Las voces del miedo por el acoso sexual

Todas las mujeres tienen una historia de acoso sexual sufrido en la calle, el transporte público, su trabajo o hasta su entorno familiar; desgraciadamente, la sociedad piensa que estas agresiones son comunes y no falta quienes acusan a las víctimas de “exageradas”. Un grupo de mujeres del noreste decidió romper el silencio y compartir sus terribles experiencias, para ver si así la sociedad siente un poquito de vergüenza.

Los mal llamados piropos como “mamacita” o “chiquitita”, “arrimones” en el transporte público, los besos “tronados” y los chiflidos, son el pan de cada día de las mujeres, quienes sufren de estas faltas de respeto prácticamente en todas partes.
El acoso sexual es un delito y una forma de violencia que expresa de manera verbal o física una connotación sexual sin que la víctima haya dado su consentimiento, explicó Zoila Mata González, asesora jurídica del Instituto Estatal de las Mujeres (IEM).
“El acoso y el hostigamiento sexual, aunque pueden llegar a parecer lo mismo, son distintos. La diferencia radica en que el hostigamiento se da en una relación de subordinación, de una persona que valiéndose de su posición jerárquica o de poder comete el abuso. Esta se puede propiciar en relaciones laborales de jefe y empleado, por ejemplo; mientras que el acoso sexual lo ejerce cualquier persona y no necesariamente alguien con mayor autoridad que la víctima”, aseguró la vocera de IEM.
Según un estudio del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en el 2017 se encontró que el acoso a la mujer se da mayormente en espacios públicos o comunitarios, con actos de violencia que van desde frases ofensivas, acecho y abuso sexual (manoseo y exhibicionismo obsceno).
La investigación revela que el 65.3 por ciento de la violencia ejercida contra las mujeres se da en la calle, el 13.2 en los camiones y el 6.5 en el metro. En menor medida también sucede en centros comerciales (con el 5.2 por ciento), viviendas particulares (2.9 por ciento), fiestas y reuniones (1.9), antros y bares (3.8) taxis y servicios como Uber y Cabify (1 por ciento), e iglesias y templos (0.3 por ciento).

PREFIEREN CALLAR
Zoila Mata explicó que los acosos y abusos sexuales que se cometen contra mujeres son momentos “traumáticos y dolorosos” que ellas preferirían olvidar.
“Es difícil para una mujer hablar sobre lo que le ha pasado. Es (tan) doloroso y vergonzoso que prefieren callarse para evitar problemas, y por esta razón los delitos sexuales se quedan impunes.
“Hay mujeres que deciden contarle al psicólogo lo que les ha sucedido hasta después de la cuarta o quinta sesión. Es tan difícil para ellas que alguien las esté acechando”, aseveró.
Aunque en el Código Penal del Estado de Nuevo León hay castigos para el responsable del delito de hostigamiento y acoso sexual, muchas féminas prefieren callar por miedo a la opinión pública, que las juzga severamente, incluso más que a los propios artífices de la violencia.
“En la mayoría de los casos, la misma sociedad busca solapar al agresor con excusas que degradan a la mujer. Se les tacha de exageradas y se les hace pensar que es su culpa haber sido agredidas por la forma en que vestían, por caminar solas en las noches o por tener amigos del sexo masculino. Incluso su propia familia las juzga y les dan la espalda”, aseveró.

LA AYUDA ES IMPORTANTE
Centros de protección como el IEM y Voces Femeninas asesoran a las mujeres para conocer ampliamente sus derechos.
La ayuda que el IEM da a las mujeres es gratuita y confidencial. Incluso, la institución atiende a personas de otros estados de la República Mexicana, quienes desean cambiar su estilo de vida.
La vocera del grupo asegura que no es necesario sufrir de la violencia para recibir asesoramiento.
“En el centro brindamos ayuda psicológica, jurídica y talleres de empoderamiento de forma gratuita. Ellas tienen la oportunidad de atenderse confidencialmente en un lugar donde les enseñen a quererse y respetarse. No importa la edad, nivel socioeconómico, estado civil o religión.
“Incluso impartimos cursos de cocina, belleza, administración, entre otros”, comentó.
Para aquellas madres de familia que desean tomar las capacitaciones, pero no tienen con quien dejar a sus hijos, pueden llevarlos al instituto, ahí hay una sala de juegos donde se pueden quedar mientras es atendida.
Por su parte, el IEM lidera la campaña Concientización en Movimiento, que consiste en una serie de charlas que se imparten en el transporte público con el fin de educar a hombres y mujeres sobre la violencia de género.
“Personal del instituto nos subimos a los camiones para recorrer la ciudad y realizar una pequeña plática, donde concientizamos a los usuarios para que respeten a las mujeres. La educación es muy importante en la prevención del delito, el hogar es el primer sitio donde se debe inculcar el respeto”, explicó.
La asesora jurídica también hizo un exhorto a hombres y mujeres que deseen aprender sobre igualdad de género y respeto, a través del programa de televisión La llave de la igualdad, producido por IEM, espacio en donde se abordan temas de derechos humanos, salud, vida libre de violencia, educación y política.
“El programa sale en el canal 28 los sábados de 13:00 a 14:00 horas, y también se graba un programa de radio que se sintoniza los martes de 14:00 horas a 15:00 horas”, comentó.

