La grave enfermedad que padece el PRI en Nuevo León tiene cura. Y no se trata de encontrar los mejores doctores en los prestigiados centros médicos de Houston, Texas, porque el remedio a su diagnóstico está, por así decirlo, en manos de especialistas del Hospital Universitario.
Porque la crisis que brotó en el Congreso del Estado con el intento de golpe contra Marco González Valdez, líder de la bancada tricolor, tiene que ver con el futuro que enfrentará el Partido Revolucionario Institucional y que están directamente relacionados con las elecciones de 2018.
En una esquina, los diputados golpistas encabezados por el guadalupense Héctor García García están en un verdadero problema, porque responden a los intereses del exgobernador Rodrigo Medina de la Cruz, perseguido por la justicia de Nuevo León.
En la otra, González Valdez está en sintonía con el discurso de Enrique Ochoa Reza, presidente nacional del PRI, quien tiene atravesado a Medina de la Cruz y a los gobernadores salientes de Chihuahua, Veracruz y Quintana Roo.
Todos los legisladores fueron puestos por Medina de la Cruz para cuidarle su salida, misma que fracasó con el 24 de agosto pasado cuando en sesión extraordinaria del Congreso fueron rechazadas sus cuentas públicas de 2013 y 2014.
En ese cónclave, el panista Arturo Salinas aseguró que con dichas acciones le demostraron a la ciudadanía que la lucha contra la corrupción va en serio en el poder legislativo, sin importar colores partidistas.
En el mismo todo se refirió González Valdez quien agrego que de esa manera echaron por tierra todas las especulaciones de que los diputados iban a mayoritear las votaciones, incluyendo aprobar las cuentas de Medina de la Cruz.
El sábado 27 en le Ciudad de México (CDMX) Ochoa Reza se reunió con el líder de la bancada y con los sublevados, en una sesión maratónica a la cual acudió también el dirigente estatal César Cavazos Caballero.
En la misma el patriarca tricolor, quien tampoco se maneja solo como los legisladores golpistas, dejó claro de que su discurso de ir contra Medina de la Cruz y los gobernadores salientes no es un chiste, ya que el PRI va en serio contra la corrupción de sus militantes.
Esta crisis también demuestra que Medina de la Cruz está abiertamente retando al presidente Enrique Peña Nieto, quien buscará llevar a la guillotina a los gobernantes relacionados con casos de corrupción cueste lo que cueste, con tal de recuperar credibilidad para el PRI que se traduzca en hartos votos en 2018.
Y mientras unos dicen que el cargo que tiene González Valdez está agarrado con alfileres, otras voces dentro del tricolor aseguran que los diputados golpistas, entre ellos Héctor García García, están pensando seriamente en recular.
Porque los espectadores sentados en la barrera, viendo como se despedaza el PRI de Nuevo León, parecería que no se necesita tener la bola mágica para decidir entre melón o sandía: estar con Medina de la Cruz o con su presidente nacional Ochoa Reza.
Por lo pronto en Guadalupe y Monterrey los alcaldes Francisco Cienfuegos y Adrián de la Garza, respectivamente, esperan que suene la campana para el tercer round.
ALBOROTAR LA GALLERA
“Divide y vencerás” es una máxima aplicada por los políticos mexicanos casi a diario y “El Peje, Andrés Manuel López Obrador es un experto en ello. Y para prueba basta su gira por Nuevo León.
El tabasqueño programó visitar la entidad durante tres días: del 7 al 10 de septiembre, pero desde hace más de un mes que se planificaron sus audiencias o conferencias ciudadanas en diversas plazas municipales, lo que puso a parir chayotes no sólo en el capítulo norteño de su partido Morena, sino para el PAN y el PRI, a grado tal que los alcaldes de diversos municipios priistas y panistas hasta alfombra roja le brindaron, ofreciendo todas las facilidades para su visita.
La administración priista de Apodaca le facilitó el auditorio municipal, al igual que el ayuntamiento panista de Zuazua donde incluso algunos funcionarios municipales convocaron a las mujeres de diversas comunas a acudir a los actos programados.
¿Y en el PRD local? Anduvieron asustados, preocupados, con harta muina por el simple hecho de que entre sus 20 militantes la mitad son lopezobradoristas aunque sigan con su credencial del partido del Sol Azteca vigente.
Pero la fuerza que pudiera tener o no este rincón del noreste mexicano el dos veces aspirante presidencial y si fueron o no ciudadanos de a pie a los mítines y conferencias, son apenas un esbozo de los problemas que enfrentarán las fuerzas políticas locales en los próximos días.
Obvia decirlo que también hubo inquietud en el Palacio de Cantera en donde miden y calculan las posibilidades de que López Obrador sea uno los dos enemigos a vencer en las urnas por parte de un candidato independiente, una mujer panista y un alicaído aspirante priista.
El miedo no anda en burro.



