Cuando la familia no es convencional

Más allá de la controversia y protestas que han generado las iniciativas para reconocer legalmente las uniones entre personas del mismo sexo, en Nuevo León existe una gran cantidad de familias donde hay o dos papás o dos mamás. A diferencia de lo que opinan los críticos de estas uniones, los hijos de estas parejas viven felices, sin traumas o confusiones pues, para ellos, el amor es más importante que el sexo de sus padres.

Como cada fin de semana la familia Martínez Garza despierta temprano para aprovechar que los niños no van a la escuela y desayunar juntos. En el hogar, ubicado en la colonia Ciudad Natura de Apodaca, los pequeños Diana y Braulio disfrutan de los hot cakes hechos por mamá Sofía mientras que papá Alejandro ameniza la mañana con chistes y adivinanzas.

La anterior, podría ser una típica escena de familia regiomontana con la diferencia de que Alejandro en realidad es mujer, su nombre verdaderov es María del Pilar Martínez Zabala y está por iniciar un proceso hormonal para lograr que su cuerpo congenie con su mentalidad y espíritu de hombre.

Así es, Sofía y Pilar, o como ellos ya lo llaman: Alejandro, forman una familia lesbopartental, como las muchas que existen en la mancha urbana de Monterrey.

Desde hace un año, la pareja inició una relación sentimental que seis meses más tarde unificaron junto a sus pequeños hijos Diana y Braulio (la primera de Sofía y el segundo de Alejandro) para consagrarla en una familia.

Sofía Garza Arámbula de 25 años de edad es pansexual, lo que significa que se enamora del ser interior de la persona sin importar el sexo o el género mientras que Pilar Martínez Zabala, en un futuro legalmente Alejandro Martínez Zabala de 38 años, siempre se consideró hombre aunque su cuerpo le otorgaba el título de mujer.

A pesar de no ser una familia convencional, la pareja asegura que es auténtica al estar basada en el amor, el respeto, la dedicación y los cuidados, sin importar la opinión de algunos detractores.

Sin mencionar su nombre, Sofía y Alejandro se referían al Frente Nacional por la Familia, movimiento que semanas atrás salió a las calles de las principales ciudades del país para oponerse a la iniciativa del presidente Enrique Peña Nieto que garantiza el matrimonio a personas del mismo sexo, la identidad de género y la igualdad de condiciones para la adopción, entre otras cosas.

El argumento de los inconformes a la posible reforma al Código Civil es que las familias no convencionales son “antinaturales”, perturban la infancia y crean confusión en los menores sobre lo que es “biológicamente correcto”.

Algunos opositores incluso aseguraron que permitir la adopción a parejas homosexuales o lesboparentales representa un atentado a la integridad psicológica, física y espiritual de los pequeños, sin embargo, Sofía y Alejandro tienen una respuesta para ellos.

“Nosotras nacimos en una cuna heterosexual y no nos convertimos en heterosexuales. Entonces, no creo que el ver a una pareja de homosexuales o de lesbianas o de la diversidad los niños se vayan a convertir en eso porque no te conviertes, simplemente es la preferencia de cada quien.

“¿Cuántos hombres, mujeres o los mismos curas han abusado de niños, les han hecho mucho daño? No sé por qué tienen esa visión de que buscamos pervertirlos o abusarlos cuando muchas veces esas violaciones vienen de parejas heterosexuales, incluyendo el abandonarlos y dejarlos en la calle. Cualquier ser humano hace daño, independientemente de sus genitales o preferencias sexuales”, aseveró Sofía.

Cuando Sofía tenía 16 años conoció al padre de su hija Diana, con quien se casó y vivió una relación corta, pero tormentosa.

Luego de tres años de infeliz matrimonio la joven originaria de Apodaca inició su vida independiente y a la edad de 24 conoció a entonces Pilar por medio de las redes sociales.

Nunca he tenido traumas ni perturbación. La verdad siempre he convivido con gente de ambiente, lo veo súper normal. En su facultad hay muchos gays, por lo general sale el tema en la facultad y mis compañeros  me dicen que qué chido que yo tenga dos mamás, que les gustaría conocerlas.

