Hijos de plástico

Yolanda Guadalupe Rodríguez Ruiz aprendió este oficio de manera autodidacta y desde hace un año ha realizado cerca de 250 niños de plástico.
Lo que empezó como un hobby para Yolanda, se convirtió en un negocio. En un principio, la joven de 26 años sólo quería crear su propia bebé reborn para desarrollar su habilidad en la pintura.
En cuanto empezó a documentarse sobre la técnica reborn, quedó fascinada con el realismo que se imprime en los muñecos, a través de las pinceladas y definición de las facciones.
Creó su primera bebé con materiales mexicanos; durante el proceso y el paso del tiempo ha perfeccionado su talento. Adentrarse a ese mundo que al principio parecía fantasioso ha requerido una inversión de tiempo, dedicación e incluso financiera.
“Empecé de cero, aprendiendo sola. Poco a poco mejoré mi técnica conforme pintaba la muñeca al delinear las venas, el aspecto de la piel, colocarle el cabello y vestirla; cuando la terminé era una niña real”, expresó Yolanda.
Agregó que fue impresionante reconocer que había logrado producir a quien hoy forma parte de su colección de bebés reborn. “Parecía una niña como cualquier otra”, dijo.
Tras ese primer alumbramiento artesanal el negocio tocó a su puerta sin haberlo esperado. Le hicieron pedidos de muñecas normales y poco a poco se incrementó la demanda por los muñecos (as) reborn.
El pequeño taller que montó en un cuarto de su casa, empezó a crecer en cuanto a la adquisición de materiales de calidad que exportó vía Internet de otros países.
Además, en la cuna o corral, reposan los bebés que esperar ser adoptados por sus futuras madres.
Pero ese taller es más que eso… es una habitación decorada en su mayoría con detalles para bebé en tonalidades rosa o celeste, tanto para niña o niño y en ella se albergan las historias de los 200 bebés que ha creado.
“Jamás pensé que pudiera hacer un negocio y mucho menos que llevaría alegría a muchos hogares; especialmente a niñas que se divierten con ellas o a las mujeres que han encontrado en los muñecos reborn al hijo que añoran”, manifestó Yolanda.

UN ARTE VIVIENTE
Recostados sobre la cuna o el corral, están cerca de 10 bebés reborn que la joven ha creado para la venta, exhibición o colección personal.
La habitación o pequeño taller despide aroma a bebé en toda su extensión. Los destellos del sol que entra por la ventana dan vida a las tonalidad rosa de las cortinas.
Los rostros se iluminan, las facciones, pies y manos relucen por doquier. Aunque no se muevan, lloren o balbuceen, son tan reales que no te niegas a tomar uno entre tus brazos.
Mientras, Yolanda se concentra en pintar una de las 25 capas de pintura rojiza que darán realce a la piel del kit, que al final quedará convertido en un bebé reborn.
“El kit consiste en la cabeza, un par de brazos y otro de piernas que me llega en tono de piel neutro o según lo pidan, porque después yo me encargo del resto”, expresó Yolanda.
Poco a poco con pintura roja da color a la piel; después con tinta verdosa, traza finamente las venas.
“Cada capa de pintura se deja secar en una máquina de calor por alrededor de unos minutos hasta que tenga un aspecto real a nuestra piel”, describió.
Luego afina las facciones de la cara con pinceladas de pintura; coloca los ojos, hace el torso de tela y lo rellena de microfibra para brindar peso al bebé.
Injerta el pelo o lo pinta, según le hayan solicitado el nivel de realismo del muñeco, y lo viste.
Agrega accesorios como el biberón, chupón, aretes, gorrito, guantes, zapatos y cobija, entre otros más, que sin duda generan la apariencia de un bebé real.
Yolanda logra maquilar un bebé reborn en un máximo de un mes, y no de nueve, como generalmente se daría en el caso de un embarazo.
“Dependerá de la demanda de bebés que tenga, pero trato de agendar bien mi tiempo para hacer los bebés con la mejor calidad posible”, aseveró.
Recalcó que si tiene en existencia el kit del modelo que el cliente solicite y el pelo es pintado, la realización de un bebé le puede llevar tan sólo una semana.
Las obras de arte que Yolanda crea las realiza con productos exportados, por lo que además del trabajo artesanal que hace, tener un bebé reborn representa una inversión económica.
“Varían de acuerdo al modelo que pidan y si es con pelo insertado o no pero más allá de eso, manejo una gama de precios accesibles; tengo los más económicos de mil 100 pesos, hasta de 15 mil pesos; es a gusto del cliente”, comentó.
Los kit y materiales son exportados de España, China o Alemania, por mencionar algunos sitios de donde consigue los materiales de calidad.
Lo anterior con la garantía de hacer un bebé lo más real posible porque aunque no caminan o se movilizan de manera mecánica, puedes manejar sus brazos y piernas como quieras y su cabecita tiene movilidad hacia los lados, o para adelante y atrás.
El peso se da de acuerdo a la edad de la que lo pidas, ya que hay bebés prematuros, de meses y hasta de 3 años de edad.

