No me gusta el fútbol.
No soy aficionado; me aburre y prácticamente solo lo veo cada cuatro años, cuando se juega el Mundial. Sigo los partidos de México, las finales y, quizá, alguno que otro en el que juegan las grandes estrellas.
Sin embargo, este Mundial tiene algo especial por dos razones muy claras para mí:
1.- La Selección Mexicana llegaba con expectativas muy bajas después del desastre de Qatar. Sin duda, lo que ha conseguido hasta ahora ya superó lo que la mayoría esperábamos de ella.
2.- Hacía más de una década que no veía al país tan unido alrededor de una misma idea o causa.
La crispación política y la radicalización de las posturas nos habían mantenido divididos durante mucho tiempo.
Y eso, para mí, es el mayor logro que ha tenido la Selección hasta hoy.
Sé que el fútbol no resolverá los problemas que tenemos y que, probablemente, este sentimiento de unidad será pasajero.
Pero qué bueno es ver al país vestido de verde, cantando Cielito Lindo y El Rey al unísono.
¡Ya hacía falta!







