El refrán es tan famoso que hasta alguien se le ocurrió convertirlo en una canción.
“Pretextos quiere la muerte para llevarse al enfermo”.
El comentario viene a colación por algo que me ha tocado presenciar en las semanas recientes.
Dióxido de cloro, gárgaras de sal, té de eucalipto, agua calcificada, plata coloidal y no se cuántos remedios más han invadido las redes sociales y los grupos de WhatsApp.
La promesa siempre es la misma: usa alguno de estos fáciles menjurjes y estarás libre de la amenaza del Coronavirus.
Las explicaciones son tan estúpidas como variadas. Mi “favorita” es la que se refiere a cualquier bebida caliente: resulta que cuando ingresa al cuerpo humano, no importa que pueda ser por los ojos o la nariz, el virus se queda “estacionado” durante cuatro horas ¡en la garganta!
Por lo tanto, la temperatura del agua de un té caliente mata al bicho, que no puede soportar el calor.
Es más, quienes recomiendan esta babosada aseguran que cuatro dosis diarias de este remedio es suficiente para hacernos inmunes al Covid-19.
Y conste que estas soluciones son los “inofensivas”, porque hay quienes recomiendan la ingesta de la más variada cantidad de medicamentos, ignorando que todas las medicinas, tomadas sin la supervisión de un médico, representan un peligro para la salud del paciente, por aquello de las reacciones secundarias.
Nunca he podido comprender que en pleno Siglo XXI, haya personas que creen en estas tonterías, sin embargo así sucede y aunque estoy seguro de que en algunos casos es por simple y llana ignorancia, también estoy convencido que hay quienes creen estas sandeces porque así les conviene.
Me explico: Ya son cuatro meses de pandemia, cientos de días de encierro, de una nueva realidad que muy pocos han podido asimilar.
Todos extrañamos los tiempos en que podíamos salir a donde los pies pudieran llevarnos, los días -y noches- en que podíamos dejar a nuestros niños en una guardería, con la abuela, con la muchacha y hacer nuestra vida como nos plazca.
Los meses de encierro nos obligaron a una convivencia permanente no solo con nuestros hijos y pareja, sino lo que es peor: con nosotros mismos.
Meses y meses de cuarentena nos tienen hartos y para muchas personas cualquier remedio, por increíble que sea, sirve para justificar nuestra decisión de que vamos a salir a la calle, sin importar que en ello nos estamos jugando tanto nuestra vida, como la de nuestros seres queridos y compañeros de trabajo.
Es más fácil creer que gárgaras de agua caliente con sal nos va a salvar del Coronavirus, que entender que debemos de soportar más tiempo encerrados, respetando la sana distancia, usando el cubrebocas, gel antibacterial y lavándonos las manos.
Quienes usan imanes para alinear sus chakras y fortalecer el sistema inmunológico, no lo hacen porque crean que esto verdaderamente funciona, lo hacen porque quieren creer que algo así sirve y, con ello, limpian un poco su conciencia por andar violando las medidas sanitarias.
Sin embargo, si algo nos ha enseñado este virus es que le vale madres el fastidio del encierro, la condición social, el dinero, la religión, la economía, el “tengo que trabajar”, el que ya estemos hartos de esta situación.
Si sales, aunque te cuides, y te topas con el Coronavirus en tu camino, te vas a contagiar y entonces cuidado, porque así como puede ser que resultes asintomático o, incluso, tengas algunos síntomas, también puede suceder que tus pulmones colapsen y entonces, que Dios nos agarre confesados.
Será ahí cuando “pretextos quiere el Covid-19 para llevarse al enfermo”.



