Una desesperada madre tiene años luchando por obtener justicia para su hijo muerto en un trágico accidente vial, donde los responsables no han hecho más que burlarse de ella, las autoridades y el recuerdo de su vástago.
Era la mañana del 25 de julio de 2016 cuando ocurrió un trágico accidente que le arrancó la vida a Mauricio Lara Betancourt. Desde ese día a la fecha, María del Carmen Betancourt Ramos -madre de Mauricio- no ha podido guardar luto en paz.
Por invitación de un amigo, Mauricio acudió a la planta de autobuses Mercedes Benz ubicada sobre la carretera Heberto Castillo Martínez en el municipio de García, para dejar solicitud y poder laborar en el área de sistemas, pues luego de ser liquidado en otra empresa había dejado de trabajar tres meses.
Los encargados del área de Recursos Humanos llegaban a las 9:00 horas, pero Mauricio -siempre puntual y responsable- llegó a las 6:40.
Al querer ingresar un guardia lo detuvo y le dijo que no podía hacerlo, pues no había nadie que lo recibiera; fue entonces cuando decidió cruzar al Oxxo que se ubica frente a la planta para hacer tiempo mientras se tomaba un café.
Cruzó los carriles de norte a sur y antes de llegar a los contrarios hizo una pausa para dejar pasar el tráfico. Como era cambio de turno en varias empresas, el traslado de los automovilistas y transporte público era lento.
Esa lentitud desesperó a Daniel Alfredo Campos Gallegos, quien conducía un transporte de personal Mercedes Benz color blanco con placas 214-799-R, que prestaba el servicio a la empresa Nemak.
Campos Gallegos regresaba de dejar obreros y circulaba de sur a norte. Al llegar frente a la armadora intentó rebasar a los vehículos detenidos e invadió los carriles contrarios.
Aunque intentó frenar -dejando una huella de 9.30 metros en el kilómetro 7.5- nada pudo hacer para evitar arroyar a Mauricio, pues se trasladaba a más de 70 kilómetros por hora.
Debido al fuerte golpe, Mauricio fue proyectado más de 29 metros, quedando en el asfalto sin vida casi de manera instantánea, así lo relataron varios testigos.
Personal médico de la Mercedes Benz salió para darle los primeros auxilios, pero nada pudieron hacer por el joven, quien estaba enamorado de la vida, cómo lo recuerda su madre.
Desgarradora noticia
María del Carmen aún se encontraba en pijama y con sus chanclas cuando veía el Telediario Matutino con Josué Becerra, pues acostumbraba a levantarse y encender el televisor para enterarse de las noticias actuales.
“Nadie me avisó, lo vi en la televisión y recuerdo que la reportera dijo: ‘un chofer que invadió carril en la carretera a García arrolla y provoca la muerte de un joven hombre de entre 25 y 30 años de edad’, luego dijo que se llamaba Francisco Lara Betancourt, pero sabía que ese dato estaba mal.
“El camarógrafo enfocó al cuerpo y ya tenía una sábana azul, pero cuando vi los zapatos dije: ‘no hija, él no se llama Francisco, se llama Mauricio y es mi hijo’, después me quedé en shock”, recordó la madre.
Casi de manera inmediata, un amigo de Mauricio llegó para preguntar si sabían algo, pues también había visto la noticia, pero se encontraba confundido por el nombre que había dado la reportera.
“Tratamos de comunicarnos, pero la llamada se desviaba al buzón; en eso me fui con mi hijo el mayor y le comenté del accidente, él también tenía la esperanza de que se tratara de otra persona”, rememoró.
El hermano mayor de Mauricio, José Antonio, insistió en llamarlo al celular, pero su esfuerzo fue en vano. Fue cuando su madre le dijo que efectivamente se trataba de su hermano.
“Mi hijo sí se descontroló y comenzó a golpearse en la pared diciéndome que desmintiera la noticia, yo le dije que se calmara porque me tenía que ayudar con todo lo que seguía.
“En eso llegó el párroco de la colonia y me indicó que fuera al hospital para informarme bien, pero igual le dije que se trataba de mi hijo, se me quedó viendo y me contestó: ‘a una madre no le puedo mentir, sí se trata de Mauricio hija’, ahí nos pusimos a llorar los tres”, aseveró.
Acompañada de su hijo Antonio, llegó hasta el anfiteatro del hospital Universitario para -a través de una cámara- reconocer el cuerpo
de Mauricio.
Aunque el hermano no lo reconocía, el instinto de madre no engañó a María del Carmen y fue a través de un tatuaje de tortugas, que Mauricio tenía en el brazo, como confirmaron la identidad.
DURO ANDAR
Como si el dolor de perder a un hijo no fuera desgarrador, María del Carmen también tuvo que soportar los desplantes que le hicieron en la Unidad de Investigación Especializada en Delitos Culposos y en General, ubicada en el municipio de Santa Catarina.
Además de tener que acudir a valoración psiquiátrica para que las autoridades determinaran su estado emocional.
Las autoridades trataron de culpar de imprudencia a Mauricio por cruzar en una zona indebida, pero en donde sucedió el accidente hay señalamientos de cruce de peatones.
