Dicen que hay trabajo para quien realmente quiere trabajar, prueba de ello son 87 personas que laboran en el pintado de fachadas que la Sedesol en coordinación con el municipio de Monterrey efectúa dentro del programa de Empleo Temporal.
Aquí no importa la edad, el sexo, nivel escolar o alguna discapacidad, sino las ganas para salir adelante y poder contrarrestar la crisis económica que ha afectado los bolsillos de estos trabajadores en los últimos meses.
La primera etapa del programa se realizó en los meses iniciales del 2009 y se benefició a 300 personas que durante 50 días se dedicaron a pintar las fachadas de mil 500 viviendas de la colonia Independencia.
La segunda inicio el 9 de noviembre y consta de seis semanas en la cual se verán beneficiadas 360 casas que serán teñidas de blanco. ya que fue orden del gobierno federal porque el color representa armonía y paz. Posteriormente el sector de solidaridad será el favorecido.
Con el programa de Pintura y Fachadas no sólo las familias de Monterrey, sino de todo el Estado se pueden ver beneficiadas, siempre y cuando se acerquen al municipio a llenar la solicitud de empleo.
A SUS 81 AÑOS ES TODO UN ESTUCHE
DE MONERIAS
Don Fernando Meza López es un ancianito que toma el rodillo y comienza a pintar las casas de la colonia Nuevo Repueblo e Independencia; y aunque tiene 81 años a cuestas, esto no le impide cumplir con su trabajo ya que asegura no hay que tenerle miedo a nada.
“Todo trabajo es bueno, hay gente que se queja del calor ,del frío, pero hay que tener el cuerpo acoplado para todo, para eso estamos, hay que tener panza de músico y cuerpo de limosnero”, comentó.
En los últimos tres años el ancianito, quien es de complexión delgada, se desempeñó como velador en una empresa privada, pero en un reajuste de personal a consecuencia de la crisis económica, provocó que quedara desempleado en el mes de abril de este año.
Ahora tiene nuevos bríos, pues se acercó al municipio de Monterrey donde pudo conseguir empleo temporal primero colocando rampas y ahora pintando fachadas.
Don Fernando recibe su pensión de poco más de mil pesos mensuales, con los cuales sobrevive y no se puede dar lujos, por lo que opta por traslada desde la colonia Industrias del Vidrio tercer sector, de una manera poco inusual a lo de la mayoría de los regiomontanos, no utiliza camión ni metro, sino que lo hace caminando hasta una plaza ubicada al lado de la arena Solidaridad, en la colonia Independencia -donde es el punto de reunión cada mañana-.
“Me levanto desde las cuatro de la mañana y hago dos horas para llegar al trabajo, salgo de la casa antes de las siete y llegó muy puntual, y me regreso igual, sirve que hago ejercicio.
“Con el sueldo que recibo y el de mi pensión les doy el tironcito, mis hijos me ayudan a pagar los recibos, porque si quieren vivir conmigo deben cooperar, yo con frijolitos y sopas estoy bien”, comentó Don Fernando quien es originario del Distrito Federal.
Además tiene una fiel compañera que va con él diariamente- su mochila- y es que aunque camine varios kilómetros no la abandona y pesa por lo menos tres kilos porque en ella trae: botellas de agua, documentos personales, medicinas, suéter y su loche, entre otros artículos.
“Soy muy curioso, me gusta cargar los papeles (documentos) porque no falta, imagínese. Traigo agüita para mis riñones, mi té de limón y mi lonche para comérmelo cuando me vaya porque llego a la Alameda y listo, luego sigo caminando”, comentó sonriente.
El pintarrajear las viviendas es diferente a lo que realizaba en sus años de juventud, fue militar y entró a la marina de guerra durante el gobierno de Manuel Ávila Camacho; sin embargo, salió al finalizar el mandato, pero tuvo la oportunidad de viajar por diferentes estados como Veracruz.
“En ese tiempo de Ávila Camacho había problemas con los barcos comerciales de Japón, y entonces se formó el escuadrón 201, luego de sacar mi cartilla entré al Ejército al 28 Batallón de Infantería y me fui a marina de guerra, donde no debes de tenerle miedo a nada, son experiencias muy bonitas porque conoces muchas cosas”, dijo.
