Políticos gandallas

Yo no creo en la vocación de servicio de la mayoría de nuestros políticos. No me trago el cuento de que aceptan “entregarse al pueblo” desinteresadamente. Nadie me convence tan fácilmente de que nacieron con el espíritu altruista para ver en favor de sus hermanos. Nada de eso. En México la política es un buen negocio para acumular más riqueza de parte de quienes ya son ricos y una plataforma para salir de pobres entre quienes llegan a los cargos públicos con una mano atrás y otra adelante. Es cierto que hay personajes de ese medio que se salvan de tener la codicia como estímulo, pero deambulan el camino acicateados por su megalomanía en busca de honores y de cumplir su sueño de pasar a la historia.
Por eso Andrés Manuel López Obrador se empecinó durante 18 años en una campaña propagandística a tope. Y fue un verdadero fantasma fiscal para no pagar impuestos en todo ese trayecto. Se acomodó de tal manera a la dádiva de sus correligionarios, al grado de que algunos de ellos, de los que se distanció después, se arrepienten de haber entregado su lana a un zángano que solamente estaba velando por sus intereses personales, a largo plazo. Y se salió con la suya, ya que fue muy tarde cuando se dieron cuenta de que el populista por naturaleza sí tenía sus bienes y su rancho en Palenque a pesar de hacerse pasar por pobre y, por eso mismo, redentor de los pobres. ¡Mamilas!
Otros simplemente se sirven de unas siglas para darse a conocer ante los electores y, cuando esas siglas ya no les sirven, reniegan de ellas, con cualquier pretexto. Y se cobijan con otras y otras para satisfacer su ambición política. Eso hizo López Obrador hasta que fundó su propio movimiento y luego atacó con furia a sus antiguos correligionarios. Igual como Clara Luz Flores, la alcaldesa de Escobedo, se definió el 10 de febrero último como una mujer decepcionada del PRI actual, después de haberse aprovechado de este instituto político durante 22 años para lograr cargos públicos que no hubiera obtenido si no es con el apoyo del Tricolor, especialmente en sus buenos tiempos, pues a cualquiera que candidateara se le aseguraba el puesto sin mucha dificultad. Dígalo, si no, el propio esposo de ella, Abel Guerra.
Hoy que ha renunciado al PRI se hace pasar como una mujer de carisma y de gran imán entre los electores. Pero no es cierto. Lo que hace poco veía era la posibilidad de seguir su trayectoria oportunista ahora bajo el paraguas del partido Morena, ante el arrastre que supone ella será el mismo que demostró en 2018, de la mano de López Obrador. Sin embargo, se le cayó al piso Yeidkcol Polevnsky, su madrina del partido del señor presidente, y el nuevo dirigente la ha marginado de sus pretensiones de competir en el 2021 con sus colores en la boleta. De ahí que se ande moviendo de un lado a otro en una venta desesperada de su activo político, con tal de no vivir en el error, o sea, fuera del presupuesto.
Ojalá sirva su ejemplo y el de otros políticos gandallas para que los votantes reflexionen muy bien a quién le entregan su confianza. Porque resulta que muchos eligieron un día la opción del PAN y no tanto de Karina Barrón, y ésta, ya consumado su agandalle, dejó de pronto esas siglas y se mostró inconforme con sus promotores para presentarse como independiente. Y lo mismo ocurrió con Marco Antonio Martínez “La papa”, quien también se aprovechó del PAN para ser diputado local y a las primeras de cambio abandonó a ese partido. ¿Y los electores cómo se quedaron con tal argucia? Así es que viendo estos casos y otros en todo el territorio nacional, lo mejor es darse cuenta quiénes de veras tienen sanas intenciones de “servir a sus representados”. Aunque se trataría de garbanzos de a libra. Porque lo que atrae a muchos de estos especímenes es el dinero, como a las moscas la miel. Otra cosa sería si no hubiera recursos económicos de por medio.
De ahí que sería bueno el análisis en torno a ver la forma de que los partidos recuperen los cargos públicos vigentes de aquellos políticos (as) gandallas que solamente se valen de esas siglas para ganar en las elecciones y luego darle la espalda con toda desfachatez. Porque los ciudadanos, en la mayoría de las ocasiones, votan por los colores y su simbolismo y, muy pocas veces, por los candidatos, así se crean una joya para ganar por su cuenta, como Clara Luz Flores. La excepción incuestionable, obviamente, fue López Obrador que en el 2018 atrapó a millones de votantes y extendió su sombra a verdaderos desconocidos de Morena y otros partidos que no esperaban gran cosa, porque nadie los conocía y ni sus familiares confiaban que alguien los tomara en cuenta.

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