Con el trato constante, las dos mujeres se enamoraron y comenzaron a crear vínculos emocionales que involucraban a sus hijos.

“De mi sexualidad nunca lo descubrí ni nada, soy una persona pansexual: me enamoro del ser interior, sin importar sus genitales, si es hombre o es mujer. Me interesa lo que lleva dentro el ser humano y fue lo que encontré cuando conocí en ese entonces a Pilar”, expresó emocionada Sofía.

Y aunque en un inicio la situación económica de Garza Arámbula fue la que las motivó a vivir juntas, con el paso de los días decidieron “anidar” su nuevo hogar, en el que también habitarían Diana y Braulio.

“Lo conocí más a fondo (a Pilar, ahora Alejandro), conocí cómo realmente es, a su máxima expresión y decidimos juntarnos permanentemente y tenemos planes en un futuro de casarnos, después de hacer el cambio legal de sexo de él”, señaló la joven de 25 años.

Su familia la respeta, mas no la apoya del todo. Sofía dice que en casa de sus padres sólo su hermana admite que viva con Alejandro, mientras que su madre prefiere no hablar del tema y su padre rechaza la situación.

Pero el más fuerte crítico de su nueva relación es su ex esposo, quien no tolera que su hija ostente un nuevo papá con cuerpo de mujer y tacha a Alejandro de un “mal ejemplo para Dianita”.

“Yo le digo que a la niña nunca le voy a dar un mal ejemplo porque la niña lo que va a ver lo va a aprender, y que la niña me vea con una mujer a quien yo amo, a quien yo quiero, con una persona que me respeta, que me cuida y que me quiere, no es darle ningún mal ejemplo.

“Al contrario, lo que tratamos de inculcarle a los niños es que independientemente de lo que sea la otra persona, si tú estás enamorado y es algo respetuoso y es algo con amor no le veo lo malo”, mencionó Garza Arámbula.

ATRAPADO EN CUERPO DE MUJER

Por su parte, Alejandro desde que vivía como Pilar sabía que tenía preferencia por las mujeres y su comportamiento así lo dictaba.

“Soy siempre fui bien consiente. Me acuerdo que siempre fui muy niño porque me gustaba jugar con trompos, yoyos, canicas y demás”, indicó Martínez Zabala.

Y aunque toda su vida se consideró varón, hubo un lapso de su pasado en el que el sentido maternal la dominó, fue ahí cuando decidió tener un hijo a través de la inseminación artificial.

A los 28 años, Alejandro buscó un donador de espermatozoide y así fue fecundado su pequeño hijo Braulio, a quien asegura que siempre ha tratado como papá en lugar de mamá.

“Llegó un momento de mi vida, un lapso corto, en el que quise tener un hijo, no por lo que piensan de que me sentía sola o para no quedarme sola, simplemente me nació esta parte, quería educar y criar a un niño, aunque me han dicho que nunca he sido tan maternal”, dijo el regiomontano de 38 años.

Desde su juventud, Pilar siempre quiso someterse a tratamiento hormonal para convertirse en Alejandro, pero fue ahora con Sofía cuando retomó sus intenciones.

Afortunadamente, Martínez Zabala cuanta con la aprobación de su familia y mejor aún con la de su hijo Braulio.

“Braulio está feliz de tener un papá y Dianita también. Sofía me ha apoyado en el proceso”, aseguró el regiomontano.

El pequeño de nueve años siempre ha vivido en el seno de una familia lesboparental, ya que antes de relacionarse con Sofía, Alejandro vivió otro romance duradero con una mujer que fungió como madre de menor en sus primeros años.

Hoy, el pequeños corre, juega y socializa como cualquier otro niño, incluso, sostiene pelas con Dianita como cualquier pareja de hermanos.

“Los niños actualmente se llevan muy bien como hermanos: se aman y se pelean”, declaró Martínez Zabala.

Si se le pregunta sobre sus padres contestará que su papá se llama Alejandro y su mamá Sofía, mismas respuestas que dará su hermana, quien apenas está en proceso de vivir con ellos.

Diana y Braulio, de ocho y nueve años, respectivamente, disfrutan de jugar al Monopoly con sus papás: Sofía y Alejandro y de salir a pasear.