Don Fernando, tiene dos hijos que son solteros; él ha tenido una amplia trayectoria de empleos, fue ayudante de albañil, hojalatero, pescador y empleado de la Vidriera Monterrey en 1960, año en el cual se quedó a radicar en Nuevo León; posteriormente laboró de taxista y mecánico, tiempo después entró a la empresa de seguridad privada de donde es jubilado.
Aunque su edad es avanzada el ancianito tiene algo muy en claro: “trabajar hasta que el cuerpo aguante” y mientras exista quien lo contrate seguirá pintando su vida de colores.
A PESAR DE LA DISCAPACIDAD
NO SE DEJA VENCER
Juan Raymundo Pérez tiene 35 años de edad y es otro de los beneficiados con el programa de Empleo Temporal, ya que a pesar de no contar con una de sus manos da vida a las paredes de las viviendas que se encuentran olvidadas en la colonia Independencia.
La brocha y el rodillo son sus utensilios de trabajo, gracias a ellos y al empeño en su labor logra percibir un sueldo de 630 pesos por semana, y aunque es poco por lo menos le alcanza para comprar algo de despensa para sus dos hijos y su esposa, quien tiene pocos días de haber conseguido un empleo.
Los ingresos que percibía en el 2007 oscilaban entre los mil 800 y 2 mil semanalmente gracias a un pequeño negocio de venta de pañales; sin embargo, debido a la crisis económica tuvo que cerrar, lo que provocó buscar un empleo y no encontraba en las fábricas debido a su discapacidad, así que laboró dos años como ayudante en un mercado.
“En estos tiempos todo esta difícil, mis ventas bajaron, y tuve que buscar nuevas oportunidades, antes de encontrar este empleo ya andaba desesperado porque me daban 50,.80 pesos diarios, y ahora es un sueldo bajo el que recibo entre camión y loche me quedan libre 300 pesos, es poco, pero peor es estar en casa sin hacer nada”, mencionó.
De lunes a sábado el señor Juan se traslada desde la colonia Tres Caminos en el municipio de Guadalupe, junto con otros compañeros para laborar de ocho a dos de la tarde.
Mientras sostenía el rodillo con su mano izquierda y lo apoyaba con su brazo derecho listo para pintar una vivienda aseguró que a pesar de la discapacidad su trabajo no es pesado.
“No sabía nada de andar pintando, pero ya al momento en que agarrad el rodillo no es difícil, es cuestión de acostumbrarse”, dijo.
A los 17 años sufrió el accidente laboral en la fábrica de embotelladora que le provocó la amputación de su mano, sólo siguió unos meses laborando en la empresa porque no le gustó que la gente le tuviera consideración. Ahora recibe una pequeña pensión aproximada a los mil pesos mensuales.
“Me afectó mucho, ellos me canalizaron a otro trabajo donde llenaba botellas de champú y luego fui almacenista”, comentó el señor Juan.
El loche de los trabajadores es similar, las tortillas de harina, los frijoles y el atún no pueden faltar en sus alimentos, pero a veces no les alcanza para nada.
El sueño de Juan es ahorrar durante estas seis semanas para echar a andar el negocio de pañales, si es posible seguir en otro programa de empleo temporal sería lo ideal para laborar en las mañanas y por las tardes atender el propio.
“Como no tengo dinero, la idea es ir guardando algo por semana a ver cuánto puedo reunir, con los dos empleos me iría mejor, en tres semanas se termina esto, ojala y nos vuelvan a hablar para no estar desempleado”, dijo.
LAS MUJERES JUEGAN ROL IMPORTANTE
Los empleados del programa de Pintura y Fachadas se dividen en seis grupos de 12 integrantes cada uno, donde las mujeres se hacen presentes, ya sea como pintoras o capturista de datos, como es el caso de Lilia Gutiérrez Guerra de 70 años de edad y Aracely Quintero Ramírez de 18.
Ambas tienen mundos diferentes, pero el trabajo las colocó en el mismo lugar. Mientras la señorita Lilia pinta las paredes de la calle Sonora, en la colonia Nuevo Repueblo, la joven estudiante de tercer semestre de la Facultad de Ciencias Políticas toma fotografías y vacía la información de las viviendas que han sido teñidas.
Lilia -quien vive en Escobedo- años atrás trabajo en una empresa de galletas, pero buscó un empleo para distraerse, porque aunque tiene hermanos vive sola, una amiga la ánimo a ir al Palacio municipal de Monterrey para buscar un empleo en el cual pudieran trabajar.
