De Colombia a Monterrey


Aunque se crió en la montaña entre guerrilleros, a los 14 años Plutarco Manuel Urrutia Peña tomó el gusto por el acordeón. Desde entonces no ha parado de deleitar a chicos y grandes con su cumbia colombiana; incluso, llegó a tocar para el narcotraficante más sangriento en la historia de Colombia: Pablo Escobar.

Entre los caminos de la montaña, en la finca de su abuela ubicada en Montelíbano,Córdoba Colombia, Plutarco Manuel Urrutia Peña comenzó su romance con el folclor vallenato.
Apenas tenía 14 años cuando su tío José Domingo Urrutia le compró un acordeón para que empezara su historia con la cumbia colombiana, regalo que su abuela vio con malos ojos, porque pensó que sólo le serviría para perderse en el alcohol.
“Me crié en la montaña, en donde siempre se mantenían a tiros los guerrilleros; entonces un tío me regaló una acordeón porque quería que fuera músico, pero mi abuela no quería, decía que sólo íbamos a aprender a tomar trago.
“Pero mi tío decía: ‘déjelo quieto, déjelo quieto, la música es su futuro, canta bien’”, recordó.
Aunque su tío le pagó un profesor para que le enseñara lo más básico de su instrumento, practicando a todas horas del día y tocando ‘parranda’ (fiestas) para sus amigos, fue como Plutarco Urrutia perfeccionó su talento.
“Mi tío me buscó un profesor que no me tenía paciencia, pero uno no aprende así, uno necesita mucho tiempo y viendo a otras gentes que llegaban a la finca, aprendí algo”, expresó.
Tiempo después, con sus amigos Miguel Durán y Alberto Montiel se fueron para Medellín y ahí se abrieron paso para tocar en todo tipo de festivales en donde les permitieran.
“En Caucasia, Río Viejo, me encontré a Miguel y le dije que nos fuéramos para Medellín. Me contestó que no tenía dinero y le respondí que yo se lo pagaba el tickete, que lo importante era estar en una ciudad más grande.
“En todo caso, así comencé con mis compañeros y casi de manera inmediata nos comenzaron a coger para tocar cumbia y ‘parranda’, y en festivales como La Feria de las Flores; recuerdo que la primera canción que toqué para un público grande fue la del 039”, rememoró.
Una vez en Medellín, buscaron donde grabar sus propias canciones, pues para entonces ya tenían un buen repertorio listo para ser pulido en un estudio de grabación. Su primera canción grabada fue una cumbia titulada El Gusanito.

GRANDES COMO ÉL
Comenzó el ascenso musical de Plutarco Urrutia y con ello los grandes bailes en hoteles como el Intercontinental, en donde sólo se presentaban los músicos reconocidos de esa época.
Tiempo atrás había conocido a Alfredo Gutiérrez, otro referente del folclor vallenato.
Plutarco platicó que Alfredo Gutiérrez era un joven con talento nato que refinó su estilo tocando en los autobuses de Palo Quemado, tiempo después saltó a la fama y subió como espuma en un vaso de cerveza.
“Alfredo es de Palo Quemado, ese ‘man’ es más pequeño que yo, se subía a los buses y deleitaba a todos con su acordeón.
“Recuerdo que me decían: ‘ese es el futuro acordeonero de esta región’, aquí no hay otro acordeonista como ese de berraco, compone, toca y canta”, recordó.
Ya en el ruedo musical compartió escenario con personajes como Lisandro Meza, Aníbal Velásquez, José Velázquez, Julio de la Osa, Alejo Durán y Luis Enrique Martínez “el Pollo Vallenato”.
Con su música recorrió todo el territorio colombiano y países como Perú, Ecuador, Venezuela, Panamá, entre otros.
“He tocado con Lisandro Meza y Alfredo Gutiérrez, éste último es buen amigo, él es jodido como uno, por eso le dicen “el burro leñero”.
“A Lisandro Meza lo conocí en una fiesta de Toros de la Corraleja, me preguntó que cómo me llamaba y ahí nació una gran amistad”, dijo.
Sin embargo, la compañía que más le dio satisfacciones fue cuando tocaba para Crescencio Salcedo, autor de melodías como El Año Viejo y La Cumbia Sampuesana, con quien realizó sus primeros viajes por el interior de Colombia.
“Crescencio Salcedo era un señor que no tenía una buena figura, pero componía muy bien.
“Su mayor éxito es la del Año Viejo, pero también tenía canciones como La Múcura, Mi Cafetal y Santa Martha, con esas cuatro canciones tenía mucho trabajo y yo le acompañaba siempre en el acordeón”, rememoró.
Con Crescencio Salcedo conoció a Aniceto Molina y Policarpio Calles, quienes no lograron quitarle su puesto de acordeonista a pesar del talento que poseían.
“Aniceto Molina tocaba con él, después llegó Policarpo Calles, pero dijo que lo dejaran quieto porque tocaba muy triste y me dejaron a mí, así pasé varios años con el maestro Salcedo”, contó.

