El gran valor de Hollywoodgate como documental, es el atrevimiento de su director egipcio Nash’at de promover y obtener permiso para meterse en el corazón del régimen talibán, en Afganistán, un país prácticamente sin ley, donde se impone un gobierno represor, desorganizado y enemigo de Estados Unidos. Con esa anuencia, se pueden ver imágenes inéditas de lo que es un país depauperado por las consecuencias nefastas del fundamentalismo.
Acompañado de un equipo de producción reducido y bajo la amenaza de muerte, si no se ciñe a las instrucciones de sus guías, el cineasta sigue durante todo un año, según se explica, a dos líderes del Ejército afgano, en su recorrido por Kabul, mientras exploran un gigantesco enclave de la CIA en la ciudad, que fue abandonado después de que el Ejército invasor decidió retirarse, tras tomar el país luego del atentado a las Torres Gemelas. El lugar es conocido como Hollywoodgate.
Lo que encuentran los soldados talibanes, y que es registrado por la cámara periodística, es una especie de tesoro de 7 mil millones de dólares en equipamiento militar con helicópteros y aviones de combate, así como computadoras, y suplementos y medicinas, que no pudieron llevarse los americanos en su retirada.
Con situaciones que hasta parecen risibles para los espectadores de occidente, se aprecia como los jefes del ejército local toman decisiones impulsivas para reactivar las aeronaves y para inspeccionar todo el lugar. No hay planeación ni programación. Todo parece seguir un patrón de ocurrencias del líder que da órdenes conforme va encontrando esto y aquello. Son mostrados como trogloditas fascinados con el descubrimiento de la tecnología bélica. Cuando entran al gimnasio ultramoderno con decenas de caminadoras, el jefe pide que le lleven una a su casa.
Entre tomas, se entrevistan a afganos. Uno de ellos habla, como una ilusión, su esperanza de poder, algún día, descargar sus armas sobre los infieles estadounidenses, para destruirlos, antes de ser inmolado y alcanzar el cielo del Islam.
Los fieros combatientes que son captados con la cámara murmuran su desconfianza hacia los cineastas. Muchos de ellos lamentan su presencia, pero sin poder actuar, pues saben que los visitantes tienen permiso de los jerarcas. Pero suponen que, como es frecuente, los periodistas que los están registrando tienen conexiones con servicios de inteligencia de occidente a los que podrían pasarle información valiosa de la nación.
El país ha retomado su normalidad, tras la retirada en el 2021 de los guerreros indeseables que llegaron del continente del otro lado del mundo. El régimen militar ha sido restaurado y con ello, regresan todos los horrores de la represión al ciudadano y, principalmente, a las mujeres. La cámara indiscreta obtiene imágenes de cómo es el centro de Kabul en una hora de mayor tráfico. Se muestran estampas de una ciudad empobrecida, carente de regulaciones, saturada de coches y motocicletas. Todo es caótico. La postal más escalofriante de todas es la de las mujeres cubiertas con sus túnicas que no les permiten revelar ni un centímetro de su piel, mientras yacen postradas en la banqueta en posición que parece de mendicantes. Su obligación sagrada es permanecer tapadas. Una mujer que expone su cuerpo, dice uno de ellos metafóricamente, es como un chocolate que cae al piso. ¿Quién va a querer comérselo, si está lleno de suciedad?
El documental muestra lo que antes no se había visto en esa nación desértica. Pareciera una comedia si es que no fuera realidad. El desfile militar al final, se ve como una sátira bufa de la dictadura, pero es una verdad que se impone por la fuerza. Los visitantes de otros países llegan a la ceremonia y contemplan con evidente sorpresa y azoro bien disimulado, la forma en que se viven esos rituales cívicos.
Todo lo que se muestra es lo que Nash’at pudo filtrar a través de los permisos que le otorgaron sus contactos en el Talibán. Queda la sensación de que hubo algo de metraje con imágenes, más crudas aún, que no pusieron ser transmitidas, por las amenazas que pendían sobre él y su crew.
Hollywoodgate es una pieza de intrépido periodismo que muestra cómo es un rincón oculto del mundo, donde el extremismo provoca que las personas vivan en algo parecido a la barbarie.
@LucianoCampos G




