Con el motivo de su 60 aniversario de trayectoria en el ámbito teatral neolonés, el actor, director, y dramaturgo Rubén González Garza recibió un merecido homenaje en el Centro Cultural Plaza Fátima en el que además se inauguró una muestra pictórica con 40 de sus obras titulada “La Vida del Artista”.
Antes de empezar la primera llamada de la función La Pastorela de los Animales, presentada el 13 de febrero, el maestro hizo un recuento de sus logros, el amor y la disciplina que le tiene al teatro, pues todavía “tallerea”, publica y escribe a mano como le aconsejó el extinto dramaturgo veracruzano Emilio Carballido.
¿ A sus 60 años de carrera y los premios en su haber hay todavía algún proyecto que se haya quedado guardado?
“Bueno, siempre uno ensaya obras que no llegan a ponerse, pero hasta ahorita han sido muy poco los proyectos míos. Yo he quedado pendiente en proyectos de otros como actor, pero afortunadamente los míos siempre han salido adelante tarde o temprano porque soy muy terco.
“Entonces, cuando me propongo algo bendito sea Dios, he tenido la fortuna de poderlos llevar a cabo y hasta ahora han sido pocas las frustraciones que yo pueda tener”, confesó el director del taller Juventud y Juventud Acumulada.
¿Alguna vez ha tenido que renunciar a este oficio?
“He estado a punto cuando he estado enfermo por alguna razón, pero curiosamente Dios me ha dado fuerzas y me recobro y sigo adelante. Recuerdo que una vez se frustró porque ya estaba anunciada la obra y todo pero la primera actriz no pudo porque había cuestiones políticas y alguien la hizo que renunciara y es el único proyecto que yo recuerde que no se pudo llevar a escena”, agregó el autor de Un Camión Llamado Oportunidad, La casa de las cruces de Gis y el Esquema Equivocado, Estrella de Ceniza, entre otras.
¿Cuál fue la primer obra que presenció?
“Mi papá era empresario de un teatro y yo lo primero que presencié fue teatro de revista. Ahí mismo yo alcancé a ver obras serias, pequeñas obras en un acto con una actriz que se llamaba Margarita Mora que venía de España y que ponían teatro español breve muy interesante y luego ella hizo cine, recuerdo La torre de Londres, con René Cardona y yo tenía la fortuna de haberlos visto de cerca y más mayorcito de haberlos visto en cine.
“También viene a mi mente el recuerdo de María Tereza Montoya en el Teatro Lírico, por ahí haciendo Shangai, ahí yo estaba todavía niño. Luego La Pasión de Cristo y cosas así, porque mis papás me llevaban mucho al cine y me llevaban mucho al teatro”, reveló González Garza.
Entonces, ¿ esa influencia se la debe a sus padres?
“Mis padres eran muy teatreros, iban mucho al teatro y al cine; mi madre nos llevaba tres veces a la semana al cine, siempre cuidando de que fueran películas propias para nosotros”, recordó.
¿Cuál fue su debut como actor?
“Hice una obra que se llama La Enemiga de Dario Niccodemi en 1950 que es la que considero que fue mi debut como actor ya profesionalmente, ya lo anterior había sido desde niño, que había hecho cosas a nivel experimental solamente. Recuerdo que ese papel no me lo querían dar porque estaba muy joven, de 20 años y como el bigote apenas me empezaba a salir me lo pintaron de negro, pero también hice otra obra en donde hacía de anciano y de niño en diferentes actos. A esta obra vino a vernos Rosario Castellanos y tengo una crítica maravillosa de ella”, relató.
¿Cuántos años tenía cuando escribió su primera obra?
“La primer obra que escribí fue con Sergio Magaña en 1955 o 1956, pues él vino acá y nos hicimos muy amigos porque convivimos a diario durante seis meses y él me dijo que tenía temperamento para escribir. Entonces escribí una obra que se llama Mi querido Violinista, que curiosamente se perdió por una razón muy chistosa.
“Se montó en esa época y al repartir los libretos me quedaba uno nada más. Le iban a hacer un homenaje a Sergio en México y me pidió la obra porque era parte de lo que había hecho acá en Monterrey.
“El quedó en darme una copia, pero finalmente no me la regresó, en eso ocurrió lo del terremoto en la ciudad de México y desafortunadamente se perdió ese único libreto”, lamentó el dramaturgo quien el 8 de marzo está por celebrar sus 80 años de vida.
¿Cómo escribe actualmente: usa la computadora o la antigua máquina de escribir?
“Escribo como Emilio Carballido me sugirió que lo hiciera: `escribe en un diario grande, escribe a mano porque ahí se queda. Es que en computadora se puede borrar´ y es que él escribía precisamente a mano y los cuadernos de Emilio se conservan todos, por eso yo también conservo mis cuadernos así desde entonces”, explicó.
Y al momento de pasarlas ¿no las modifica?
“Algunas veces cosas muy breves porque soy muy definitivo y además tallereamos y las presento a mis amigos de Dramas Nuevo León con quienes me junto los sábados en la mañana.
“También he tallereado con personalidades como José Sánchez Sinisterra, con quien hice cinco obras, también con Vicente Lereño quien me premio una obra, con Sergio Magaña, con Emilio Carballido , así con Hernán Galindo, con Virgilio Leos y con infinidad de gente que estamos en esto”, añadió el homenajeado.
Usted que ha sido jurado en varias ocasiones y maestro de los talleres Juventud y Juventud Acumulada ¿qué ha descubierto en las nuevas generaciones?
“Yo noto que los que han salido premiados son los que han tenido una información a través de su lectura, es obvio eso. Si no se lee no se puede escribir porque no tenemos una referencia directa. Cuando yo escribí mi primera obra, ya conocía a Lorca , ya conocía a muchísimos autores de teatro, había leído novela, poesía sobre todo y cuento. Tenía conocimiento de Dostoievsky, y a Tolstoi porque desde que tenía como 14 años yo empecé a leer”, consideró.
Como director ¿cuál es el método que utiliza?
“Yo empecé sin conocer el método Stanislavsky, y luego a través del tiempo me di cuenta que lo que hacíamos sí era el reflejo de la vida y luego me adentré en este método Stanislavsky que es el que llevamos en la Escuela de Artes Escénicas y yo lo aplico mucho”, apuntó.
Y la faceta de pintor ¿cómo surgió?
“De niño siempre quise ser pintor y mi regalo favorito era cuando me daban lápices de colores, porque me la pasaba en el pasillo de mi casa pintando garabatos con los colores porque soy muy sensible al color. Me acuerdo que copiaba los cromos. Cuando estaba en la primaria copiaba el reverso de las cajitas de cerillos, esas de los toreros y llegaba el maestro a preguntarme quién me había ayudado a hacer el dibujo”, manifestó.
En los últimos años, se ha dedicado a enseñar teatro en el Centro Cultural Plaza Fátima, ¿cómo ha sido la experiencia?
“Este grupo nació con una idea y se fueron adhiriendo los jóvenes a la Juventud Acumulada, entonces se formaron Juventud y Juventud Acumulada. Siento que el grupo ha tenido ese aliento porque hemos tenido gente muy mayor haciendo teatro y ha sido una gran satisfacción para mí demostrar que a cualquier edad se puede hacer y se puede servir al teatro. v