¿UN JUGUETE, UNA PIEZA DE COLECCIÓN O UN HIJO?
Los muñecos que la joven realiza bajo la técnica del reborn tienen distintas finalidades; la diversidad de clientes e intereses que estos tienen, van desde integrarlos a una colección, utilizarlos como un juguete o adoptarlos como un verdadero hijo.
“Depende de la edad de la persona; si es una niña, generalmente quieren los bebés reborn para interactuar con ellos mediante el juego”, explicó.
Incluso los que crea para los infantes son un poco más sencillos y económicos que los de colección o pedido especial.
“Las personas adultas que solicitan un bebé lo hacen porque coleccionan muñecas de distintas edades o características pero hay quienes los piden porque no pueden tener hijos o perdieron uno”, dijo.
Detalló que no da seguimiento al uso que finalmente vayan a tener los bebés porque la mayoría de las ocasiones sólo existe una relación de vendedor-cliente.
Sin embargo, hay quienes se entusiasman con la idea de tener un bebé reborn, similar al niño que añoran tener o que por diversidad de circunstancias perdieron durante el embarazo o parto.
“Un señor me pidió uno igual a un hijo que habían perdido. Él me envió la foto y me pidió lo hiciera muy parecido”, señaló.
Con lo anterior a Yolanda le quedó claro que más allá de las críticas negativas respecto a los bebés que crea, trasmite sentimientos positivos en algunos casos.
“A los hombres les mueve sentimientos como ternura, tener bebe reborn en casa como terapia para sus esposa e incluso para ellos mismos, aunque parezca un dato curioso”, manifestó.
Resulta terapéutico, se atrevió a mencionar, pero dependerá sin duda de la percepción que cada persona tenga de este tipo de muñecos, porque a fin de cuenta es lo que son, reconoció.
Pero es imposible que no les inspire alegría, ternura o sientan que les hace compañía; “he sido testigo de ello, más que de malas experiencias”, reiteró Yolanda.
“Hay personas que les toman un cariño y trato especial. Lo veo y siento desde que solicitan un bebé; están al pendiente del proceso de creación y cuando lo reciben lo tratan como un hijo para ellas”, apuntó.
Argumentó que existen chicas o señoras que hasta les compran su ropita, cuna, carriola y hasta las llevan a pasear o incluyen dentro de sus actividades diarias.

