Sucedió en Reynosa pero pudo haber pasado en cualquier otra parte. En un salón de clases, días antes de la suspensión de labores por la pandemia del COVID-19, un grupo de alumnos universitarios dialogaban con su profesora sobre la actualidad en las noticias.
Cada uno de los jóvenes mencionaba algo que había visto en Facebook o Twitter, defendían sus opiniones contrapunteadas esgrimiendo argumentos que habían leído en los muros de algún amigo o conocido.
Cuando la discusión se encontraba en su punto más interesante una joven que no había participado en la conversación llamó la atención del grupo: estaba llorando desconsoladamente.
Al verla la maestra le preguntó qué es lo que le sucedía, la respuesta la sorprendió: “Lo que pasa es que ya estoy harta de leer y escuchar tantas noticias y videos, todo el día me están mandando cosas, ya no soporto, ya no quiero escuchar nada más”.
Podría sonar como un ejemplo extremo, sin embargo algunas personas han comenzado a mostrar fastidio e, incluso, angustia por la sobredosis de información a la que están expuestos en su vida diaria por las redes sociales y los medios de comunicación.
El concepto no es nuevo y se le llega a conocer como sobrecarga informativa, infoxicación o infobesidad. El término, del inglés information overload, fue acuñado en 1970 por Alvin Toffler en su libro Future Shock.
De acuerdo a Wikipedia la sobrecarga informativa es “un concepto generalmente usado en conjunto con varias formas de comunicación por computadora tales como el correo electrónico. Se refiere al estado de contar con demasiada información para tomar una decisión o permanecer informado sobre un determinado tema.
“Grandes cantidades de información histórica para analizar, una alta tasa de nueva información siendo añadida, contradicciones en la información disponible, una relación señal/ruido baja dificultando la identificación de información relevante para la decisión, o la ausencia de un método para comparar y procesar diferentes tipos de información pueden contribuir a este efecto”.
Hoy que las redes sociales y el Internet ofrece una gran cantidad de noticias y datos sobre temas como, por ejemplo, el COVID-19, hay quienes han comenzado a sentir fastidio o angustia por todo lo que les llega, como lo revelan los testimonios de algunas personas que atendieron una invitación a compartir vía redes sociales lo que están sintiendo en estos momentos.
Graciela Ramos escribió: “En las redes ya abruma el exceso de información verídica mezclada con la falsa. Es muy importante diferenciar una de otra porque el pánico ya se ha desatado. Considero que lo peor que puede uno hacer es estar pegada a la televisión escuchando el horror”.
Por su parte Alma Ramírez compartió: “Harta de ver tanto contenido basura y desinformación, pero sobre todo, tanta animadversión de todos contra todos. Que si alguien asume saber más que otro sobre el tema, que si lo juzga con base en decisiones tomadas voluntariamente o por disposición oficial. Que si las autoridades de cualquier nivel están haciendo bien o mal con las medidas que se van estableciendo. En sí, para mí es la confirmación de que las redes sociales son un ágora de gritos donde cada quien está sacando a flote tanto sus miedos genuinos e infundados, sus compulsiones y neurosis sus filias y fobias, su verdadero yo. Eso no significa que las redes no sirvan, pues sin duda son un medio de difusión muy eficaz, aunque como todo, si se usan con sentido común. Por eso ya estoy aplicando desconectarme buena parte del día y sólo consumir contenidos en horarios específicos”.
Saul Ramos escribió: “Tanta información verídica o no ha creado, creo yo, algo de confusión y angustia a la población en general; temas de salud, conspiración, economía, política llegan y saturan a todo el mundo con algo de histeria social, siento yo que eso es lo más peligroso, indudablemente es cansado ver tanto de un tema, sin embargo mientras mayor información se tenga mayor fácil puedes llegar a crear tu propio criterio. El mayor problema de nuestra cultura es que no nos informamos adecuadamente”.
Enrique González, médico, compartió: “El problema principal es la veracidad de esta información. Desde un punto de vista médico es desgastante ver tanta información falsa y tener que desmitificar y aclarar lo que si se debe hacer y que no”.
