Y seguimos preguntando: ¿dónde están los 23?

Sus nombres no se gritaron en plazas públicas porque hacerlo no representaba una ganancia política para ningún partido.
Ningún guerrillero de teclado, de ésos que abundan en las redes sociales, exigió: “porque vivos se los llevaron, vimos los queremos”, pues ninguno de ellos era parte de las fuerzas progresistas o la resistencia ciudadana.
No hubo activista, ONG o grupo de la sociedad civil que le exigiera a gritos al gobierno justicia para sus familiares, pues ningún periódico o portal de Internet iba a publicar en primera plana estos reclamos.
Sus rostros no aparecieron en mantas colocadas en las calles de París, Madrid, Londres, Nueva York, pues allá sólo son otros más de los miles que un día se desvanecieron en tierras mexicanas.
Ellos no se subieron a un camión para protestar, cumplir la agenda de un grupo político o echarle a perder un evento público a un rival partidista.
Ellos subieron a un camión para buscar un trabajo en Estados Unidos, así como lo hicieron sus hermanos, sus padres, sus abuelos.
Lo hicieron por necesidad, porque su tierra no puede darles todo lo que necesitan para ofrecer una vida digna a sus familiares, porque no saben otra forma de hacer las cosas, porque en esa tierra emigrar se ha vuelto costumbre.
Ellos desaparecieron en una carretera de Tamaulipas y a nadie le interesó.
Sus maletas quedaron apiladas en un rincón de una agencia del ministerio público y no hubo quien se preocupara por reclamarlas.
Muy pocos quisieron contar su historia que, a años de distancia, sigue siendo una vergonzosa mancha en la funesta lista de desaparecidos en este país.
Han pasado ocho años desde que estos 23 hijos de San Luis de la Paz se esfumaron de la faz de la tierra.
Han sido 96 meses de mentiras, promesas rotas, engaños y burlas de parte de aquellos que han estado en el gobierno y solo dan largas para intentar quedar bien.
Hoy sus familiares han tenido que salir adelante. Los bebés son niños, los niños son jóvenes que, tristemente, ya analizan la posibilidad de tomar un camión a la frontera para buscar una mejor vida.
La vida sigue en Guanajuato, y aunque los corazones nunca logran sanarse del todo, hay que sacar fuerzas del dolor y seguir avanzando.
Hoy que los medios han retomado el tema de los migrantes desaparecidos en las carreteras de Tamaulipas y estas historias regresaron a las primeras planas, el recuerdo de los 23 de San Luis de la Paz se vuelve más poderoso.
Porque ¿si hace ocho años nadie recibió justicia, por qué habríamos de pensar que ahora sí va a suceder?
Hoy que los programas de televisión, publicaciones de redes sociales y notas de periódicos cuentan historias de los que dejaron sus hogares buscando el mal llamado sueño americano, se vuelve más urgente recordar que hace ocho años 23 familias gritaron a los cuatro vientos: ¿dónde están?
En ese entonces, como ahora, casi todos decidieron ignorar este lamento.
Hora Cero sí quiso escucharlos y aquí seguimos, con el puño en alto, pidiendo que los regresen con los suyos.

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