LA LEY ES CLARA
El artículo 271 del Código Penal del Estado de Nuevo León establece que los agresores deben pagar por el delito de acoso y hostigamiento sexual. A los culpables se les impondrá una pena de hasta dos años de cárcel o una multa de hasta cuarenta cuotas (salarios mínimos), y en dado caso de que el hostigador fuera un servidor público, el castigo sería más severo, porque se le podría destituir de su puesto y ser acreedor a cuatro años de cárcel.
“La ley es clara, nadie tiene derecho a acosar a alguien. Ni siquiera las personas de poder”, comentó Zoila.
Aunque en la mayoría de los casos de violencia sexual la víctima desconoce la identidad del agresor, se puede identificar su paradero mediante el uso de las nuevas tecnologías, tales como las cámaras fotográficas y videocámaras.
“Es válido tomar fotos de una persona que esté molestando a las mujeres, incluso se pueden captar las placas de un automóvil y tomar video de una situación de acoso. Serían pruebas para hallar al culpable.
“Una muchacha grabó la cara de un señor que la venía acosando en el metro, y con esa evidencia pudo la policía detectar al hombre, quien era usuario del transporte colectivo. Él recibió su merecido gracias a que ella decidió hacer algo al respecto y no solo aguantarse”, recalcó.
Anahí es una estudiante de la Universidad Autónoma de Nuevo León, quien fue víctima del exhibicionismo obsceno a bordo de la ruta 209.
“Era de noche y los asientos del camión venían casi vacíos. Cuando volteo hacia el otro lado del camión, venía un hombre de aproximadamente 55 años masturbándose mientras me veía y pensé que al darse cuenta de mi expresión iba a dejar de hacerlo, pero al contrario, empeoró la cosa. Estuvo por unos segundos clavándome la mirada. Estaba muy asustada, pero a pesar de eso me levanté del asiento y le dije al conductor lo que estaba pasando, y le supliqué que cerrara las puertas y me protegiera.
“Le hablamos a una patrulla que tardó unos cinco minutos en llegar. El hombre se hizo el dormido, pensó que no lo acusaría. De pronto se subieron los policías y se lo llevaron detenido y lo denuncié esperando que fuera la última vez que le hacía eso a una mujer”, aseveró.
La estudiante universitaria cuenta su anécdota a otras compañeras para que, como ella, se atrevan a denunciar a los acosadores de la calle y no dejar impunes los delitos.
Los integrantes de la institución dirigida por Cecilia Reyes seguirán apostando a la prevención del delito y a la educación mediante sus talleres y campañas de concientización.
“Vamos a trabajar hasta que se dejen de escuchar los piropos, los chiflidos, los besos y hasta que todos los hombres guarden su distancia y dejen de tocar a las mujeres en la calle”, concluyó Zoila Mata.

Pero ¿qué es #Cuéntalo?

Por Gerardo Ramos Minor
#Cuéntalo es un movimiento o hashtag desarrollado principalmente en Twitter, donde un grupo de mujeres de todos los estratos sociales deciden compartir una historia de acoso o abuso sexual en su contra, o de alguien que ya no puede difundirlo.
El movimiento nació en abril de este año en España, como resultado de las protestas que se generaron después de que un juez condenara a apenas nueve años de prisión de un grupo de jóvenes -bautizados como “La Manada”- quienes atacaron sexualmente a una mujer durante las fiestas de Pamplona, e incluso, grabaron con sus teléfonos celulares el momento.
La decisión del juez generó una serie de protestas en España y el mundo, lo que provocó que Virginia P. Alonso, codirectora del portal informativo español publico.es, decidiera iniciar el movimiento contando una experiencia que a ella le sucedió hace más de una década.
“Eran ocho o diez tipos, aunque a mí me parecieron cincuenta en el momento en el que tomé la decisión de levantarme y salir corriendo, y cincuenta mil a medida que me agarraban, levantaban la falda, sujetaban y manoseaban, mientras se reían y balbuceaban cosas que no entendía”, escribió Alonso.
De acuerdo a la periodista, el incidente sucedió en Inglaterra, donde se encontraba como estudiante de intercambio. En su artículo relata como tuvo que vivir más de tres décadas guardando el recuerdo de ese abuso.
Tras esta pieza, la periodista y escritora española Cristina Fallarás comenzó a promover la etiqueta #Cuéntalo a través de Twitter.
“Tenemos que contar las agresiones, violaciones, compañeras. Este relato nos lo han hurtado. Debemos construirlo para que otras reconozcan”, escribió Fallarás.
A partir de entonces miles de mujeres de España, Argentina, México, Chile, Perú, Guatemala y Colombia han compartido sus testimonios, lo que provocó que el movimiento se convirtiera en tendencia mundial.


Numeralia
Los principales agresores de la violencia contra las mujeres ocurridas en los últimos 12 meses son:
71.4%
desconocidos
20.1%
amigos y conocidos de la víctima
5.3%
conductores de transporte público

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