Nació en Bélgica, pero su
corazón está en Monterrey

Cuando Catherine Benich dijo adiós a sus padres, hermana y sobrino antes de partir a Canadá por un viaje de estudios, no imaginaba que su destino final sería Monterrey, ciudad donde eligió convertirse en actriz, maestra y escritora.
Nació en Lieja, Bélgica, un 4 de abril de 1979 y desde entonces permaneció ahí muy contenta hasta que un día decidió dejar su tierra en busca de nuevos horizontes y proyectos de vida.
“Estudié Arte Dramático en el Conservatorio de Bruselas y al titularme pensé en irme a vivir a otro país, pero no sabía cuál. Entonces decidí irme a Montreal, Canadá, a estudiar inglés.
“Ahí conocí a muchos venezolanos, colombianos, pero sobre todo a muchos mexicanos con quienes me llevé muy bien de inmediato”, recordó la actriz con un español bastante fluido.
“Creo que los belgas y los mexicanos nos parecemos mucho porque somos muy de la familia, así como ustedes; no nos tomamos mucho en serio, o sea, que nos reímos de nosotros mismos. En fin, yo me siento muy relajada y como en casa aquí”, consideró Benich.
En su etapa sobre los escenarios en Monterrey ha alternado con actores como Renán Moreno, Enrique Paéz y Francisco de Luna, entre otros.

LLEGO PARA ACTUAR
La joven originaria de Bélgica tuvo la corazonada que en Monterrey podría estar su futuro profesional, que no visualizaba ni en Montreal ni en su ciudad natal.
“Como mi ilusión era actuar, la verdad no tenía ninguna oportunidad en Montreal. Pensé que podía intentarlo aquí porque no sé, tuve el presentimiento de que había algo aquí para mí”, confesó.
Ese pensamiento profético se cumplió. Al poco tiempo Catherine debutaría en los escenarios regiomontanos y llegaría a ser parte del gremio de actores de la localidad.
Aunque estaba consciente de que no sabía una palabra de español, aceptó el reto y con el apoyo moral de sus padres inició su nueva vida en lo que sería, además, su segunda patria, su segunda casa.
Con todo y su entusiasmo reconoció que sí hubo un choque cultural a su llegada, especialmente por las altas temperaturas que se registran en el verano, además de la complicación natural que le generaban los problemas de comunicación.
“A los cuatro o cinco meses podía hablar con el taxista. Es decir, vamos de un punto A a un punto B. También podía ir al super y pedir cosas simples, pero todavía no podía entablar una conversación”, señaló.

ASISTENTE DE RENAN
Pero para la extranjera que quería ser nuevoleonesa, la barrera del idioma tenía que ser superada, y para lograrlo tuvo lo que ella calificó un buen “empujón” cuando hizo sus primeras prácticas dramáticas.
“Una noche fui al teatro con mi amigo y él me dijo: ‘mira, ese chavo es Renán Moreno’, un gran actor local, y como él lo conocía, me lo presentó. Recuerdo que faltaban unos cuantos minutos para que empezara la obra y Renán muy amablemente me dio su teléfono.
“Yo no podía creer que un actor muy reconocido en este medio le hubiera dado su teléfono a una desconocida. Le estuve marcando varias veces, pero él en ese momento estaba muy ocupado con la obra Me casé con un idiota; entonces le pedí a mi amigo que me hiciera un ‘guión’ sobre lo que quería decirle a Renán en español y me lo memoricé como si fuera a actuar en una obra”, destacó.
Ese detalle, agregó, llamó la atención del actor regiomontano, quien le propuso que fuera su asistente en un grupo de teatro que tenía en la Facultad de Psicología de la UANL.
“Sin hablar el español iba a ayudarlo. Apuntaba los trazos, todo en francés, pero me fijaba lo que hablaban los demás y fue así como poco a poco aprendí a hablar el español. Luego una actriz se fue y Renán me dio su personaje. La obra se llama Nuestra Natasha”, precisó.
Posteriormente, Alejandro Nanni la invitó a formar parte del elenco de Intimidades, cuya temporada duró aproximadamente un año en diferentes espacios.
La que marcaría su debut dentro del teatro comercial fue Mata Hari, Vestida para Espiar (2005), donde compartió créditos con el mismo Renán, Enrique Páez , Sergio Esquivel y Gilberto Trejo.
En esa puesta en escena que llegó a las 100 representaciones, la actriz belga tuvo el reto de realizar tres personajes muy diferentes: una argentina, una inglesa y una rusa, pero el que más trabajo le costó fue la primera.
“Cuando estaba ensayando el personaje de la argentina, Renán se sentó conmigo no se cuántas tardes y como una melodía me decía cómo tenía que marcar el acento argentino, porque para mí no había diferencia entre el español que se habla en México y el que se habla allá”, señaló.
Su buena suerte continuó porque al terminar Mata Hari le hablaron para participar en Frankenstein, el Regreso, una adaptación de Mel Brooks donde interpretó a Inga, la asistente del doctor Frankenstein.

CLASES, DRAMA Y ROMANCE
Mientras Catherine iniciaba su carrera en el teatro local, también tenía que establecerse económicamente y no tuvo problemas para encontrar trabajo como maestra de francés en el Instituto Culinario de México (ICUM) y en la Facultad de Derecho de la UANL.
“Soy maestra de francés en el ICUM y en la Uni también doy clases en la Facultad de Derecho. Sin querer descubrí que me gusta mucho enseñar. Tal vez es de familia porque mi hermana, France, es maestra de primaria”, apuntó.
También aquí descubrió otra faceta: ser escritora. Desde hace poco más de tres años Benich es integrante del Taller de Dramaturgia dirigido por el reconocido maestro de teatro, Hernán Galindo.
En el pasado mes de agosto, una de sus obras Los Arboles de la Vida participó en el ciclo de lecturas Teatro para la Oreja, al igual que otras de sus compañeros del Taller.
En el mismo, la polifacética joven conoció a su novio, Alan García, un novel cineasta cuya opera prima (Parpadeo), también marcó su debut en cine.
“Mi novio es mexicano, se llama Alan García, y está en el medio artístico. Me dirigió en una película suya, que se llama Parpadeo y era la primera vez que yo actuaba en cine; fue una gran experiencia porque es el teatro es mi ambiente y en el escenario me siento como en casa, mientras el cine es completamente diferente, pero él hizo sentirme segura”, relató.
García y Benich sostienen una relación sentimental y laboral, ya que colaboran juntos en sus respectivos proyectos. Ella también actuó en el corto Deseos Reprimidos, dirigido por su pareja.
“Tu necesitas alimentarte. No puedes estar esperando en tu casa a que te hablen para trabajar. Seguramente habrá muchos que lo hacen así, pero yo creo que hay que moverse, tener muchas facetas; puedo actuar, escribir, ser productiva”, reflexionó.
Finalmente expresó que desea hacer su vida en Monterrey y en un futuro formar su propia familia, sin perder el contacto con sus padres Bruno y Arlette, su hermana France y su sobrino Jean.
“Yo me siento parte de aquí, sentía que había algo aquí para mí”, subrayó.

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