Cada mañana, los menores se alistan para ir a la escuela y conservar las buenas calificaciones que llevan al momento y que rozan el 10 perfecto.

En la primaria, los profesores conocen a los padres de ambos y si existe un problema llaman a Sofía, ya que es la encargada de los quehaceres del hogar mientras que Alejandro lleva el sustento a casa.

En los pasillos de la instituciones educativas no se escuchan burlas ni rechazo a los pequeños de tercero y cuarto año por la condición de sus padres, la normalidad ha permeado entre los padres de familia y los vecinos de la familia Martínez Garza.

“Me gusta que mi mamá y Alejandro estén bien y me da gusto que Alejandro ya cambie porque va a ser feliz y ser un hombre”, declaró Dianita al preguntarle qué opinaba de la relación de Sofía y Alejandro.

Por su parte, Braulio asegura que ya está impaciente por la transformación de su papá porque estará contento y podrá jugar con él.

“Me gusta que mi papá nos cuenta chistes, nos hace caras y todo eso. Sí me gusta la idea del cambio, está bien porque veo a mi papá contento, me gusta jugar con los dos”, dijo el menor de 9 años.

MARCHAS FOMENTAN ODIO

Al darse a conocer en mayo pasado la iniciativa de reforma de Peña Nieto, la pareja fue una de las más emocionadas, pues sabía que de aprobarse se facilitaría el trámite legal para que Pilar se convirtiera en Alejandro y para que miembros de la comunidad LGBTTTI cumplieran su sueño de casarse o adoptar un hijo en Nuevo León.

Sin embargo, las posteriores manifestaciones convirtieron su emoción en miedo, al considerar que el Frente Nacional por la Familia sembró la semilla del odio en la sociedad.

“Las marchas están fomentando el odio no sólo en los adultos también en los niños porque a las manifestaciones llevaron a muchos niños a quienes les estás inculcando discursos de odio a la comunidad.

“Es peor ejemplo enseñar a tus hijos a odiar que enseñarle que dos hombres o dos mujeres pueden besarse o tomarse de la mano”, declaró Sofía.

Mientras que Alejandro señaló que si antes caminaban tranquilos por la calle, el miedo de ser atacados ahora es latente, tras las manifestaciones de los grupos conservadores.

“Lo único que están generando es odio y que haya casos de bullying hacia nosotros. Antes no me daba miedo salir a la calle con mis hijos o con mi pareja y ahora sí porque me da miedo de que les digan algo a mis hijos o a mi mujer”, sentenció el regiomontano.

Y a pesar de la adversidad, la pareja busca casarse en el futuro e incluso tener dos hijos más.

“ES CHIDO” TENER DOS MAMÁS

“No puedes juzgar a la comunidad LGBTTTI por un gay de 22 años que puede andar en el desmadre, y pensar que no existen los que realmente buscan formar una familia”, enunció con voz enérgica Mariana Nájera Hernández de 22 años.

Ella, al igual que otros jóvenes en Nuevo León, pertenece a un grupo de familias homoparentales o lesboparentales que con orgullo aseguran: sí somos una familia feliz.

Cinco años después del divorcio de sus padres, cuando la joven tenía 15 años, su madre le externó la idea de que quería experimentar salir con mujeres, lo que le tomó por sorpresa.

“Ella ya había conocido a una amiga, había platicado con alguien por Internet. Una vez me invitó a comer y ahí me preguntó que qué pensaría si empezara a salir con mujeres.

“No lo tomé mal porque no soy homofóbica ni nada, pero sí me sorprendió porque nunca imaginé que mi mamá quisiera eso, no entendía el cambio y al principio sí me dio vergüenza que fuera lesbiana”, aseveró la estudiante universitaria.

Con el paso del tiempo su mamá comenzó a tener una relación con otra mujer y aunque fue sorpresivo para Marina, al final no resultó.

Sin embargo, meses más tarde conoció a la que actualmente es su pareja y segunda madre de sus hijos: Ana.