Además en el expediente se plasmaron varias inconsistencias para proteger al chófer, pues en la explicación de los hechos indicaron que no había testigos y que la visibilidad no era buena, cosas que resultaron ser falsas.
“La primera persona que me atendió era muy prepotente muy grosera y no me explicaba nada, fueron tantos los corajes que hice en esas oficinas que hasta se me desarrolló la diabetes”, dijo la afligida madre.
Ahora tiene que sobrellevar la situación jurídica por el caso de Mauricio y la enfermedad que aunque no lo parezca le quita fuerzas, mismas que recupera desde el interior cada vez que piensa en su hijo.
Luego del accidente los agentes de la mencionada unidad se comunicaron con María del Carmen para decirle que tanto el responsable como el dueño del camión querían llegar a un acuerdo, sin embargo eso no fue así.
La primera audiencia se canceló porque la parte acusada no fue notificada por las autoridades.
En la segunda cita que estaba programada para el pasado 10 de enero, los responsables no acudieron porque presuntamente había sucedido lo mismo que en la primera.
“Fue hasta la tercera audiencia cuando se presentaron las dos personas, el dueño y el chofer, en ese momento nosotros no esperábamos que estuvieran ahí, pues tenían tiempo sin dar la cara.
“La señorita que nos informaba sobre el caso me dio que antes de entrar a la sala de juicio teníamos que decir cuánto era lo que pedíamos como indemnización”, señaló.
Esa pregunta le volvió a destrozar el corazón, pues ni todo el dinero del mundo bastaba para quitarle el dolor de haber perdido a un hijo, aseguró.
Parecía que el chofer y el dueño del camión llegaban a burlarse de la justicia, pero sobre todo a ofender la memoria de Mauricio.
“En todo ese tiempo no se presentaron, no me dieron la cara y en ese momento iban a preguntarme cuánto quería; como no soy burla de nadie le indiqué a mi abogado que quería seguir con el caso”, dijo.
En la cuarta audiencia sólo se presentó el chofer, cuando el fiscal preguntó por el dueño, el acusado respondió que ya lo habían despedido y abandonado a su suerte.
“En ese momento el juez le dijo al chofer que lo podía meter a la cárcel porque circulaba a exceso de velocidad, porque además era una zona peatonal y manejaba sin licencia, pero jamás porque había matado a mi hijo, ¿dónde quedó el sentido humano?”, se preguntó.
En las próximas semanas espera que se dé una buena resolución y por fin abandonar ese duro andar, no pide más que lo necesario, sólo lo que las leyes dictaminen como justo.
“Otra señorita me preguntó qué era lo que pedía para el chofer y le contesté que lo único que pido es que las autoridades hagan bien su trabajo, si al señor le toca pagar con cárcel que así sea, ellos saben que debe de proceder”, expresó.
ASI ERA MI HIJO
“Mi hijo amaba la vida, amaba la naturaleza y cada instante que respiraba, podría haber estado haciendo frío, calor, lloviendo o mucho viento y jamás renegaba de nada.
“Era tan sencillo que un día podía estar cenando con los jóvenes drogadictos de la colonia y al siguiente estar desayunando con el Arzobispo de Monterrey”, recordó la orgullosa madre.
Mauricio además de ser un entregado ingeniero en sistemas, era un gran colaborador en la comunidad de San Rafael, en donde una infinidad de amigos le dieron el último adiós con una misa de cuerpo presente.
“Se desvelaba trabajando creando aplicaciones y otras cosas que le pedían en su trabajo, recuerdo que en ocasiones me despertaba y mi niño aún no pegaba ni un ojo, yo lo regañaba y él me decía que le hiciera un café para poder terminar su trabajo”, evocó.
El padre Javier párroco de San Rafael quería que Mauricio se despidiera de la comunidad y organizó una misa de cuerpo presente en la capilla de San Marcos.
“Cuando llegamos a la capilla me quedé impresionada de ver un mar de gente y todos iban para despedirse de mi hijo, todos querían a mi niño.
“El padre me dijo: ‘esto era tu hijo, esto fue lo que él sembró en la comunidad’, en verdad me quedé impresionada de ver a toda la gente que lo despidió, desde malandros hasta gente de dinero”, recordó.
Para Mauricio primero estaban las cosas de Dios y después las del mundo, inclusive era él quien invitaba a su madre a asistir a misa los domingos.
“Cuando me invitaba a misa yo le contestaba que para qué, que el día en que nos muriéramos yo me iba a agarrar de su pie y me iría con él al cielo.
El me replicaba que cada quien trabaja por lo suyo, que cada quien se tenía que ganar un lugar en el reino de Dios”, rememoró.
A la fecha sus amigos llegan a la casa y contemplan las cosas que utilizaba, su guitarra, ven sus fotografías y pasan instantes con el silencio que Mauricio dejó en su habitación.
Para María del Carmen, Mauricio no estaba destinado a formar parte de este mundo por su grandeza, por eso cree que Dios decidió llevárselo en un instante sin darle la oportunidad de despedirse de él.
Ahora sólo espera que se haga justicia y después poder sentarse a llorar tranquilamente recordando todas las cosas buenas de su hijo.






