En este universo de espías, todo lo que no puede ser revelado pasa a ser Código negro.
La nueva aventura del genio Steven Soderbergh es una compleja trama de traiciones en la que está en juego la lealtad en un nivel extremo, con la vida y la muerte como apuesta.
Kathryn (Blanchet) y George (Fassbender) son una sólida pareja de agentes encubiertos en el nivel más alto de la inteligencia británica. Son apreciados como un matrimonio estable y muy capaz en su trabajo.
Hasta que se detecta una brecha de seguridad en el complejo sistema de vigilancia internacional, lo que implica una posible traición en la que los dos son señalados sospechosos. George entonces debe encontrar la verdad, lo que implica, en el peor de los casos, eliminarla a ella. Y por obligación con su país, está dispuesto a hacerlo.
La cinta es de lento desarrollo, pero con una asombrosa exhibición de talentos, encabezados por los protagonistas magníficos. Prodigiosos y magnéticos, dominan la escena completamente, ayudados por el director que los pone en el centro de la acción en prácticamente cada escena, colocándolos en el mejor ángulo de una cámara que los adora.
Las escenas son largas, lo que permite privilegiar los diálogos, con un intercambio de información muy precisa, relacionada con amenazas globales y geopolítica. El guionista David Koepp, una de las plumas sagradas de la industria, crea escenarios con una precisión de guerra bacteriológica, industrial y radiactiva, a través de secretos robados, que pueden cambiar la faz del planeta. Las notas de producción señalan, como se ve, que se asesoró con espías reales.
Por supuesto, las acciones de quienes comercian deshonestamente con la información ultra secreta puede provocar una catástrofe masiva con el resultado de decenas de miles de muertes.
A fuego lento se va cocinando la trama. El progreso de los hechos es pausado y es necesario hacer acopio de paciencia para ver los resultados de este intercambio de engaños, en el que todos creen que el compañero es culpable y donde también, todos se muestran como inocentes, aún sometidos al implacable polígrafo.
La historia, por momentos, deja su perspectiva de conflicto de infiltrados y se transforma en un drama familiar y hasta romántico. La pareja está tan compenetrada en su oficio que considera una anomalía la irregularidad que enfrentan en medio de las sospechas mutuas que, en apariencia, los hacen dudar mutuamente.
Llama la atención su química, como si fueran un matrimonio de la realidad, pues se comunican con una perfecta compenetración, como un equipo que se encuentra en lo más alto de su juego. Pero también, hay algunas escenas que mueven a suponer en una sutil comedia de matrimonios, donde las indagatorias que hacen como parte del trabajo los obligan a descubrir aspectos ocultos de sus vidas privadas, incluidas las infidelidades.
Queda, tras el epílogo de Código negro, una cinta de inteligentes agentes secretos moviéndose con mucho cuidado, en un escenario de sombras donde hay una traición en cada esquina. Hay escasa acción, pero montones de acertijos sembrados en el camino, para deleite de quienes buscan desentrañar enigmas elaborados.
@LucianoCampos G