“Ya cuando conoció a Ana, su actual pareja, todo cambió. Ana supo llegarle a mi mamá por el lado de mí y de mi hermano. Ella llegaba y platicaba con nosotros, nos hacía de comer y de cenar y cuando se empezó a quedar en la casa no seguía el rol de pareja de mi mamá, ella sí veía por nosotros y nos trataba bien a diferencia de la antigua pareja de mi mamá”, expuso Nájera Hernández.

Ana se fue convirtiendo poco a poco en su segunda mamá, al grado de que, incluso, asegura que en ocasiones tiene más confianza con ella que en su madre biológica.

De broma, la joven menciona que tiene dos mamás: la mamá chida, Ana y la mamá regañona, María de los Ángeles.

“Yo llego a la casa y platico con Ana sobre todo. Puedo llegar y contarle que me gusta alguien o ella me pregunta cosas también. Incluso cuando vamos a su casa con sus papás, ellos también nos tratan muy bien”, expresó.

Y aunque desde hace seis años, María de los Ángeles y Ana se conocen, apenas un año atrás decidieron vivir juntas, en familia.

“Nunca sentí la ausencia de mi papá. A mi papá lo seguía viendo. Cuando Ana llegó a vivir a nuestra casa yo ya la conocía muy bien, me llevaba muy bien y todo, ya la consideraba como mi mamá”, sentenció la entrevistada.

Mariana asegura que entre sus dos mamás pueden existir problemas, pero nada diferente a los de cualquier pareja heterosexual.

Al igual que su hermano de 23 años, la joven afirma que su desarrollo ha sido normal: nunca ha sido víctimas bullying ni rechazo, mucho menos de vergüenza, por el contrario, le gusta presumir a sus dos mamás.

“No, nunca he tenido traumas ni perturbación. La verdad siempre he convivido con gente de ambiente, lo veo súper normal. En su facultad hay muchos gays, por lo general sale el tema en la facultad y mis compañeros me dicen que qué chido que yo tenga dos mamás, que les gustaría conocerlas. A veces hasta ellos mismos cuando yo digo ‘que mi mamá no sé qué’, ellos mismos me dicen ‘¡ah! tu mamá Ana’, ellos ya saben que las dos son mis mamás”, señaló la joven.

Y en relación los comentarios que han vertido algunos seguidores del Frente Nacional por la Familia sobre que las parejas homosexuales o lesboparentales sólo adoptarán niños para abusarlos, Mariana los califica de absurdos.

“Las personas que van a adoptar un hijo, lo harán no para ganar el título de familia sino porque realmente quieren tenerlo.

“Se me hace absurdo que piensen así porque también hay heterosexuales de 22 años que andan en el desmadre, que si ellos también quieren adoptar o formar una familia a él sí se lo permitirían”, comentó.

Y para los mayores conservadores, que opinan que familia sólo puede estar compuesta por papá, mamá e hijos, la joven tiene un mensaje que dar: somos familia aunque no haya papá y mamá.

Hoy, Mariana dice que está feliz porque su mamá, luego de estar casada, “puede ser realmente quien es y puede amar a quien quiera”.

Y aunque está dentro de sus planes, aún no se ha definido la fecha en la que sus dos mamás se unan legalmente.

“LO QUE IMPORTA ES LA FAMILIA”

El caso de Luis Francisco, de 8 años, fue totalmente distinto, pues tener el apoyo de Sandra y Paulina, “sus dos mamás”, como las llama, lo ayudó a mejorar su comportamiento y desempeño escolar.

“Luis antes era de dos o tres reportes por semana, lo suspendían al menos una vez al mes… estaba muy chiquito para diagnosticarlo con Trastorno de Déficit de Atención y era un batallar con los maestros y con sus compañeros”, señaló Sandra.

Pero desde que Paulina llegó a sus vidas, hace cuatro años, se convirtió en un apoyo para ambos.

“Luis era muy hiperactivo, muy extrovertido, te sacaba plática de todo, y como a mí me gustan mucho los cómics, de cierta manera gracias a eso nos caímos bien.

“Ya que empezamos a salir, fue conocerlos cómo eran ellos como familia y poco a poco irme integrando a ese grupo que ellos tenían”, recordó Paulina.

Con el apoyo y amor de ambas y el diagnóstico y tratamiento correspondiente, Luis ha mejorado su comportamiento y sus calificaciones.