PABLO ESCOBAR
Una de las historias que nunca olvidará fue cuando viajó a la Hacienda Nápoles para tocarle nada más y nada menos que a Pablo Emilio Escobar Gaviria, el narcotraficante más sangriento en la historia de Colombia, quien no dudó en derribar aviones o demoler edificios.
“Había un tipo que le llamaban ‘Sancocho’, ese era quien se encargaba de contratar la ‘parranda’ para Pablo Escobar; jamás tuve un contacto directo pero sí estuve en esa finca llena de lujos para tocarle al ‘patrón’ (como la mayoría lo llamaba)”, relató.
Cuando éste agarraba la fiesta en la plaza principal de Envigado, también se llenaba de músicos, y Plutarco Urrutia tenía el privilegio de tocar en un escenario aparte, no con todos los que amenizaban la rumba.
“Casi siempre se ponía a ‘parrandear’ en Envigado, en el parque del centro, ahí nos ponían, hacíamos la bulla y la policía no decía nada, todo era fiesta, había harto trago y todo era gratis, a nosotros nos daban nuestra buena paga”, comentó.
Detalló que para toda la gente del pueblo mataban marranos, y los más allegados a Escobar Gaviria disfrutaban las mejores comidas en los restaurantes del pueblo.
Eso sólo él sabe que es verdad, pero sus palabras toman credibilidad cuando su música se encuentra en plataformas digitales como YouTube, Spotify o Apple Music, además de los discos que vende él mismo en las calles del Barrio Antiguo en Monterrey.

SALIÓ DE COLOMBIA
Hace tres años salió de Colombia en busca de las regalías de varias canciones que ya sonaban en el territorio mexicano y que habían grabado grupos como Acapulco Tropical.
Sin embargo, en sus tres años de peregrinar por el territorio mexicano no ha podido obtener un solo centavo por la utilización de sus canciones.
“A mí me jodían mucho, mi música suena por Internet y allá no me daban nada. Me recomendaron que me viniera a Monterrey para recibir regalías porque varios grupos grabaron mis canciones, pero nada”, comentó.
“Acapulco Tropical me grabó una canción que se llama La Hojita, a un amigo le grabó la de Walter y nunca nos dieron algún porcentaje por el éxito que tuvieron años atrás”, precisó.
Estando en la Sultana del Norte ya grabó tres discos y recientemente estuvo en Radio 13, una de las estaciones del vallenato más escuchadas en Monterrey por personas que gustan de ese género.
Sus canciones pueden encontrarse en discos, YouTube, Spotify y Apple Music, entre otras plataformas digitales y a pesar de eso, sigue caminando por las calles de la ciudad del Cerro de la Silla con humildad.
A un lado de su inseparable amigo, Juan Bautista o ‘juancho’, le gusta visitar restaurantes donde venden comida colombiana, y en su transitar por las calles regias ofrece sus discos y hasta ofertas hace para que se lleven la colección.
Aunque no le ha ido como esperaba, ya promociona su más reciente sencillo titulado El Colombianito.
“El Colombianito es un tema que escribí para nuestro señor Jesucristo, quien a mis 78 años me sigue dando fuerzas para andar por la vida, sólo que le quité esa letra y le puse una mundana”, contó.
Plutarco Urrutia aún no sabe qué es lo que el destino le depara y sólo se encomienda a la voluntad de Dios, mientras sigue en la Sultana del Norte tocando “parranda” a sus amigos y a quienes lo deseen contratar.

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