON DE FELICIANA
En las páginas de “Brujas” el lector descubre cómo Feliciana se inicia como curandera pese a que el don se manifestaba en los varones de la familia, pero ella nació con este talento innato que luego Paloma habría de ayudarle a desarrollar.
“Definitivamente creo que el lenguaje es política y que el lenguaje es muy poderoso. Y creo que desde las narrativas se cambia el curso de un país, el curso de una vida o el curso de un cuerpo.
“Entonces sí creo en la importancia del lenguaje y era algo que me interesaba mucho explorar a través del personaje de Feliciana que es la curandera más poderosa porque trabaja desde el lenguaje y hace una ceremonia con hierbas y demás, pero principalmente con el lenguaje”, consideró.
Brenda Lozano imaginó a Feliciana como María Sabina, la chamana a la que Los Beatles, y otras personalidades fueron a visitar a Oaxaca y, por ello, se hizo famosa en todo el mundo.
“Me sirvió mucho de faro en un principio de leer sobre su propia historia, que fue una curandera muy famosa en todo el mundo entre los cincuentas, sesentas y setentas y hasta cuando murió y que fue mucha gente a verla. Su caso muchas veces se iba por el lado más recreativo de la psicodelia, pero me interesaba mucho su historia personal.
“Y de hecho, en el caso de Feliciana aunque sí trabaja con hongos, me interesaba de igual manera su historia personal y fue muy importante leer sobre María y descubrir que había una mujer así, pues quería situar a mi personaje en el presente, con los músicos que a mí me gustan, con el cine que yo veo”, destacó.
Sobre Zoé, la periodista, mencionó que actúa como contraste, porque ella trabaja con el lenguaje, pero desde otro lugar más estructurado y ordenado.
“Me parecían dos contrastes interesantes, es decir, que una historia estuviera al lado de la otra; que una mujer que trabaja con la palabra en ceremonias, estuviera en contacto con una periodista que también trabaja con la palabra, que tiene un sueldo, que tiene un hijo pequeño, que vive una ciudad, y tiene otra realidad”, concluyó la novelista.