Y Lizz Santa Ana: escribió: “El espacio de mi teléfono está casi al borde de llenarse de tantos y tantos vídeos de gente burlándose de esta situación. Definitivamente cada quien lo vivirá como quiera, pero da tristeza cómo podemos hacer un chiste del sufrimiento de tantos”.
No hay duda que la sociedad actual se encuentra hiperconectada y uno de sus efectos negativos es, precisamente, el surgimiento de sentimientos de ansiedad, coincidió el doctor Jesús Castillo López, profesor asociado de la Escuela de Psicología de la Universidad de Monterrey (UDEM).
Autor de varios libros, Castillo López fue galardonado en el 2008 con el Premio Mexicano de Psicología, otorgado por la Federación de Colegios, Asociaciones y Sociedades de Psicología de México, A. C.
En entrevista el especialista reconoció que es irónico que la gente pueda angustiarse por toda la información sobre el COVID-19 que recibe en sus teléfonos inteligentes o computadoras y aún así no puede dejar estas dispositivos, por lo que recomendó que se les debe de dar un uso responsable.
“No es necesario estarse enterando en cada momento de lo que está sucediendo con la enfermedad porque llega a saturar el pensamiento cognitivo de la persona y hace que esté pensando únicamente en ese tema, lo que no es muy conveniente porque aumenta la ansiedad, la preocupación, el miedo y lo peor es que se pueda caer en el pavor o en el terror”, dijo.

Castillo López indicó que la gente debe de tener muy consciente de que aunque existe mucha información disponible sobre temas como esta pandemia, también debe de entender que existen canales oficiales que dan a conocer la realidad que se vive.
“La recomendación es estar atento a las indicaciones oficiales pero no estarse saturando de información del Internet. Yo creo que hay que poner atención a la realidad cercana a nosotros, lo que es básicamente nuestra familia, nuestra salud, persona”, apuntó.
El experto indicó que es muy común que alguien que se satura de información pueda llegar a bloquear su sistema de raciocinio, con lo que se corre el riesgo de que pueda a llegar a tener ideas delirantes.
“Hay algunas personas que tienen un tipo de personalidad que tiende a la preocupación, la gente que tiene el Trastorno Obsesivo Compulsivo reacciona de una forma mucho más extrema que el resto de la gente, a esas personas son las que no les conviene estar recibiendo mucha información.
“Cualquier estornudo, cualquier tos y la gente dice que está enferma, pensando que se contagió en alguna parte”, sentenció.
Sin embargo el cuidado no es exclusivo para quienes sufren de este tipo de afecciones, las personas quienes no las tienen también pueden verse afectadas con el exceso de información.
“Para todos nosotros la recomendación no es en balde, es decir, no saturarnos de la información, tranquilizarnos, hacer nuestra vida normal dentro de la casa y si estamos trabajando es dedicarle nuestra atención al trabajo que estamos haciendo, entonces es llevarse las cosas tranquilas.
El psicólogo apuntó que en estos tiempos en que hay que permanecer en casa, lo mejor que se puede hacer es involucrarse en actividades que ayuden a mantener la mente entretenido y si los niveles de ansiedad aún así crecen, entonces siempre ayuda hablar con alguna persona de confianza o, incluso, un profesional.
“Ayuda bastante porque permite que la gente se desahogue, entonces hablar con un amigo o familiares pero si la ansiedad es bastante extrema se debe hablar con un terapeuta, con un especialista en la salud mental para tener una orientación profesional adecuada. Platicar con personas de confianza ayuda bastante”, externó.
Además, está la opción de auxilio espiritual al que algunas personas pueden recurrir.
“Si la gente es muy religiosa entonces puede confesarse, hablar con un padre, orar, se puede organizar un Rosario con su familia”, señaló.
Por último el especialista manifestó que un detalle que tiene que tomarse en cuenta en estos tiempos de permanecer en casa, es la importancia de darse un tiempo fuera de la compañía de la familia, pues la soledad ayuda mucho a despejarse.
Ante ello indicó que es muy positivo que haya momentos en el día que la gente los dedique a sí mismo, haciendo algo que lo distraiga o guste.