“A lo mejor esa cierta atención que de alguna parte le hacía falta, se complementó con el hecho de estar nosotros juntos. Encontramos un equilibrio y siento que él se estabilizó”, agregó.

Incluso, pese a su corta edad, Luis está enterado de la polémica en torno a las familias homoparentales y ha participado en mítines a favor de las mismas en compañía de su familia.

“No se vale, porque pueden tener dos mamás o dos papás, es igual. Puede ser con hombre o con mujer, es lo mismo, lo que importa es la familia”, señaló el niño sobre los opositores.

“ME GUSTA MÁS MI FAMILIA COMPLETA”

Luis Francisco, al igual que a cualquier niño de su edad, pasa la mayor parte de su tiempo entre la escuela, juegos, caricaturas, amigos y videojuegos.

Su película favorita del momento es “Escuadrón Suicida”; sus videojuegos preferidos son Minecraft, FIFA y Mario Bros., y cuando está en la escuela, a la hora del recreo es fácil encontrarlo jugando futbol, al voto o policías y ladrones con sus amiguitos en el patio.

Pero entre todos sus hobbies, si tuviera que escoger sólo uno, sin duda alguna elige: “estar con mi familia”.

“Me recogen de la escuela, nos juntamos, vamos al cine, a cenar, es nuestra vida”, indicó.

Para él no es problema tener dos mamás. Incluso prefiere su vida ahora con Paulina en ella.

“Me gusta más mi familia cuando estoy con las dos, toda la familia completa”, dijo.

Para Sandra y Paulina, que Luis se adaptara a su relación no fue difícil.

“Los niños no son tan tontos, no son cerrados, no lo ven mal y se dan cuenta de las cosas”, indicó Sandra, “de todas maneras lo platiqué con él y le dije que Pau lo quería mucho y no hubo otra cosa que le importara.

“La verdad es que me acoplé demasiado bien después de cierto tiempo”, agregó Paulina, “siento que lo hicimos bien y de alguna manera los resultados que estamos teniendo ahorita han sido los mejores”.

La situación en el hogar va tan bien que incluso ya planifican ampliar la familia para el mes de enero o febrero, y el más entusiasmado con la idea es Luis.

“Espero que sea hombre, si es niña luego voy a andar jugando con muñecas”, dijo.

“NOS VIGILAN CON LUPA”

Sandra y Paulina señalaron que por ser una familia lesboparental, cada una de sus decisiones, acciones y movimientos es inspeccionado “con lupa”,  cuestionado y vinculado con su relación.

“De alguna manera tienen que entender que no todo lo que haga Luis o todo lo que le pase va a tener relación con de dónde viene o por qué vio tal cosa”, indicó Sandra.

“Lo desagradable”, agregó Paulina, “es que la gente no entiende que por ser niños tienen una actitud y en cinco minutos tienen otra completamente diferente; el hecho de que Luis cometa una travesura es porque es un niño, no porque es el hijo de quien es”.

Tal fue el caso con una maestra de Luis, comentó el matrimonio, quien relacionaba cada una de sus acciones, travesuras y juegos del niño con su familia y hacia comentarios de mal gusto.

Esto las orilló a tomar la decisión de que Sandra sea quien se encargue de los asuntos importantes sobre él, con el apoyo y consejos de su esposa.

“En la escuela, la que da la cara es Sandra. Nosotras decidimos hacerlo de esta manera para no tener ni un tipo de confrontaciones o que las personas de alguna manera se fueran a empezar a molestar y el ataque sería directo”, señaló Paulina.

Ambas esperan que algún día se deje de relacionar su desempeño como madres con sus preferencias sexuales.

“No por ser gay eres mal padre y no por ser hijo de gays estás mal. No se trata de aplaudir o de solapar y decir ‘los gays son los mejores padres’, se trata de respetar y no juzgar”.

Paulina comentó que “nadie nace sabiendo ser papá, somos humanos y cometemos errores y no siempre vas a ser el más perfecto padre por más libros que leas y por más consultas que hagas”.

A pesar de las adversidades que enfrentan fuera de su entorno familiar, ambas esperan que algún día la situación adversa cambie y que con su bebé el panorama sea muy diferente.

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