“Está bien el empleo, son pocas horas y se acomoda a los horarios, porque todos tenemos necesidad de trabajar y sales temprano, te alcanza a hacer otras cosas como tejer, hacer tamales.
“Caminamos varias cuadras todos los días y no te aburres, pintamos con la brocha o limpiamos las paredes con la escoba, detenemos el bote de pintura, hacemos de todo, ayudamos a los compañeros”, dijo.
Una vez que concluya el empleo temporal, tomará la decisión junto con su amiga de buscar otro empleo.
“No me gusta andar sola, a mi edad esta difícil, vengo con ella si nos dan oportunidad, mucho mejor”, dijo.
En tanto la vecina de San Nicolás, Aracely toma fotografía del antes y después de las viviendas- aunque ella no pinta- se siente muy a gusto de trabajar con personas de diferentes edades, porque asegura aprende algo de cada una.
Además el dinero que recibirá en estas seis semanas le ayudará para pagar sus estudios del próximo semestre a iniciar en el mes de enero.
“Ya estoy de vacaciones, pero antes de salir me venía a trabajar temprano y en la tarde iba a la escuela, ojalá y que haya una tercer etapa para entrar nuevamente y seguir pagando mis estudios y ayudar en la casa”, comentó.
Desde el mes de marzo llenó la solicitud en el Palacio municipal y fue hasta noviembre cuando la mandaron llamar, pero se siente a gusto y no es un empleo que le desagrade sino un escalón en su vida laboral.
SE TRABAJA EN LO QUE SE PUEDA
José Ángel Cisneros estaba desempleado desde noviembre de 2008, ahora logró ascender como coordinador Ciudadano en el programa de Empleo Temporal, ya que también laboró en la primera etapa.
Sus trabajos anteriores fueron en el área de cobranzas donde estuvo 10 años, pero hubo cambio de gerencia y se generó un reajuste de personal, posteriormente laboró como vendedor de conexiones para agua y gas y su último empleo en una clínica dental.
“Entré en la primera etapa en el mes de abril, sólo que se suspendió por la alerta de la Influenza y empezamos hasta junio, era pintor, pero les gustó mi trabajo y me hicieron coordinador.
“En mi anterior trabajo de cobranza recibía mil 500 pesos por semana, ahora son 630 pesos por semana, más lo que salga en otros trabajos, la crisis está difícil hay que seguir luchando, este trabajo no es para avergonzarse, hace más relaciones y te ayuda a relajarte”, dijo.
El señor Cisneros comentó que ha asistido a las diferentes ferias del empleo que realiza el municipio y hasta el momento no ha encontrado un trabajo oficial.
“He llenado solicitud en trabajos muy buenos de cobranza, pero hasta ahorita no hay nada, no me han llamado, me imagino que por la edad, tengo 47 años, pero no pierdo esperanzas”, dijo.
Con sus hojas de anotaciones en mano, señala las viviendas que van siendo pintadas y de manera amable trata a los empleados, que al igual que él ponen el mejor de los empeños.
Luciendo una chaqueta negra con la cual se protege del frío, el señor Cisneros asegura que la mejor manera para que las familias puedan salir adelante, es dividir los gastos entre los miembros.
“Tengo dos hijos, estoy separado de mi esposa y con esta crisis sólo podemos sobrevivir dividiendo gastos, no hay de otra”, dijo.
Todas las mañanas se levanta temprano desde su domicilio en el municipio de Guadalupe para llegar en punto de las ocho a laborar y verificar que se pinten en promedio 25 casas diarias.
“Agarro el metro para no gastar mucho y por semana me queda el 50 por ciento del ingreso que recibo semanalmente”, comentó.
El señor Cisneros asegura que no es fácil el que las familias acepten que sus hogares sean pintados de blanco, por lo cual primeramente tienen que levantar un censo para saber cuáles viviendas serán las indicadas.
“Mucha gente no quiere, incluso hemos llegado a las casas que están en la lista y nos dicen que mejor no, porque es blanco y mejor optamos por buscar otros vecinos o incluso ellos se acercan a nosotros”, explicó.
Todos estos trabajadores tienen un objetivo en común: obtener ingresos para sobrellevar la crisis económica, sin importar género o edad, y siguen por las calles del centro de la ciudad iluminando viviendas que se encontraban olvidadas para dar a Nuevo León un nuevo rostro.