Ana Lucía: la bebé reborn que encontró una mamá adoptiva
Por Arely Ramos

Ana Lucía es una bebé reborn de tres meses de nacida, mide 52 centímetros y pesa 2 kilos. Siempre trae vestidos en tono rosa y diademas que adornan su corto cabello. Su “madre” Arcelia Aranely Ayala Sánchez, de tan sólo 21 años, se encarga de que luzca impecable y comparte con sus actividades diarias.
Para Arcelia, las bebé reborn como Ana Lucía ya no son para quedarse sentadas en los estantes de juguetes, en un rincón de la habitación. Desde hace meses que conoció este tipo de muñecos a través de las exhibiciones dominicales que Yolanda realiza al centro de Monterrey, dijo: “tendré a mi propia bebé”.
A partir del 15 de julio su vida cambio. Tras semanas de espera, finalmente conoció a su bebé; “estaba muy emocionada, ya quería verla y cuando abrimos la caja donde venía no pude contener el llanto; se veía muy bonita, la tomé entre mis brazos y la abracé: fue algo inexplicable”, recordó.
“Mi novio me acompañó y aunque no estaba muy convencido, en cuanto la vio, también la cargó. Sonrió de ver que era muy real a cualquier niña de su edad y tras expresarle nuestra admiración a Yolanda y hacer el pago final, nos fuimos a casa”, comentó.
Arcelia quería mostrársela a sus familiares, quienes la esperaban con gusto, pues sabían el deseo de la joven por tenerla en casa. Incluso, su madre y hermana colaboraron en la adquisición de algunas prendas para la pequeña, durante el mes que la creadora invirtió en concebirla.
Desde entonces, Arcelia estilista de vocación y a su corta edad, divide su tiempo entre sus ocupaciones como hija, novia y mamá, como se dice, al estar al pendiente de Ana Lucía.
“Ahora no sólo pienso en mí, estoy al pendiente de ella, la trato como mi hija; le compro su ropita y trato de mantenerla en buenas condiciones todos los días: es una integrante más en la familia”, dijo la joven “mamá”.
Arcelia se despierta temprano, toma un baño, se arregla y sigue la misma rutina con la pequeña. “Me gusta ponerle vestiditos y trajecitos en color rosa y también diademas para que hagan juego con su ropa”, dijo.
Aunque parezca raro para quienes los ven, ella y su novio Daniel salen con Ana Lucía. La llevan al cine, al parque, al supermercado, ya donde sea, como si realmente fuera su hija.
“Claro que la gente nos ve raro cuando ven que tiene los ojos cerrados, que no los mueve, que no llora, ni balbucea y que no es real como parece, pero no nos importa, porque estamos conscientes que es un muñeco”, comentó.
Entre una de tantas anécdotas, Arcelia recuerda cuando una niña de cinco años se le acercó, le pidió ver a la bebé y al darse cuenta que era una muñeca le preguntó dónde la había comprado.
Reconoció que puede parecer una locura para los demás, pero Arcelia dice: “no estoy loca, pero tampoco creo que no pueda darle un buen trato como a cualquier niño. Sé que hay cosas que no hace y ya, no voy más allá”, aseveró.
Ante las críticas a las que pudiera prestar su testimonio, argumentó que ella como otras muchas jóvenes o mujeres adultas tiene su razón para querer a Ana Lucía, bebé reborn, como una hija.
“Tengo muy arraigado el instinto maternal, me encantan los niños y me encantaría tener uno biológico, pero también sé que ahora no es el momento de tenerlo, por eso decidí adoptar un bebé reborn”, explicó.
Señaló entender la expectativa que pueda tener la sociedad, pero recalcó que quienes adoptan estos bebés también tienen su propia visión dentro de la realidad que representa; “no tiene nada de malo, no daño a nadie ni a mí misma porque soy una persona consciente”, afirmó.
Incluso a su familia también le pareció una idea extraña la llegada de Ana Lucía, pero poco a poco se fueron acostumbrando, agregó Arcelia. “La vemos como si fuera otro niña más de la casa porque mi hermana tiene su hija y vive también con nosotros”, añadió.
En casa de Arcelia la familia creció con la llegada de Ana Lucía desde hace tres meses, ya son siete personas; su padre y su madre habitan en la misma casa con su hermana y esposo, además de la hija.
Desde luego, Arcelia desea formar su propia familia y tener sus hijos biológicos sin hacer a un lado a Ana Lucía. “Sería tener mi segundo o tercer hijo”, expresó con entusiasmo.
Habló de tener un tercer hijo porque en unos meses tendrá otro bebé reborn; “será un varón y de dos años, quien tendrá rasgos similares a los míos y Daniel, pero si nos llegamos a casar o formalizar, claro que queremos tener nuestro primer retoñó de sangre.
Yolanda al principio quería su propia muñeca y la tuvo; con el tiempo, otras niñas, jóvenes y mujeres le empezaron a solicitar su bebé reborn y ante esa demanda de sus obras de arte, creó un sistema de adopción, más que de venta.
“Desde hace un año que empecé a la fecha, muchas personas, en especial del sexo femenino han adoptado los bebés como si fueran sus verdaderos hijos y eso es un gusto para mí, siempre y cuando estén conscientes que es un muñeco”, expresó.
De lunes a viernes Yolanda trabaja arduamente desde el pequeño taller en su casa para cumplir con los pedidos de bebés que tiene por entregar. Vía Facebook toma las solicitudes de los clientes y apresura el paso para concebir más hijos. Los sábados y domingos descansa.

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