La buena: el Nacional de Ligas Pequeña de Beisbol (categoría 11-12 años) por fin terminó ocho días después de lo programado, con la victoria del equipo Swing Perfecto de Chihuahua que representará a México en el Mundial de Williamsport, Pennsylvania.
La mala: el subdirector nacional de Ligas Pequeñas en México, Mario Baca, seguirá en su puesto después de enlodar la competencia tratando de beneficiar a su hijo, Daniel Mario Baca junior, que a producto de gallina quería que, como manager de la Linda Vista, ganara el torneo.
Para quienes no están embobados con el futbol y creen que más allá de Tigres y Rayados no hay vida deportiva, seguramente supieron del escándalo y la pestilencia a trampa que hubo en el Nacional que inició en Guaymas, se cambió a Ramos Arizpe y regresó a Guaymas.
Entrevistado por Hora Cero Deportes en la inauguración de un torneo latinoamericano precisamente en su parque de la Linda Vista en el municipio de Guadalupe, el señor Mario Baca aceptó que había renunciado a su cargo pero que su decisión no fue aceptada.
¿Pero cómo explicarle a un niño entre 11 y 12 años que sus sueños deportivos se fueron al carajo por culpa de los adultos? ¿Y cómo decirle a los adultos que por su ambiciones personales pueden cortan las alas a los menos culpables: los niños?
Desde 2009, cuando la Liga Treviño Kelly de Reynosa ganó el Nacional y su pase al Mundial de Ligas Pequeñas de Williamsport, Pennsylvania, como periodista he seguido muy de cerca y organizado coberturas de Hora Cero.
Cierto, otros colegas sobre todo de Monterrey, tienen mayores conocimientos como Héctor Bencomo, quien en 1997 narró en vivo para la radio el último campeonato mundial de la Liga Linda Vista de Guadalupe, Nuevo León, que puso al borde del infarto a miles de aficionados al beisbol en la sexta y última entrada.
Pues bien, 28 años después de que México no ha ganado el título en Williamsport, es precisamente la Linda Vista quien ensució lo que debería ser una competencia limpia entre niños de esa categoría, quienes desde muy pequeños tomaron en sus manos un bate, un guante y una pelota.
En Guaymas, Sonora, sede del Nacional de Ligas Pequeñas, estalló el escándalo cuando se deberían jugar las semifinales el domingo 13 y la final el lunes 14, esperando la icónica foto de los pequeños corriendo con banderín de campeones.
Sin embargo pasó lo que, al menos en mi experiencia de 16 años y con cinco viajes a Williamsport encabezando a reporteros de Hora Cero, nunca me había tocado escribir y que inició con una protesta de equipo Sector Pesca de Guaymas por un supuesto jugador “cachirul” de la Linda Vista.
Y como en cada historia hay un villano, éste personaje fue Mario Baca que, por el bien del beisbol pequeño en México, bien haría en recapacitar en su renuncia, ya que en 2024 también hubo otra situación similar en el equipo Gallos de San Nicolás.
El año pasado durante el Nacional los Gallos fueron retirados de la competencia cuando se detectó un jugador “cachirul”.
La diferencia entre San Nicolás 2024 y Guaymas 2025 fue que, ante la queja, en el primer caso los directivos de las Ligas Pequeña de Beisbol de México investigaron y dieron la razón a la Matamoros AC o Villa del Refugio (aunque nunca se supo quién impugnó).
Mientras lo que sucedió en Sonora en días pasados rayó entre lo irracional, absurdo y sospechoso, cuando Mario Baca decidió cambiar la de Guaymas a ¡Ramos Arizpe, Coahuila!, para darle todas las ventajas a Baca hijo.
En estos días me he preguntado: ¿por qué si se argumentó que no había las condiciones de seguridad en el parque sede para llevarse a cabo las semifinales y final como lo manifestó Baca papá -versión desmentida por las autoridades municipales de Guaymas-, por qué no irse a Hermosillo que está a sólo 117 kilómetros?
Porque de Guaymas a Ramos Arizpe la distancia por carretera es de mil 533 kilómetros, mientras que sólo 90 kilómetros separan a Guadalupe de Ramos Arizpe. ¡Qué casualidad!
En mi experiencia he visto que hay ligas que están formadas por núcleos de clase media, no como la Linda Vista o Matamoros AC cuyos peloteritos, managers, directivos, papás y mamás se pueden dar el lujo de viajar en avión, como lo volvieron a hacer al regresar a Guaymas a disputar su semifinal y la final que perdieron ante los chihuahuenses.
En 2019 la Liga “Mala” Torres de Guadalupe representó a México en Williamsport y, me consta, la mayoría de los familiares viajaron en autobús más de 30 horas. Fue un verdadero viacrucis.
Y pensar que a más de 30 años del caso de los “cachirules” que dejaron fuera a México del Mundial de Italia 1990, sus protagonistas se quedaron como niños de pecho comparados con lo sucedido en este lamentable caso.
Todo parece que desde la sede mundial del beisbol pequeño en Williamsport el caso está cerrado, pero el tiempo lo dirá.
Y si alguien duda de que deben rodar cabezas en México en el deporte que es una religión en Estados Unidos, pregúntenle a Donald Trump cuando sepa del escándalo que protagonizaron los de apellido “Cow” que se llevaron entre las patas los sueños de niños beisbolistas.
x: @hhjimenez



